domingo, 15 de mayo de 2011

Primera parada: Eslovenia

Domingo 15 de mayo de 2011. 11:16 EST. Mi cuarto día en Ljubljana amaneció lluvioso. La tormenta se venía acercando desde hace dos días y al parecer es bastante fuerte, así que durante al menos 3 o 4 días voy a tener que soportarla. ¿Y que mejor manera de pasar un domingo lluvioso que durmiendo? Desgraciadamente hoy me tocó dejar el hostel por lo que la única opción que me queda es sentarme en el living, tomar un café, ver la lluvia caer y escribir el blog hasta que se hagan las 8 de la noche.


No tenía mucha información de Ljubljana previa a mi viaje, solo comentarios como “es increíble” o “te va a encantar”, así que de movida reservé cuatro noches en el hostel, para disfrutarla a pleno. Como el viaje surgió medio a las apuradas reservé el primer hostel que parecía más o menos decente y que estuviera a pocos pasos de la estación de tren. Para mi sorpresa, resultó ser uno de los mejores de Ljubljana y hasta creo uno de los mejores en los que me tocó estar. Se llama Hostel Celica. Si vienen definitivamente se los recomiendo. Es una antigua cárcel reformada, uno duerme en las mismas celdas donde hacinaban a los reos. Ahora hacinan turistas que enciman pagan por ello.

La única habitación que encontré disponible era una compartida de 12 personas. No es tan brutal como la habitación de 20 en la que me quedé en Edimburgo, pero la cantidad de personas entrando y saliendo, hablando, gritando, llegando y yéndose se hace sentir. No está en el pleno centro, sino que son 10 minutos caminando pero en Ljubljana todo está a 10 minutos. Yo esperaba encontrar algo parecido a Viena pero más bien podría decirse que esta ciudad es un 60% Zagreb y un 40% Praga.

El jueves fue mi primer día en la ciudad y recorrí tranquilo todo el centro. Atracciones turísticas hay pocas. La plaza principal es sencillamente aburrida, llena de negocios que cierran a horas estúpidas y sin muchas multitudes. Lo que más me gustó fue el castillo, que lo mejor que tiene para ofrecer es la vista sobreelevada de la ciudad (si…todos los castillos la tienen, así que no van a ver nada nuevo). Dentro del castillo hay bares y restaurantes, y por solo €3 pueden subir hasta lo alto de la torre, sacar unas buenas fotos, después presenciar una película en 3D (de la que nunca llegué a percibir la tercera dimensión) de 20 minutos sobre la historia de la ciudad y acceder a un mini museo que no tiene absolutamente ningún artículo original. Son todas réplicas y te avisan que los originales están en el Museo Nacional de Ljubljana, por lo menos sirve para darte cuenta lo que podrías encontrar allá y decidir si vale la pena o no antes de gastar plata.

Después del castillo les recomiendo bajar a la parte vieja de la ciudad y caminar siguiendo el río. Esta lleno de restaurantes que durante las noches de verano se convierten en el lugar de reunión para locales y turistas. Justo donde el río gira está el “famoso” puente triple (nunca había hablado de él pero todos afirman que es uno de los símbolos de la ciudad). Son 3 puentes, uno al lado del otro. Buen punto para fotografías pero pasar más de 20 minutos es excesivo. Siguiendo el mismo camino aparecen unos mercados a cielo abierto donde la gente local ser aprovisiona de frutas y verduras. Si uno va temprano (antes de las 2 pm) la vista es impresionante: docenas de puestos ofreciendo algo que a la distancia solo se distingue como mezclas de colores, gente yendo y viniendo y las abuelas charlando en las esquinas.

Y más o menos eso es todo lo que la ciudad tiene para ofrecer, hay que caminar todas las callecitas para llevarse una impresión de cómo se vive el día a día, salir de noche a tomar un “pivo” (recomiendo la Union, una cerveza local bastante buena) o un “Češnjevec” que es un aguardiente de blueberries o cerezas. Por un segundo pensé en dejar el bloggeo unos minutos para ir a buscar algo para comer, pero en el mismo momento que me levanté para mirar por la ventana la lluvia se intensificó y decidí pedir una segunda ronda de café.

En el último siglo la ciudad sufrió una remodelación importante, y entre ellas la construcción de un rascacielos llamado Nebotičnik que durante años fue el más alto de Europa del Este y todavía sigue siendo otro de los íconos de la ciudad. El edificio no es para nada llamativo, pero tiene un bar en la terraza que si bien es un poco caro, es ideal para tener vistas nocturnas de la ciudad.

Al finalizar el primer día me di cuenta de que los 4 días planificados para Ljubljana serían más que excesivos y comencé a buscar alternativas. Por suerte el país tiene mucho más que ofrecer que solo la capital.

Bled

Uno de los destinos que me recomendaron es Bled, una aldea ubicada al noroeste de Ljubljana donde comienzan los Alpes, a unos pocos kilómetros de la frontera con Austria. La ciudad es diminuta y muy simpática, llena de hoteles y restaurantes es un destino turístico desde hace más de 2oo años. Les juro que no podía creer lo que veían mis ojos. Un lago increíble de un color verde esmeralda intenso, lleno de peces, patos y cisnes. Una pequeñita isla en el medio del lago con una iglesia, todo rodeado por montañas y en una de esas montañas un castillo que el mes que viene cumple 1000 años.

Llegué bien temprano al pueblo porque me recomendaron que para la fotografía la luz es mejor por la mañana. Fue una buena idea, no por la luz, sino porque la trepada al castillo es bastante importante y hacerla con el sol y el calor del mediodía no es nada cómodo. Desde el castillo la vista es imponente (mucho más que en el de Ljubljana, por supuesto) y como en el caso de todos los castillos me pregunté como carajo subieron las piedras hasta ahí para construirlo. Si a mi me cuesta subir con mi mochila, cada una de esas piedras de 40 o 50 kilos debió haber quebrado la espalda de más de un esclavo.

Toda esa magia que subía desde el lago mientras los botes avanzaban lentamente me hizo sentir el rey de toda esa área. Ahí estábamos solo yo y mi mochila, sentados en la muralla, tratando de hacer lo imposible por capturar lo que sentía con mi cámara de fotos, escuchando solo una especie de música medieval que venía desde la cafetería y los pájaros que se me acercaban para ver si les tiraba algo para comer. Un paraíso en vida.

Pero no me duró mucho. Al cabo de 10 minutos llegaron 5 ómnibus juntos y de cada uno bajaron 50 japoneses que parecían clonados. 250 asiátivos con sus anteojos de sol, visera, camisa a cuadritos de manga corta, un chalequito, pantalones cortos llenos de bolsillos por arriba de la rodilla, zapatillas de trekking recién compradas y una Nikon D90 con un lente que vale más que mi laptop. En menos de 5 minutos el megáfono de su guía convirtió mi paraíso esloveno en un infierno japonés. Por lo menos ya tenía alguien que me tomara las fotos. Busqué rápidamente a algún nipón de entre 20 y 40 años, que tuviera una Cannon y que no estuviera sacando fotos con flash. Mucho quipo pero poco seso, me saco 4 fotos seguidas, todas iguales y yo en el medio tapando la isla y el lago y llenando medio cuadro con el piso del castillo.

Habiendo renunciado a mi intento de quedarme con un recuerdo decente del lugar me dirigí al museo (incluido con el precio de la entrada) para aprender un poco de la historia del lugar. Al cabo de media hora de recorrida me encontré un grupo de australianos con una guía en inglés así que haciéndome el Argento dolobu, me puse a sacar fotos al lado para ver si agarraba algún dato interesante. Y lo hice. Esos botecitos que ven en el lago es un tremendo oligopolio. Hace mucho mucho tiempo Eslovenia era parte del Impero Austro-Húngaro y la María Teresa por alguna razón que no llegué a entender le otorgó el permiso de navegar esos botecitos y llevar a turistas desde y hacia la isla a unas familias determinadas. Y desde ese entonces la tradición y el permiso se pasa de padres a hijos. Nadie más puede navegar el lago con ese fin.

Otro dato interesante y que me hace sorprender cada vez más del fanatismo religioso es sobre la isla y su iglesia. Desde tiempos ancestrales las tribus eslavas tenían una especie de “altar religioso” en la isla. Con el tiempo eso se convirtió en un tempo, luego en la iglesia que está ahora y los religiosos hacían lo siguiente. En la tardecita se tomaban un bote hacia la isla. Cenaban en la iglesia, pasaban la noche cantando canciones sagradas, luego iban a la misa de las 4 a.m. y al terminar regresaban de la isla. ¿Divertido, no? La lluvia aflojó un poco, me voy a buscar un kebab y vuelvo!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario