domingo, 4 de marzo de 2012

Un argento por Europa investiga presenta: Pungas

Amigos. Viajar no es siempre fácil, especialmente cuando nos movemos rápido de un lugar a otro. Además de aprovechar cada día tenemos que (por lo menos en mi caso) preparar las fotos de lo que hicimos el día anterior, tomar notas para poder recordar lo que más tarde va a ir a parar al blog y por supuesto, planificar aunque sea un poco que es lo que haremos mañana o cual será nuestro próximo destino. Todo esto se ve empeorado si sufrimos algún imprevisto en el viaje, como una pérdida y o un robo. Este post es para abrirles un poco los ojos sobre los gitanos que andan dando vueltas por Europa.

Sin ánimos de discriminar, si ven un gitano por la calle, aléjense. Aunque piensen que ustedes se las saben todas, ellos siempre saben una más. Toda la habilidad que no tienen para conseguir un trabajo honesto la tienen para meter la mano en el bolsillo o cartera ajena. Les aseguro que hasta teniendo las manos en los bolsillos constantemente palpando nuestras pertenencias, ellos van a encontrar la forma de sacárnoslas de ahí y pegan el manotazo. Son rápidos, habilidosos, sin escrúpulos, actúan en contra de todos y la mejor arma que tienen es la confrontación y la confusión.

El truco que vi tanto en París como en Madrid y Barcelona es el siguiente. Se acerca una gitana (siempre mujeres) con una hoja de papel y nos pide la firma para ayudar a un hogar de chicos discapacitados (como si nuestra firma fuera a ayudar en algo, encima siendo extranjeros). Después de firmar nos apuran para que les dejemos unos euros, ahora que somos parte de la causa hay que hacerlo, sino te miran con cara de “claro…para firmar no tenés problemas, pero para una donación….”. Los japoneses caen todos en el truco, tampoco les interesa mucho que los despojen de su dinero porque aparentemente los sobra, pero como Argento que multiplica todo por seis, esto puede ser un problema.



Esta misma modalidad es utilizada de una forma mucho más inescrupulosa, como le sucedió a Elena, la chica del video que podemos ver a continuación. Esta gente siempre actúa en grupos de 3 o 4 personas. Mientras le estamos firmando la petición a una, viene otra por detrás que aprovecha la distracción para abrir el bolso, mochila o simplemente meter la mano en nuestros bolsillos y llevarse lo que puedan. Noté esta maniobra en el museo de Cataluña porque habían 4 gitanas pero solo 3 tenían los respectivos papeles para firmar, la otra tenía las manos libres. Me quedé mirando para filmar la acción y frente a mis ojos empezaron a hacerle la jugada a una rusita desprevenida. Cuando la de atrás empezó a meterle la mano en la cartera empecé a gritarles a las flacas y salieron corriendo como gallinas. La rusa no entendía nada, pero cuando vió la cartera abierta comprendió al toque. A continuación el testimonio de Elena, la víctima:



Además de aprender un poco más sobre los scams gitanos, tuve la oportunidad de presenciar todo esto, de salvar a una pobre turista y de hacerme una amiga en Moscú, que nunca está de más porque es una ciudad carísima y la posibilidad de que me provean un sofá es muy interesante! Otra estafa son unos muñequitos que aparentemente bailan por si solos. Los venden en la calle y la promesa es que si los ponemos junto a un equipo de música, se mueven y llenan nuestro hogar de alegría. Gente, no sean giles. Eso no existe, lo que están viendo es una ilusión óptica….no se dejen estafar. Ustedes lo compran, llegan a su casa, lo ponen al lado del equipo de música y el muñequito no se mueve, es un pedazo de cartón. Y obviamente no van a volver a reclamarle a nadie.

Por último, mi amigo local me marcó una movida interesante en Barcelona. Supuestamente está prohibido tomar en la calle, como en casi toda Europa, pero por la noche el centro se llena de paquistaníes vendiendo latas de cerveza fría. Salen €1.5, el precio no está mal y es cerveza auténtica y fría (no se como hacen para mantenerla así). El problema es que este tipo de venta es ilegal y cuando los morochos ven que se acerca la poli, esconden las latas de cerveza en tachos de basura o en las alcantarillas. Después, cuando uno las compra va a tomar la lata chupando directamente desde ahí (nadie anda con un vaso encima) y el problema de higiene es evidente. O sea….es una advertencia, no creo que mueran por esto, el precio es decente….háganlo bajo su propio riesgo. Ah….y tomar cerveza en la calle es ilegal, una vez que el paqui les da la cerveza, los que pueden ir en cana son ustedes. Yo les avisé.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Guía práctica para comer en Madrid (y no explotar en el intento)

Entretenido escribiendo el blog en el aeropuerto se me pasó la hora del almuerzo. El vuelo a Madrid partía de Londres a las 12:20 y llega a destino a las 4 pm por lo que supuse que (después de lo que pagué) por lo menos me tirarían un sándwich. Por lo visto la crisis también alcanzó a British Airways y lo único que nos dieron fue un paquete con 2 galletitas. Si recuerdan de mis posts anteriores, las galletitas, masas y dulces ingleses no son de lo mejor que existe, pero en pocas horas estaría aterrizando en la tierra de las tapas, las tortillas españolas, jamón serrano, boquetas, croquetas, pasteles, salchichas, salchichones, fiambres, aaahhhh mi imaginación acrecentaba mi inanición y alimentaba mis expectativas.
Llegar al aeropuerto de Barajas en Madrid es sorprendente. Para recoger el equipaje tuve que tomar un tren (¿¿??) que hizo una distancia considerable (obviamente las valijas debían venir en bicicleta, tardaron media hora). Inmediatamente llama la atención que, después de viajar unas cuantas horas, de haber perdido horas de sueño y comidas, continuaba hablando en español. No es una situación común en mis viajes, en los que tengo suerte de encontrar alguien con quien poder comunicarme con señas y palabras sueltas en inglés.
Ya que estamos es interesante contar que, así como las mujeres sincronizan su ciclo cuando pasan mucho tiempo juntas, todos nosotros acompasamos nuestro lenguaje, vocabulario, expresiones, dicción y acento según la persona con la que hablamos. O por lo menos me pasa a mi…no se porqué generalizo. En Inglaterra noté que mi inglés mejoró. Tanto mi vocabulario, la pronunciación y la capacidad de entender y hacerme entender se fueron haciendo cada vez más naturales. Genial! Pero después, al ir a países como Hungría, Bosnia o Kosovo por nombrar algunos, donde no siempre es fácil hacerse entender, me hallaba gritando palabras sueltas pronunciadas a lo Tarzán. Por ejemplo, a un taxista en Bosnia: “Hello, how much tunnel of freedom?”, “No, 30 marks too much, 20, fine?”.
La espera valió la pena y al cabo de unas horas pude procurarme algo de la tan afamada comida española:
(Debe ser divertido verme hablando sólo por la calle y con un sándwich en la mano)
En este caso un bocadillo de calamares (que viene a ser un sándwich de rabas). Es uno de las comidas más madrilenses y es un clásico comerse uno en la Playa Mayor tomando una caña (cerveza). Pero como el Argento iba informado, les comento que los que se compran ahí en la plaza son carísimos, pobres y para nada buenos. Hagan como yo, compren uno de camino para llevar y se lo comen en la placita. La experiencia es la misma.
Como guía practica les comento que en este país se come bien y mucho (como detallaré en mi próximo post). Por lo que vi en la calle basan su gastronomía en pescados y mariscos. Para un no amante de todos estos animales como yo, puede ser un problema, pero acá todo tiene otro gusto, les aseguro que los disfruté mucho (eso sí, todavía no me animé a probar ningún pescado, pero me queda mucho en España aún).

 
Acá va la guía básica prometida en el título:
  • Bocadillos: es lo que en criollo llamaríamos un “sánguche”. Vienen de lo que sea! Calamares (de rabas, el más típico de Madrid), de fiambres, de tortilla española (con o sin cebolla), de salchichas, de pescados, etc etc. Suelen costar entre €2.5 y €4 dependiendo del lugar y del tamaño.
  • Bocata: Aparentemente es lo mismo o muy similar al bocadillo, creo que un poco más chico, todavía me falta investigar.
  • Montados: similar a los anteriores pero con sin la tapa de pan, o sea, la comida se “monta” en una rodaja de pan (el pan es muy bueno, de más está decir).
  • Tostadas (a.k.a. Tostas): Similar al anterior pero el pan está tostado, le ponen salsa de tomate y muchas más cosas arriba. Recomiendo la tostada de jamón serrano
  • Tapas/Pinchos: uno se sienta en la mesa y le traen muchos platitos en raciones pequeñas de diferentes platos españoles. Generalmente fritos, súper salados y altos en colesterol. Es un problema si uno se anda cuidando, yo creo que subí un kilito o dos durante estos días. Bueno, después volvemos a Argentina y nos recuperamos. Cada platito suele estar entre €1 y €2.
  • Porciones, media porción: te traen el plato entero de lo que quieras.
  • Plato combinado: un menú económico, lo que sería una milanesa con guarnición por ejemplo.
  • Primer plato/Segundo plato: En la mayoría de los restaurantes se ofrecen menús a partir de los €8.5 que incluyen bebida, entrada, primer plato, Segundo plato y postre. Ojo porque pueden llegar a morir o quedar totalmente inutilizados por el resto del día.
Durante mi primer día de recorrida, la familia con la que me estoy quedando me insistió unas diez o quince veces que tuviera cuidado con mis pertenencias, billetera, cámara, celular y mi preciada mochila azul. Ya me habían advertido sobre Barcelona, pero nadie nunca me dijo nada sobre Madrid. Fueron tan amables que hasta me marcaron en el mapa los lugares más peligrosos en donde suelen robarte. Generalmente no soy muy miedoso en éste sentido, pero después de tanto “rollo” como dicen acá, caminaba por la ciudad mirando sobre mis hombros, palpando la billetera y el celular cada 10 metros y controlando los cierres de la mochila.
Por suerte y hasta el momento de escribir estas líneas, no tuve ningún problema de éste tipo. Al regresar a casa después de mi primer día de recorrida todos me preguntaron casi al mismo tiempo: “¿Has regresado con todo? Celular, billetera”. Me fui a hacer turismo a Madrid, no al barrio de La Boca gente….acá no pasa nada!!!

Para cerrar un poco este primer post madrileño voy a hablar un poco del idioma. Como ya les dije antes, tiendo a imitar (sin querer) el acento, las palabras y expresiones por lo que  las “c” se me están haciendo cada vez mas parecidas a las “z” en especial para decir “Gracias”. Una de las frases que se me ha pegado y quiero sacarme de encima lo antes posible es “…en plan de…”. Hablando con una española que estuvo viviendo en Argentina, me comentaba que todos sus amigos se reían de esa frase, y ahora no puedo sacármela de la cabeza y la estoy usando demasiado. Si la sigo usando cuando vuelva, por favor, correctivo físico. Algunos ejemplos serían “Vamos saliendo en plan de comer algo” o “Estoy yendo a casa de Carlota en plan de estudio”.
Algo útil a aprender es que a la cerveza tirada le dicen “caña” (quizás ya lo sabían…yo no). Cuando van a algún bar o restaurante y quieren preguntar si tiene Internet, cuando digan “Hola, ¿tienen WiFi acá?” recuerden decir “WIFI” como se escribe (con acento en la primer I) y no “Guaifai” como dirían en Argentina, porque les aseguro que no les van a entender. Algo muy importante es que aquí el verbo “coger” es muy usado y por lo visto todo el mundo está cogiendo a una persona o algún objeto, para un Argento es un poco chocante al principio, pero tengan muchísimo cuidado con los verbos “tirar” y “correr” en especial este último…

sábado, 25 de febrero de 2012

Puertas en automático. Cross check. Reportar.


London Heathrow Airport 24 de febrero de 2012 / 8 am (hora local)

Con menos motivación, expectativas, dinero y planificación que en 2010, aquí comienza la primera escala de mi viaje, en uno de los aeropuertos más importantes, bulliciosos y con los controles más hincha pelotas del mundo: London Heathrow. Como ya saben, no soy muy amigo de los aviones comerciales ni de toda la infraestructura (llámese aeropuertos) organizada en torno a ellos. No es que le tenga miedo a volar, nunca lo tuve, bueno, admito que tengo un poco de miedo a las consecuencias de volar ya sea perder una valija, perder un vuelo (algo que por suerte todavía no me pasó pero debe ser bastante frustrante) o de dejar en nuestra ciudad de partida a alguien especial.


En primer lugar los aviones unen el mundo, permiten que almuerce en Buenos Aires y cene en Londres, ayudan a hacer realidad la mundialización y si uno puede pagarlo nos permiten recorrer gran parte de nuestro planeta en una sola vida humana, algo que supongo que debería haber sido imposible anteriormente. Como todo en la naturaleza tiene su balance, los aviones también nos separan. Al desplazarnos distancias tan importantes y siendo a veces tan excesivamente caros, una vez que tomamos un avión pueden llegar a pasar meses hasta volver a ver a los que dejamos atrás y posiblemente ellos nunca puedan venir a visitarnos en donde nos encontramos nosotros por la misma razón.

Pudieron separar a este Argento de su querido país, sus amigos, familia y raíces por diez meses durante los cuales viví muchísimas experiencias (muchas más de las que llegué a describir en este blog) que me ayudaron a entender un poco más quienes fuimos y quienes somos, que me ayudaron a madurar, a crecer y que me deberían haber dado una mano para aclarar que quiero de mi futuro y donde lo quiero (desgraciadamente eso no ha pasado aún). Al regresar en agosto del año pasado percibí un fuerte contraste cultural, todo a lo que estaba acostumbrado cambió. Tomé la decisión de quedarme allí unos meses y regresar a Europa ahora en febrero para asentar mi vida acá. Ahora no estoy tan seguro, es por eso que a este viaje le falta un poco de propósito y motivación pero espero encontrar a ésta última durante los próximos días.


Volviendo al tema, nunca fui muy fanático de los aviones o aeropuertos. Los que me conocen más saben que siempre busco otras opciones que pueden terminar siendo más económicas o incluso más rápidas. El tiempo que tardamos en llegar de un lugar a otro no es el tiempo de vuelo, sino el tiempo que tardamos en llegar desde nuestra casa al aeropuerto; lo que tardamos en hacer check-in; el control de pasaportes; la espera en la puerta antes de abordar (que si tenemos suerte puede llegar a tener algún tipo de sustento blando para nuestras nalgas, pero en su mayoría son sillas de lata); las posibles demoras en el vuelo (que si viajan conmigo les aseguro que serán frecuentes); ahora sí, el tiempo de vuelo; las demoras en aterrizar; otro control de pasaportes; la espera de los equipajes; las probables denuncias por robo o pérdida de los equipajes (si no recuerdan...hacer click aquí); y el trayecto desde el aeropuerto hasta nuestro destino final.


Los aeropuertos suelen estar ubicados bastante lejos de las ciudades por cuestiones de seguridad y ambientales por lo que llegar hasta ellos puede consumir unos cuántos capítulos del libro que estamos leyendo (“Un mundo feliz” de Aldous Huxley actualmente, recomendado por mi mentora en cultura). Las ciudades más grandes, justamente por ser grandes tienen los aeropuertos más lejos aún y si bien suelen tener trenes hasta ellos son excesivamente caros por los que los viajeros de bajo presupuesto como yo debemos optar por los buses, que son un poco más baratos (a veces no tanto) pero si mucho más incómodos y lentos. Las ciudades más grandes tienen más de un aeropuerto cerca (Londres tiene 4 o 5 dentro de un radio de 2 horas de bus) y las aerolíneas low cost suelen utilizar los aeropuertos más alejados y con peor infraestructura, y si el vuelo es realmente muy muy barato, nos envían a la última puerta de embarque donde a veces no hay suficientes sillas para esperar o un baño a menos de 10 minutos de caminata).

Como ya he dicho, toda mi mala suerte se ha visto compensada por el hecho de que aún no he sufrido el calvario de caer en un aeropuerto “Low cost/infrastructure”, la única vez que estuve a punto de usar uno, la nieve canceló mi vuelo y tuve que ir desde Dublín a Londres en bus….no se que hubiera sido peor. Para hacer un poco más entretenida la cosa, los vuelos low cost generalmente despegan a eso de las 6 de la mañana. Ya sabemos que hay que llegar al aeropuerto 2 horas antes, o sea que hay que llegar a un aeropuerto situado en el medio de la nada a las 4 am. ¿Y como llegamos ahí? ¿En tren? El primero sale a las 5 am. ¿En Bus? El primero sale a las 6 am…..¿entonces?. Bueno, podés viajar el día anterior y echarte una siesta en las comodísimas sillas de lata del aeropuerto.



Lo mismo pasa por la noche, las low cost suelen tener los horarios de llegada luego de las 22 o 23 horas. Dependiendo del aeropuerto esto puede suponer un problema o no, pero si el vuelo se atrasa, van a tener problemas para llegar a sus casas, al menos que usen un taxi. Por supuesto que las low cost también vuelan en horarios normales de la mañana y la tarde, pero ya su precio deja de ser tan “low”. Consideren esto antes de dejarse llevar por la promoción de €19 desde Paris a Moscú. Además que, por ejemplo, si uno viaje por Easy Jet y no paga su pasaje con la tarjeta de crédio “Easy jet” ya te empiezan a cobrar 10 euros más. Si querés algo para comer, se compra arriba, si tenés ojos marrones son 5 euros más, si llueve te cobran el uso del limpiaparabrisas del avión. Te sacan plata de donde pueden.



Mi única experiencia con estas aerolíneas no fue trágica, pero si digna de contar: Fué un vuelo desde París hasta Manchester con la empresa de bajísimo costo FlyBe. Por suerte el avión salía y llegaba a los aeropuertos principales de ambas ciudades por lo que el transporte a y desde los aeropuertos fue sencillo (pero no barato, el tren desde el centro de París hasta el aeropuerto Charles de Gaulle cuesta 9,90 euros y para ir a Manchester desde el aeropuerto cobraban unas 4 libras). Llegué al aeropuerto Charles de Gaulle totalmente zombie. No había dormido nada la noche anterior (lo peor es que fue al pedo). Por razones ajenas a mi persona arribé al aeropuerto 4 horas antes de mi viaje. Dormí 2 horas en el piso, con mi mejor compañera oficiando de almohada y realicé el check-in. Mi vuelo salía de la última puerta (por ser low cost).



Bajo las escaleras y comienzo a caminar con las últimas fuerzas que tenía mi cuerpo, aunque recién eran las 9 de la mañana. Caminé y caminé durante unos 15 minutos, (si seguía caminando volvía a París a pata). El aeropuerto es gigante y me mandaron al rincón más alejado. Bueno, una vez ahí veo que solo hay 10 sillas para todo el mundo, pero como llegué muy temprano, había un lugarcito para mí. Compré el agua mineral más cara de la historia (3,5 euros) y me eché una siesta. Al cabo de unos minutos me despierta una china (o japonesa, o coreana, para mi son todos chinos) preguntándome algo en Chinglish. Me costaba mucho entender a esta mujer, en parte por mi sueño, por sus sonidos ininteligibles y porque hablaba como dando gritos cortos, como si me estuviera cagándome a pedos por algo. Miro su boarding pass y le indico que tiene que caminar para el otro lado. La vieja no me entendía. Le hago la misma seña. Seguía sin entender. Bueno chau, continué con mi siesta.

Me despierto nuevamente sobresaltado por una mano que me empujaba el hombro. Era para preguntarme si iba a abordar el avión a Manchester porque el embarque estaba por cerrar. Subo al bus que nos llevaría al avión y trato de ponerme cómodo. El bus empieza a andar. Generalmente el trayecto dura 3 minutos o menos. Bueno, en este caso anduvimos más de 15 minutos. La gente ya miraba un poco asombrada, una inglesa tira un “¿Nos va a llevar en bus a Manchester?”. Y ahí lo vimos, pegado al alambrado del aeropuerto, bien al fondo, un avión que podría haber servido en la Segunda Guerra Mundial reacondicionado con pintura blanca y los dibujos de unas abejitas. Mmmmm….



Bueno, obviamente no hay asiento designado, uno se sienta donde puede y deja el equipaje donde puede. El vuelo no iba completo así que esto no fue ningún problema. El problema es que quería dormir y mi asiento era más duro que los de lata del aeropuerto y encima, no se reclinaba. Si no iba a dormir, por lo menos iba a comer algo. Como ya les dije, estos vuelos no incluyen nada, hay que comprarlo ahí arriba. No importa. Me dieron la carta (un cartoncito con fotos que debían distar ampliamente de la realidad, cual mostrador de Mc Donald’s). Al dármelo me dice “¿Le puedo ofrecer un muffin de chocolate o algún café latte?”. Respondo “No gracias, voy a ver la carta y te digo”. La examino 2 minutos (no habían muchas opciones) y pido un tostado con un jugo de naranja. No había ninguna de esas cosas. Pido 2 medialinas con una leche chocolatada. No había. “Ok…que tenés?” le pregunto. Y me contesta “Tengo Muffins y café”. Una linda experiencia gente, por suerte el vuelo duro solo 2 horas y estaba tan demolido por el sueño que pude dormir casi todo.

Ahhh….odio los aeropuertos. No odio las aeronaves, les tengo respeto, pero sí odio a los aeropuertos, y mucho. Como ya recordarán (y si no lo hacen lean la parte uno y la parte dos) cuando viajé a Budapest desde Londres en diciembre de 2010, el subterráneo tan afamado de la capital Inglesa funcionaba con demoras e interrupciones (como de costumbre) y llegué al aeropuerto 15 minutos antes de la salida del vuelo. Por alguna de esas razones de la vida no perdí el vuelo y mis maletas llegaron a Budapest, pero tuve una de las peores y más adrenalínicas experiencias de viaje. Lo más alucinante fue sentarme en el avión y descubrir que me faltaba el celular, por lo que salí corriendo al sector de las cintas de rayos X y en 2 minutos ya había armado un alboroto importante por lo que tenía varios monos de seguridad alrededor mío.

Recuerdo perfectamente que fue la cinta de rayos X número 6 de la Terminal 5 de Heathrow. Hace pocos minutos llegué al mismo sector y solamente para tentar un poquito a la suerte, pasé por la misma cinta. Solamente que un poco más calmado y ésta vez me aseguré de no haber dejado nada. Me hice el divo al pasar por el arco que busca metales como si alguien me estuviera filmando, para después ponerlo en este blog. Recordé que viajaba solo y que no creo que los empleados de seguridad me presten la grabación solamente para que me vean haciendo payasadas solo. Lo que sí, me tomé la libertad de hacer el siguiente video para que tengan una mejor imagen mental:



Y por supuesto, como estamos en un aeropuerto constantemente amenazado por los terroristas, se me acerca una mujer árabe con el burka y todo y me dice “No está permitido filmar el área de seguridad”. Solo 30 minutos en Londres y ya me cagaron a pedos. Bueno, borré la filmación y la volví a hacer cuando se fue. Es realmente irónico el hecho de que el 100% de los empleados en el sector de seguridad son árabes. No es por discriminar, pero en ésta guerra contra el terrorismo seguramente debe haber algún infiltrado que ingresó de pequeño a la escuela de “Agarrar una bandeja y dársea al pasajero” o de “Apretar un botón para que pase la valija y yo pueda ver si hay una bomba adentro” o el que te dice “Adelante” y te toquetea un poco si hiciste algún sonido. Deberían mezclar las etnias, darles algo de trabajo a los británicos, a los latinos o el resto de los europeos. No entiendo porque todos árabes. Bueno, es mi blog así que les dejo mi opinión.



Otra cosa que me tiene bastante harto es que cada vez te permitan pasar menos cosas en el equipaje acompañado. Ni siquiera una botella de agua (que la podes comprar luego de la seguridad pero sale muchísimo mas caro, por supuesto). A ver si nos entendemos, los yanquis mandaron una zonda a Júpiter y nos pueden decir la composición de su atmósfera perfectamente. Los vagos trabajan en el espacio arreglando el telescopio Hubble sin que ningún astronauta se pierda en el vacío. Tenemos cafeteras eléctricas que se conectan a Internet pero en el aeropuerto no pueden distinguir entre una botella con AGUA (H2O) y una bomba? ¿Que onda?

Amigos, mi breve estadía en Londres está por terminar, ya me están llamando para abordar el avión a Madrid donde realmente empieza mi viaje. Los dejo por ahora y espero escribirles pronto.

viernes, 3 de junio de 2011

Una visita inesperada a Turquía


Luego de visitar el túnel de la libertad regresé al centro de Sarajevo con mis dos compañeras de viaje, la de siempre (mi mochila) y la muchacha canadiense que había conocido 2 horas antes. Bajo la lluvia incesante empezamos a familiarizarnos con la ciudad, sus calles, su gente, sus olores, colores y sonidos. Caminamos a lo largo del río hasta encontrarnos en el Puente Latino. A simple vista el puente no presenta nada particular, sino que tenemos que saber un poco de historia o simplemente leer el cartel explicativo. En ese mismo lugar, el 28 de junio de 1914 fue asesinado Franz Ferdinand, heredero al trono del imperio austro-húngaro.

Como ya comenté en mi post “Welcome to Buda-Sex”, este asesinato no fue uno más. Austria y Hungría le declararon la guerra a Serbia, Rusia se alió con este último, Alemania con Austria y así sucesivamente hasta que 70 millones de militares se vieron involucrados en la Primera Guerra Mundial. Así que en ese mismo lugar se hizo historia, porque a partir de este conflicto se fueron formando los países que conocemos hoy y se desarrollaron miles de tecnologías que hoy damos por sentado. Al estar embebidos por tanta historia visitamos un museo cercano sobre la historia de Bosnia y Herzegovina. Barato, chico, rápido de recorrer, con pocas explicaciones en inglés pero unas lindas maquetas y el lugar ideal para escapar de la lluvia.

Al salir del museo nos encontramos en la plaza principal de la ciudad. Sería bueno comentar que si bien existe el gentilicio “Bosnio” la gente se identifica como “Bosniak”, “Serbio” o “Croata” . Es algo raro, todavía no lo termino de entender, pero en el país coexisten tres etnias diferentes (como me sería explicado unas horas más tarde), además de haber musulmanes, ortodoxos, cristianos y judíos. Este quilombo es una de las razones por las cuales se desató la guerra en 1992. Si uds. hacen como yo y visitan los países de la región, van a notar que es gente totalmente diferente, comparten un poco el idioma, algunas costumbres, pero la gente en sí, las etnias, la manera de vestirse, el modo de vivir es distinto.

Bosnia y Herzegovina es un país musulmán, herencia de los turcos que invadieron la península balcánica en algún momento de la historia. En la plaza principal en la que nos encontrábamos podíamos ver por lo menos tres mezquitas. En el centro de la plaza hay una fuente que es uno de los símbolos de la ciudad. En casi todas las ciudades podemos encontrar cada tanto fuentes con agua potable pero ésta está un poco más decorada y rodeada de negocios vendiendo souvenirs inútiles con estilo turco y árabe. Pero ojo, no todos los negocios son inservibles, algunos venden típica comida turca y teniendo en cuenta que mi último alimento había sido un sándwich de “algo” comprado en Croacia en una de las innumerables paradas del micro, mi cuerpo pedía a gritos combustible para seguir.

No me costó mucho trabajo convencer a Katrina para hacer una pausa. Casi todos los países de la ex Yugoslavia comen carne o algo preparado con carne. Carne de vaca, como se debe. También usan pollo y en menor medida cerdo (en los países no musulmanes por supuesto). El viaje me viene perfecto para descansar un poco de la dieta basada en carne de cerdo a la que estoy acostumbrado en Hungría (más adelante explicaré porqué). En Bosnia podría decirse que uno de los platos más típicos es el “Burek”. Algunos dirán es un plato de Serbia, en fin se come en todos lados en la región.

El burek consiste en poner carne, vegetales o lo que sea adentro de una masa. Le dan una forma cilíndrica y lo fríen. Se vende por peso, es como comprar empanadas por kilo en lugar de docena. El lugar para comprar este tipo de comida se llama PEKARA que viene a ser algo como PANADERIA. Van a encontrar que venden también otro tipo de comidas que en esencia son parecidas al burek pero con diferente forma. También venden panes y algo parecido a las facturas aunque son más grandes y sirven más que nada para llenar el estómago y no el alma, no se disfrutan tanto. Algunas pekara venden pizza, sándwiches, bebidas y hasta café.

Caímos en un local con onda turca que vendía este tipo de comida. No tengo fotos ni videos del lugar, pero si del baño:

Después del almuerzo nos aventuramos un poco a recorrer la ciudad porque hasta el momento habíamos visto muy poco. Sarajevo está en un valle, o sea que esta rodeada por montañas. Desde cualquier lugar se pueden tomar fotos impresionantes…excepto cuando la lluvia no te da respiro. A lo lejos, en lo alto de una loma divisamos una casita interesante y mi compañera insistió en subir, prometiéndome que me iba a sacar fotos a mí y a mi mochila desde lo alto. A medio camino nos cruzamos con un enorme cementerio y me entretuve un poco sacando fotos ahí, tratando de que el cansancio y la lluvia convencieran a Katrina de que tenia poco sentido seguir subiendo y que era mejor volver al centro.

Para asegurar mi plan le digo “¿Te enteraste de que le recomiendan a los turistas no alejarse mucho del centro y de los caminos pavimentados porque todavía hay minas terrestres escondidas por ahí?”. Esto bastó para que me invitara a tomar un típico café turco al centro. Y las horas fueron pasando, la lluvia no. Un café, otro, charla, planificación para el día siguiente y mi primer día en Sarajevo fue terminando a medida que sentía el cansancio del viaje de la noche anterior.

El día siguiente nos levantamos temprano para visitar la Mostar, una ciudad en la parte de Herzegovina cuyo símbolo es un enorme puente de piedra que fue totalmente hecho bosta por Serbia durante el enfrentamiento armado. Pero para reconstruirlo no se utilizaron las actuales técnicas sino que se fueron hasta el fondo del río, recuperaron las piedras originales y lo volvieron a erigir en las mismas condiciones.

El viaje desde Sarajevo es de dos horas y media o tres, dependiendo del tránsito. Las rutas en esta parte del mundo son extremadamente peligrosas. Primero porque algunos caminos están en las mismas condiciones desde la guerra, se pueden ver las marcas de los tanques. Y segundo porque los conductores están totalmente desquiciados. Creo que el único país que vi hasta ahora con el que puedo comparar la forma de conducir es India. Para hacerlo más entretenido, el camino era de montaña y la lluvia seguía presente.

Al llegar a Mostar el panorama dio un giro de 180°. Las nubes habían desaparecido y el calor del mediodía se hacía sentir. El centro de la ciudad es muchísimo mas arábico o turco que Sarajevo. Las calles principales del centro histórico estaban plagadas de negocios vendiendo estupideces, locales ofreciendo café y delicias turcas, ropas, telas, banderas de Bosnia y Hercegovina, banderas de Turquía, remeras con “I <3 Turkey”, remeras del Barcelona con el nombre de Messi, narguiles, cigarrillos, etc etc.

Pero no era un mercado de barrio como los que suelen haber en estas ciudades Europeas, sino que era 100% hecho para los turistas. Puedo asegurar que este es el primer lugar de Bosnia y Herzegovina en entrar en la Unión Europea. Todos los precios están en Euros y según mi opinión, bastante inflados. No nos olvidemos de dónde estamos muchachos, no es la torre Eiffel, es un puente de piedra que si bien tendrá cientos de años de historia, la ciudad tiene eso para ofrecer y nada más.

Entramos en un restaurant para comer algo típico fuera del burek y demás junk food yugoslava. Tratamos de buscar un lugar con pocos turistas y encontramos el lugar perfecto con una sola mesa ocupada por cuatro personas que tenían cara de locales. El vocabulario inglés del mozo era de unas 30 palabras, entre las cuales por supuesto estaban los números y la palabra “euro”. La comida fue bastante buena, no demasiado cara y variada. Nos dijo “I show you eat Bosnian” algo como “Les voy a mostrar como se come en Bosnia”. Nos lleno el plato de diminutas porciones de 8 o 10 platos. Había algo como un estofado de carne, una cebolla rellena de carne y arroz, un vegetal verde también relleno de carne y arroz, más carne, otra porción de arroz, vegetales cocidos y para acompañar la clásica ensalada de la región: tomate, pepino y cebolla.

Totalmente satisfechos recorrimos la calle principal hasta llegar al puente de piedra. Nunca estuve en Turquía pero me sentí allí. El paisaje es bastante diferente a Sarajevo, montañas pero sin tanta vegetación, edificios viejos con las ventanas tapiadas con ladrillos, algunos sin el techo o con alguna pared en ruinas, casi todos los edificios muestran algo de lo ocurrido hace casi 20 años. Bajamos hasta el río y disfrutamos de las pocas horas que nos quedaban, ya que el último bus de regreso a Sarajevo salía temprano y yo no tenía intenciones de dormir allí.

Antes de volver un vendedor nos convenció de probar las “turquish delights” y como se pueden imaginar, es un camino de ida, jeje. Así que si andan por la región, hagan una parada en Mostar. Vale la pena visitarla, además que está muy cerca de la costa del Adriático y desde allí se puede ir a Split (Croacia) como hizo Katrina. Algunos tips que les pueden ser útil: la gente es más que buena onda, yo no lo podía creer. Muchas veces viajás a lugar y te dicen “Uh…la gente ahí es genial” y cuando llegás no notás nada diferente. Pero acá se siente, todos están ahí para ayudarte, le preguntás algo a cualquiera y si no sabe la respuesta, te dice donde encontarla. La gente no se te acerca para buscar una propina, sino porque te quieren ayudar, quieren que disfrutes o simplemente quieren charla. Para el viajero soltero: si el objetivo de su viaje es buscar novia, quédense en Eslovenia o Hungría.

sábado, 28 de mayo de 2011

Un francés enigmático, el túnel de Sarajevo y más lluvia

Después de una caminata insoportable de 8 cuadras bajo la lluvia llegué la terminal de buses de Ljubljana. La terminal es distinta a todas las que había visto. Los buses salen desde la calle, justo enfrente a la estación de trenes y los pasajes se compran directamente al conductor, o si necesitás algún consejo en inglés, hay unas boleterías en un kiosco. Obviamente que el uso de este servicio tiene un precio, no se exactamente de cuanto ya que lo único que entendía del pasaje era desde dónde y hacia dónde iba.

Me acerco al bus y cuando voy a subir el conductor me toca la mochila. Señala la bodega debajo del bus y me dice “Euro pol” o algo por el estilo. Pensé que onda era como con los maleteros de Liniers o Retiro, así que le tiré un Euro y me dispuse a abordar. El tipo me para y dice “Euro and pol”. Llovía, y mi paciencia se acababa. Saqué 20 centavos de euro y se ríe. Todos los que estaban ahí se empiezan a reir. A nadie le importaba la lluvia ni subir al micro, era más interesante reirse del Argento que no habla el idioma. Me río yo también y le pregunto “Dobro?” (¿todo bien? En Esloveno, Croaba, Bosnio, Serbio). “Ne, Euro POL”. Empecé a sacar y darle en forma sistemática monedas de 10 centavos de Euro hasta que se completó el Euro y MEDIO que me estaba pidiendo. El muchacho me da el comprobante y subo.

Me ubico cómodamente en mi asiento y compruebo que el papel que el morocho me dio decía claramente en inglés “Transporte de equipaje €1.5”. ¿No era más fácil empezar por ahí? Bueno, no importaba, ya estaba encaminado. El bus estaba casi vacío. No había más de 12 personas incluyendo los conductores. Si bien la distancia en línea recta entre las dos ciudades es de 400 kilómetros, el viaje duraría más de 12 horas.

Primero que nada, porque si solo durase 6 horas llegaríamos a la ciudad a las 2 am, un horario un poco incómodo. Además que el bus pasa a través de Croacia y hace unos cuantos kilómetros en ese país antes de meterse en Bosnia. Esto también significa que los pasaportes son controlados en cuatro oportunidades, demorando 25 minutos cada una de esas veces. Por último, los conductores se aseguran de que lleguemos a Sarajevo a las 8:30 am, cuando ya hay transporte público para ir al hotel o el trabajo. Este servicio de alta categoría implica que los muchachos hacen una parada de 10 minutos cada hora para fumar, siempre controlando el tiempo. Si van muy rápido se estiran unos minutos más y se toman un café en una estación de servicio. Tranqui.

Fue imposible dormir. El asiento era como cualquier otro pero por alguna razón era marginalmente más incómodo, lo suficiente para impedirme encontrar la posición justa. Cuando por fin la encontraba el bus entraba en un camino montañoso zigzagueando y empujándome de un lado a otro o simplemente los choferes decidían que su nivel de nicotina era demasiado bajo y hacían otra pausita para un puchito o dos. En una de esas pausas me di cuenta que el día empezaba a amanecer. El reloj marcaba 5:30 am y ya estábamos bien adentrados en territorio de Bosnia.

El panorama era totalmente verde, dividido en dos por el camino que transitábamos. La lluvia ya no era tan intensa como la del día anterior pero las montañas que rodeaban el valle encerraban a las nubes y aseguraban que mi estadía en este país iba a ser húmeda en su mayor parte. De vez en cuando el bus entraba en alguna pequeña aldea. En las afueras se podían ver edificios a medio construir o a medio destruir abandonados desde hace más de 10 años. Eventualmente, al parar en algún semáforo se veían los primeros edificios agujereados por balas.

El paisaje era exactamente el mismo hasta dos minutos antes de llegar a la terminal de ómnibus de Sarajevo. La lluvia era intensa de nuevo y aceleré mi paso hacia la parada del tranvía. Nunca había estado ahí, nunca había visto un mapa pero el sentido común me indicaba hacia donde correr. A lo lejos divisé el refugio en dónde supuestamente paraban los trenes. Mi misión era tomar el número 1 que me dejaría a pocas cuadras del hostel. Por alguna de esas causalidades se me ocurrió cambiar dinero en Ljubljana. Compré 20 papelitos bosnios por € 10.54. Sin pensarlo mucho se deduce que el cambio es 1 BAM (Bosnian Mark) = 3 pesos argentos.

Y esos 20 BAM fueron más que útiles, porque el cajero en la estación de buses no funcionaba y las casas de cambio todavía estaban cerradas. El pasaje en tram costó 1.60 BAM y ya me habían alertado que ni se me ocurriera viajar sin ticket (como es común en los trams de Budapest o Zagreb). Hay inspectores todo el tiempo, encubiertos y cuando ven a alguien que no marca el pasaje (especialmente si es turista), tapan las máquinas para marcar, traban las puertas, sacan la AK-47 y empiezan a controlar.

Si bien sabía perfectamente el nombre de la estación en donde tenía que bajar, no había ningún cartel o indicación en las paradas. Preguntarle al resto de los pasajeros no era una opción ya que en el vagón solamente había un borracho de 70 años agarrado de una ventana gritándole a las chicas que pasaban. En los trams más nuevos hay carteles indicadores dentro de los vagones (así como en la mayoría de los subtes), sin embargo este tren debía tener más años que el borracho, de casualidad tenía puertas y lugares para sentarse (no me atrevería a llamarlos asientos).

Bajé donde me indicó el instinto y llegué sin muchos problemas al hostel. El edificio tenía más de 100 años de antigüedad pero el departamento que funcionaba como hostel estaba impecable. Sin dudas el mejor hostel en el que me había quedado hasta ese momento. Las camas tenían un colchón de verdad, los baños impecables y el living no estaba lleno de australianos borrachos gritando como suele estar, sino que había un metegol y un piano desafinado.

Entro a mi habitación y me cruzo con un tipo con cara de pocos amigos. Mantuvo la misma expresión durante toda mi estadía. En un principio pensé se que trataba de algún veterano de guerra que había sido tomado prisionero por los tatuajes tumberos y las cicatrices. Lo saludé en ingles y me contesta “Aggj”. Más tarde me enteraré de que esta mente brillante hablaba cuatro o cinco idiomas, así que tal vez, sin darme cuenta, me saludó cordialmente en Klingon.

Desconozco que estaba haciendo en el hostel. Me dijeron que era como “parte de la familia”, había estado viviendo ahí unos cuantos meses, algo entendible por el precio más que accesible y la comodidad que ofrecían. Supuestamente venía de Francia y estaba realizando algún tipo de trabajo. Yo jamás lo vi trabajar, cada vez que llegaba al hostel estaba en la computadora jugando de forma adictiva. El misterio de esta persona se acrecentaba por el hecho de que solo lo veía comer una vez al día, en el desayuno provisto por el hostel y, como todo maniático o posible asesino serial, tenía su cama perfectamente estirada todo el tiempo. Aunque hacía meses y meses que estaba ahí, solamente tenía una pequeña valija, siempre cerrada y una bolsa de supermercado de esas que usan las abuelas, todo perfectamente ordenado.

Empiezo a desempacar mis cosas para romper un poco el orden en la habitación impuesto por este personaje y me doy cuenta que otra de las camas está ocupada. A los 5 segundos entra su dueña, Katrina. Una chica canadiense de entre 19 y 22 años que estaba recorriendo la ex Yugoslavia como yo, pero en otro orden. Nos presentamos, compartimos el desayuno, le sacamos el cuero a nuestro compañero de cuarto y salimos juntos a recorrer Sarajevo.

Nuestra primera parada fue el “Tunel de Sarajevo”. Queda un poco lejos del centro pero es bastante sencillo llegar. Una opción viable es tomar un taxi, ya que Sarajevo tiene “los taxis más baratos de Europa” según promocionan los carteles. Sin embargo el recorrido es un poco largo, éramos turistas y estaba lloviendo. El taxista no nos iba a cobrar menos de 15 euros. Así que tomamos un tram hasta el final del recorrido y allí sí un taxi para terminar de acercarnos. Recomiendo regatear y arreglar el precio de los taxis antes de abordar para evitar malos entendidos.

El túnel realmente es impactante. La recorrida empieza mirando una película de 20 minutos con la historia del sitiado de Sarajevo, entre 1992 y 1995. La sala de cine está improvisada en una antigua habitación de la cala decorada con fotos, uniformes viejos y cascos colgados en la pared, y cajas de granadas y municiones como asientos. Durante el sitiado de la ciudad, ésta fue rodeada por tropas Serbias y quedó aislada del resto del territorio libre de Bosnia. Eventualmente Sarajevo se vió desabastecida de alimentos, combustible, electricidad y armas. Es por esto que construyeron este túnel subterráneo secreto que conectaba un barrio alejado de la ciudad con el aeropuerto. Por este medio ingresaban todo tipo de provisiones, energía y combustible.

Hoy en día se pueden recorrer 20 de los 800 metros originales. El túnel no es para nada ancho ni alto. En la película se ve gente yendo y viniendo al mismo tiempo, transportando pesadas cajas y animales. Cuando caminen dentro del túnel se van a dar cuenta que no debió ser nada fácil. Para completar la visita hay documentos, diarios de la época, municiones usadas y la misma casa tiene casi todas sus paredes agujereadas por las balas (aunque para ver eso no es necesario ir hasta ahí). Realmente vale la pena ir. Salimos y casi al instante aparece un taxista que nos ofrece llevarnos de vuelta.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Eslovenia - Segunda parte

La verdad es que la lluvia no había aflojado, solamente subieron la música en el hostel y perdí la relación “ruido/cantidad de agua que cae”. Me vestí, llegué hasta la puerta y al comprobar que la temperatura había bajado más de 10 grados comprendí que no valía la pena mojarse y congelarse solo por un mediocre kebab que nunca sabés bien que es lo que trae. Pedí una pizza en el hostel y continúo escribiendo éstas líneas.

Después de la visita al castillo de Bled mi cuerpo empezó a sentir la falta de energía. No había desayunado nada para llegar a tomar el segundo bus de la mañana y asegurarme la mejor iluminación para mis fotos. Recorrí la calle que rodea el lago buscando algo que no fuera comida rápida, ni turists traps, ni excesivamente caro (hay que tener cuidado por que Eslovenia es algo caro). Metiéndome un poco por la calle principal del pueblo encontré un restaurant que ofrecía “open grill” y platos de la cocina Bosnia y Serbia.

Al principio entré un poco asustado por los mozos uniformados, las mesas vestidas como si de un casamiento se tratara, dos copas por persona, dos pares de cubiertos, pan de cortesía y un maître que trataba de hablar español tirando las palabras en italiano que conocía cambiándoles un poco el acento. Pero estaba equivocado, buena comida con unas porciones impresionantes, un tipo de cocción muy diferente a la que estoy acostumbrada en Hungría (allá simplemente fríen todo en grasa y chau) y a un precio más que razonable. Listo, era lo que faltaba para que me enamorara de este pueblito. Se los recomiendo seriamente.

A mi regreso pasé por la estación de buses y trenes para decidir que haría al día siguiente y a donde viajaría después de Eslovenia. Después de meditarlo un rato con mi mochila decidí que mi próximo destino sería Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina partiendo el domingo a las 8 de la noche. En su momento pensé que sería genial porque podría disfrutar de todo el domingo en Ljubljana, comprando souvenirs, sacando las últimas fotos, pero el clima tenía otros planes y me estoy pasando toda la tarde encerrado.

Para el sábado decidí visitar unas cavernas en la ciudad de Postojna. Cuando fui al hostel a consultar como llegar me dijeron que al día siguiente había una excursión que visitaba otras cavernas, aún más impresionantes, con un río y cañón subterráneo, luego iría a la ciudad de Piran y por último a un castillo construido en la entrada a una caverna. ¡Y lo mejor de todo es que había un 50% de descuento! No lo dudé y reservé en el momento.

La excusión arrancó al día siguiente a las 8:30 am. En total éramos 8 personas, su bloguero amigo, 2 chicos de Singapur (que al principio pensé que eran 2 chicas), una pareja mayor de Australia y otros 3 australianos mucho más mayores. Al verlos me di cuenta que la excursión no tendría demasiada aventura en sí, teniendo en cuenta que había riesgo de ataque cardíaco entre los pasajeros. Al cabo de una siesta de hora aproximadamente llegamos a las cavernas de Skocjan.

El recorrido bajo tierra es de 2 kilómetros y medio, con algunas trepadas y bajadas importantes, cientos de escalones y un puente que cruza el río sobre el cañón a 44 metros de altura y a su vez 150 metros bajo tierra. ¡Muy buena onda! Al escuchar esto dos de los australianos más vividos decidieron quedarse afuera tomando una limonada. El resto nos metimos en el mundo subterráneo.

La caverna está declarada patrimonio de la humanidad por Unesco entre otras cosas por tener el cañón subterráneo más largo de Europa (6 km). Realmente es impresionante. Estuve en otras cavernas pero ninguna con un río y el cañón es inmenso. Desgraciadamente no te dejan sacar fotos adentro, aunque para tomar una buena imagen se necesita un trípode y tiempo que ninguno está dispuesto a perder. Más teniendo en cuenta que los grupos son bastante numerosos (100 o más personas). El único momento en donde permiten tomar fotografías es a la salida de la caverna, que es justamente lo que ven acá a la izquierda (tomada con mi celu, cuando me dijeron que no se permitían fotografías adentro ni me molesté en llevar la cámara).

La próxima parada fue Piran, uno de los dos pueblos más característicos de la costa Adriática eslovena. Eslovenia tiene solo 42 km de playa. Toda esa zona fue conquistada por romanos, después eslavos, nuevamente italianos, pasó varias veces de manos a lo largo de la historia y a medida que fueron pasando las guerras. Históricamente toda el área perteneciente a Trieste fue de Eslovenia, pero en algún momento cuando delimitaron la actual frontera quedó del lado italiano.

Dentro de las ciudades que quedaron en el mapa esloveno están Portorož (puerto de rosas), llena de casinos, restaurantes, vida nocturna, la Miami de Eslovenia como dijo nuestra guía y Piran todo lo contrario a la anterior, una ciudad con marcada influencia italiana. Nunca estuve en las ciudades italianas sobre el Adriático, pero por lo que ví en las películas, ésta puede pasar tranquilamente como una de ellas. En las calles se escucha hablar italiano, abundan las trattorias, restaurantes que ofrecen frutti di mare y gelato a la hora del dolce.

Llegamos a eso de las 2 pm. En la ciudad está prohibido el tránsito vehicular. Imagínense que por esas calles diminutas apenas entra un auto y es el destino de playa número 2 del país, si cada uno va a ir con su auto, simplemente colapsa. Los eslovenos solucionaron el problema construyendo unas playas de estacionamiento gigantes en las afueras de la ciudad y proveyendo un bus gratuito hasta el centro. Nuestra guía contaba con un permiso para ingresar a la ciudad, pero solo por media hora. Nos contó un poco la historia del lugar a las apuradas para que no le remolquen la camioneta y nos dijo que nos pasaba a buscar a las 5 por la plaza principal

Empezamos la recorrida en la parte alta de la ciudad (siempre es más fácil ir en bajada…). Las vistas panorámicas invitaban a jugar con la cámara y me desafiaban a meter toda esa escena perfecta en una sola toma. Tarea imposible con mi equipo y nivel actual. Desde lo alto de la antigua muralla se podía ver un mar más azul que el mismo cielo con decenas de veleros moviéndose lentamente demostrando que sus dueños no tienen nada de que preocuparse.


El calor era insoportable así que bajé hasta la playa para refrescarme. En esta parte del mundo las playas son de piedras lo que las hace un poco más incómodas para tomar sol. Este hecho no desanimó a dos viejas que estaban tomando sol como Dios las trajo al mundo hace más de 60 años. El exceso de arrugas y carnes colgantes me asustó y volví rápidamente a la ciudad. Casi de casualidad me encontré con los dos muchachos de Singapur y nos fuimos a comer unas rabas del otro lado de la península, dónde cambiamos a las abuelas en topless por una sirena (foto).

Cuando nos acordamos el reloj ya había pasado las 5 por varios minutos. Fuimos corriendo al lugar de reunión, desentonando un poco con la tranquilidad del lugar y nos encontramos a nuestra querida guía puteándonos en algún dialecto esloveno del noreste porque se le estaban por acabar los minutos de estacionamiento en la ciudad. Para terminar nuestra excursión nos llevaron a un castillo emplazado en la entrada de una cueva, otra de las postales de Eslovenia. El castillo tiene su historia pero me costó entender el inglés de la guía y no la terminé de entender. Lo interesante es que al estar en un acantilado tiene una protección natural desde atrás y uno de los costados, por lo que solo podía ser amenazado por 2 flancos. Pero ahora que lo pienso….lo podían atacar desde arriba, a nadie se le habrá ocurrido? La trampa para los turistas es que te hacen pagar la entrada pero adentro el castillo está totalmente vacío, así que ya saben, saquen la foto y váyanse.

Conclusión: el país tiene realmente mucho para ofrecer, aunque quizás la infraestructura podría ser un poco mejor. No pasen más de dos días en Ljubljana porque sinó se van a aburrir. La gente en general es muy amable y casi todos hablan inglés. El que no hace su mejor esfuerzo y es fácil hacerse entender (tarea que puede llegar a hacerse imposible en Hungría por ejemplo). El idioma esloveno tiene muchas similitudes con el Croata, Bosnio y Serbio. La gente de un país se hace entender perfectamente en el resto. Pero algunas de las palabras más básicas son diferentes, tengan cuidado.

En Croacia el saludo es “Bok”. Mi primer día en Eslovenia me quise hacer el entendido, entro a un negocio y grito “Bok!!!”. La vieja me miraba como te miran los monos cuando vas al zoológico. Nunca aprendí como saludar, pero gracias (hvala) y cerveza (pivo) se dice igual en todos los idiomas. Para los muchachos solteros: las chicas son más que simpáticas y buena onda, en general un 8.5 diría yo. Al igual que en Hungría vienen un poco rellenitas a causa de la dieta local, pero si se llevan alguna a casa, el modo de vida y comida Argenta las va a convertir en la envidia del barrio.

Espero que les haya gustado, en la próxima edición Bosnia y Herzegovina.