

Ya saben que en Inglaterra ver el sol se vende en paquetitos chicos, sobre todo fuera del verano. Los británicos se despiertan el domingo y preparan todo para hacer el pic-nic. Cuando se asoma un rayo de sol salen todos corriendo al parque más cercano (que sobran en Londres y en todas las ciudades que visité). Es como en las películas, no les miento. Van con sombreros, la canasta, el perro, las cartas de bridge, el paraguas (que haya sol ahora no significa que dure mucho), unas sillitas y el diario. Ocasionalmente pasan por el Starbucks o Costa Coffee (el café Nero también, pero yo no se los recomiendo) a comprar un “latte to take away”. Como se podrán imaginar, el café hay que acompañarlo con algo pero no pasan por la panadería a comprar facturas, no. Hacen algo con mucha más onda.

Los fines de semana surgen “farmers markets” en casi todas las plazas y parques de la ciudad. Son granjeros y artesanos que trabajan durante la semana y van a las ciudades a vender sus frutas, verduras, artesanías y panificados. Por ejemplo en el barrio donde yo vivía había una iglesia llamada Kennington Church que contaba con un pequeño patio, mejor dicho un espacio verde con algunas lápidas para que se hagan una idea. En este lugar los sábados y domingos se organizaba este tipo de mercadito. Era discreto, nada que ver con el de Notting Hill por ejemplo, acá no habían mas de quince puestitos.

Más de un fin de semana me levanté temprano para acompañar mi mate con algún “Chelsea bread”, o tal vez un duro e insulso croissant gigante o cualquier otro tipo de los horribles panificados ingleses que se consiguen en este mercado. Y digo horribles porque no tienen comparación contra las medialunas que se pueden comprar en cualquier lado de Buenos Aires (excepto las de Venezuela y Paseo Colón, por supuesto). Comer estos pseudo-alimentos británicos es una tortura autoinfligida. Es difícil encontrar algo empalagante, generalmente son salados y tiene un dulce adentro. Bah, dulce, debería decir “ungüento” rojo agrio. No entiendo porque se esfuerzan en hacerlas así. La manteca, leche, agua, harina etc etc, todo es igual acá, allá y en todos lados. ¿Es tan difícil buscar una receta mejor en Internet?

En definitiva, si quieren hacer su pic-nic a la inglesa en Liverpool porque el día aparenta ser soleado, pueden pasar por el super o por la tienda de Apu a comprar un paquete de galletitas dulces, lleven su mate, el paraguas y diríjanse por ejemplo, al Sefton Park. Si no les interesa y solamente quieren conocer las atracciones clásicas de Liverpool entonces les recomiendo la visita a las casas de John y Paul, la exposición llamada The Beatles Story y algun de tour Beatle guiado.
Hay distintos tipos, para distintos grados de enfermedad Beatle y presupuestos. Yo iba mediando estas dos variables así que elegí el Magical Mistery Tour que consiste en un micro acondicionado como el de la bizarrísima película Beatle con el cual se recorre durante dos horas y media buena parte de Liverpool, pasando por el Albert Dock, el centro, todo el trayecto de Penny Lane y finaliza en The Cavern. Si son totalmente enfermos de los Beatles venden guías a 5 libras con más de 99 puntos y referencias Beatle dentro y fuera de la ciudad (en este caso reservar un par de días más). Si en cambio cuentan con una billetera jugosa hay una compañía que hace un recorrido parecido al del Magical Mistery pero en un taxi en el que entran hasta 5 personas. Supuestamente es más personalizado, hacen más paradas y se detienen más para hacer fotos.

Mi “ticket to ride” (así se llama el ticket del Magical Mistery Tour) era para las 14:30 por lo que durante la mañana aproveché para visitar la exhibición Beatle. Realmente no sabía bien que esperar. Ya había estado en Londres en una exhibición sobre la música británica en general, la British Music Experience, y me había parecido un poco desordenada. Muchísima información muy poco relevante por lo que para encontrar algo que realmente te interesa sobre los grupos que te interesan se debe gastar mucho tiempo jugando con las atracciones interactivas que proponen.

Por otro lado los objetos exhibidos si bien eran originales y con un alto valor histórico musical me parecieron un poco escasos. O sea, uno puede esperar exposiciones medio pelo en Buenos Aires pero estando en Londres, el centro del mundo según muchos, mis pretensiones eran altas y creo que tenían material para hacer las cosas mejor. Pero bueno, todo esto se compensa con una sala de grabación en donde se puede jugar, aprender a tocar varios instrumentos y hasta grabarse para luego escuchar en casa y compartir con amigos todo lo que hicimos. Yo no compartí mis obras maestras porque los temas se bajan desde Internet con un código que te dan y obviamente, a mi no me funcionó.

En fin, la exhibición Beatle de Liverpool propone un recorrido cronológico a través de la vida del grupo musical, comenzando con información sobre “The Quarrymen” el primer grupo de Lennon, como se conoció con McCartney y con Harrison. Las salas generalmente reproducen escenas típicas y lugares donde pasaron los acontecimientos más importantes de la banda.

Está el bar donde se acuño el nombre Beatle, una reproducción de Abbey Road Studios, una reproducción 100% fiel de The Cavern, y hasta un submarino amarillo. Las paredes están plagadas de fotos e información, a veces difícil de seguir. Además, la música dentro de las salas está a todo volumen (soñé con Please Please Me por tres días) y es bastante difícil escuchar la audio guía que te dan en la entrada o concentrarse en lo que lees. Como consejo les digo que si se manejan con el inglés, ni pidan la guía porque dice exactamente lo mismo que está escrito.

Al terminar el recorrido hay cuatro cubículos dedicados a cada uno de los Beatles con sus virtudes y logros post separación. Para un fan promedio como soy yo creo que son 12 pounds bien invertidos. Quizás para un hiper fanático no tenga tanto valor porque no va a salir sabiendo nada nuevo, y la mayoría de los expuestos son copias y reproducciones, pero bueno, ESTAS EN LIVERPOOL! Tenés que ir. Y por supuesto, como en cualquier otra atracción turística, antes de la salida hay que pasar sí o sí por el Beatle Store. En ésa época no tenía trabajo y multiplicar cada precio por 6.5 fue duro, pero te tenés que mentalizar que es ahora o nunca. Después de todo hay recuerdos desde 50 pennies como ser imanes y postales hasta el bajo Hofner de McCartney que estaba unas 500 libras.
Entre otras cosas compré una foto de 30x40 en blanco y negro del grupo, una buena opción para colgar en mi hogar, cuando tenga alguno en algún país del mundo. Salí de la exhibición con mi enorme bolsa y ahí mismo me di cuenta que mi viaje recién empezaba y que iba a tener que arrastrar esa foto por toda Irlanda…mmm…tampoco tenía muchas más opciones. Afuera me encuentro con el muchacho argento que había conocido el día anterior esperando que arrancara el Magical Mistery Tour.

El tour no es la gran cosa, lo más interesante es como está pintado el bus. Apenas comienza, el guía se presenta y nos dice que nos va a dar todas las explicaciones parado porque llegó una chica a último momento y si bien no había más lugar, la muchacha era de la otra punta del mundo e hicieron una excepción. Interesante, apenas subí al bus escuché a la flaquita de la primera fila chamuyando con el viejo de al lado en inglés pero con un acento super argento. No fui el único que lo notó, mi amigo me dice “Me parece que la minita de delante de todo es argenta….”. Veremos…

El guía era un super Beatle geek. Sabía absolutamente todos los detalles de todo. Además de ser mega fanático nos contó que él hizo de amigo de McCartney en una película documental sobre los Beatles y se jactaba de ser amigo personal de Paul McCartney. Más precisamente nos dijo que en el recital que se organizó para conmemorar a George Harrison, Paul McCartney se presentó en forma imprevista y lo llamó directamente a él para que hiciera los arreglos. Después del concierto se encontraron backstage y mientras hablaban Paul le dice “…nos vimos tantas veces y me sorprende que nunca me hayas pedido un autógrafo, por eso quiero pedirte el tuyo”. Humilde el pibe, jeje. Pero no se conformó con eso, Paul también le pidió una foto y obviamente el guía tenía una copia lista en su iPhone para mostrarnos a todos.

El bus solamente hizo tres paradas, una en Penny Lane, donde hay unos carteles para sacar fotos, y luego en las casas de Paul y George (foto). Cuando ya iba cayendo la noche el tour finalizó en la puerta de The Cavern el lugar donde los Beatles tocaron 300 veces; punto obligado para ir a tomar unas cervezas, escribir algo en la pared y escuchar algo de música en vivo para terminar de vivir la emoción Beatle que se respira en Liverpool.
Ojo que el The Cavern actual NO es el mismo en donde tocaron los Beatles. En realidad es difícil de decir si es el mismo o no. El original en un principio fue un depósito de frutas y fue usado como refugio en la Segunda Guerra Mundial. En 1957 comenzó a trabajar como un club de jazz dado que el lugar proveía una buena acústica, pero imagínense que el nombre lo lleva porque parece una caverna real. Es diminuto y claustrofóbico, cuesta pensar que comprimieron a 300 personas ahí para un concierto de McCartney en el año ‘99.

Las historias dicen que durante los recitales el calor subía por las paredes, todo olía a frutas y transpiración, afuera podía estar haciendo temperaturas bajo cero pero ahí dentro superaban los 30 grados. Estos mitos abundan en Beatle Story y vale la pena leerlos todos. En fin, en algún momento de la historia decidieron remodelar el club, mejor dicho demolerlo para construir otro tipo de edificio. Hoy en la calle se puede ver indicado donde estaba la entrada original del lugar (foto de la izquierda) a tan solo 20 metros del actual. Al poco tiempo se dieron cuenta del terrible error histórico que cometieron (o al menos eso dicen) y decidieron reconstruirla. Como ya les dije, hoy se encuentra a escasos pasos de su posición original y para hacerla se utilizaron una gran cantidad de los ladrillos originales. O sea…es casi lo mismo déjense de joder.
Recorrimos la caverna con mi amigo, sacándonos fotos en cada lugar que podíamos y en eso aparece la chica de la cual sospechamos su argentinidad gritando “Uhhh argentinos!! Quiero fotos con uds…”. Simpática, hiper activa y con un terrible sentido de la ubicación. Parece mentira como el viento nos junta, no? Tomamos unas cervecitas mientras buscábamos algún lugar en la pared para escribir nuestros nombres. Les aseguro que no es tarea fácil, salvo que midan tres metros y puedan escribir en el techo. Las paredes están totalmente saturadas de firmas. Pero bueno, pueden escribir en el baño o en los cuadros si se animan.
Una vez escrachadas las paredes nos relajamos para escuchar la música en vivo. Siempre hay alguien tocando y obviamente todo el tiempo repitiendo temas de los Beatles. Más tarde esa misma noche tocó una auténtica banda Beatle y pudimos vivir, en cierto grado, lo que se vivía a principios de los sesenta cuando la gente se agolpaba en la puerta para ver a estos cuatro muchachos. Bueno, no es exactamente el mismo The Cavern y como pueden ver en las fotos, la banda no era un reflejo fiel, pero si cierran los ojos y tratan de usar sus otros cuatro sentidos, es posible que su mente los transporte. Si no pueden, cuando les pregunten mientan y listo.
Y acá le pongo el punto final a mi review de la ciudad de Liverpool. Creo que vale la pena la visita, más si están recorriendo varias ciudades de UK o si son super fanáticos de la música. Mi viaje no terminó ahí, cargué mis dos mochilas y mi bolsa del Beatle store conteniendo mi incomodísima foto y tomé un bus con destino a la ciudad de Dublín. Pero eso lo dejo para más adelante.
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