Ese es el tiempo que le queda a este viaje. Como
algunos de ustedes sabrán, durante mi semana en Budapest tomé en consideración
todo lo que tenía en Argentina y lo poco que tengo en Europa. A eso le sumé la
falta de motivación y de trabajo que hay en Europa por lo que tomé la decisión
de adelantar mi regreso. Convertí una mudanza a Europa del este en un tour de
dos meses alrededor de España. Y estoy muy feliz con mi decisión. Así que
ahora, faltando 254 horas (un poco menos de 11 días) para mi regreso voy a
empezar a relatar esta mini aventura.
Como recordarán, mi viaje empezó en Madrid donde
estuve una semana. Luego de la semana en Budapest regresé a España, más
específicamente a Barcelona donde estuve unos 7 días. Personalmente me gustó
mucho más Barcelona que Madrid, aunque son ciudades completamente diferentes y
vale la pena visitar ambas y pasar un buen rato recorriendo las avenidas,
callejones, plazas y bares de tapas. España es un país con miles y miles de
años de historia y por su territorio pasaron diferentes pueblos. En un
principio fueron los fenicios, luego los romanos, los visigodos, los árabes y
por último los católicos que con la inquisición erradicaron al resto de los
pueblos de la península ibérica.
Toda esta ida y venida de gente causó que hoy en
día España sea un país sumamente heterogéneo, en todo sentido. Después de 6
semanas de recorrida les puedo decir que al ir de una parte a la otra del país,
lo único que se mantiene constante es el hábito de salir de tapas, aunque lo
que se sirve como tapas varía mucho de región en región, en cualquier lado se
puede encontrar una tostada con jamón ibérico o el bocadillo de tortilla. Pero
fuera de eso, no hay nada que se pueda considerar homogéneo en todo el país, ni
siquiera el idioma. Supuestamente el español se debería hablar en todos lados,
pero hay lugares (generalmente los pueblos más chicos) donde puede haber gente
mayor que no lo hable o que no quiera usarlo.
Barcelona queda en Cataluña, en la región noreste
del país. Además del español se habla catalán (mejor dicho, la gente habla
catalán, pero también aprenden español en el colegio, aunque como ya dije, en
los pueblos más chicos quizás solo hablen catalán). Este idioma es una mezcla
entre el castellano que nosotros conocemos y el francés. Aquellos que hablae
francés van a encontrar las similitudes, los que no hablamos pero chamuyamos un
poco, también. Si alguien quiere excluirlos de una conversación, hablando un
catalán cerrado lo va a lograr. Es bastante complicado de entender si no
estamos familiarizados. En cambio, al leerlo la cosa se simplifica y si van en
el metro aburridos, puede ser que se entretengan un rato leyendo alguna edición
del diario en catalán (o por lo menos pueden mirar las fotos).
En Barcelona van a encontrar de todo. En serio, es
gigante. Tiene playas, montañas a menos de 2 horas de viaje para practicar
deportes invernales, tiene un castillo, está rodeada de montes con vistas
panorámicas increíbles, tiene vida nocturna absolutamente todos los días, al
igual que Londres es una ciudad muy cosmopolita, llena de gente de diferentes
países y culturas. Tiene construcciones de hace cientos de años y edificios
super modernos. El aire que se respira allí es diferente, es una mezcla de la
brisa del mar, el olor de la enorme masa de gente y de las frituras que salen
de los restaurantes. El sello arquitectónico de la ciudad lo dejó un tipo llamado
Gaudí. Si no saben quien fue los invito a que lo Googleen.
La biografía que nos venden es que cuando este
señor era niño vivía en una granja y se sintió muy atraído a la naturaleza, los
animales, las platas y las flores. Estudió detalladamente las estructuras de
los troncos de los árboles, como las flores se iban abriendo y sus pétalos se
separaban, los panales de las abejas, etc. O sea, si la naturaleza hace las
cosas de esa forma debe ser porque funciona, todos sabemos que la naturaleza es
sabia, si la celda del panal de la abeja es un hexágono, por algo será. Con los
años se convirtió en un arquitecto y en todas sus obras podemos ver un estilo
totalmente revolucionario que fue continuado por sus discípulos luego de su
muerte.
Lo más representativo de éste hombre, entre otras
cosas, se encuentra en el parque Güell, en el diseño del paseo da grácia, en la
casa Batlló (foto de la izquieda), la Pedrera y en la Sagrada
Familia. Este último monumento es uno de los más visitados de la ciudad de
Barcelona y todavía está en construcción. Lleva más de 120 años en obra y se
prevé que estará terminada alrededor del 2035. ¿Por qué tardaron tanto? Bueno, todos
sabemos que los grandes monumentos que existen en nuestro mundo, como las
pirámides de Egipto fueron hechos desgraciadamente con esclavos descartables.
Con mano de obra barata cualquiera puede hacer cosas impresionantes. Al estar
abolida la esclavitud y tener que pagarle a los obreros, la construcción sufrió
varias demoras y pausas a lo largo del tiempo (es realmente inmenso y con miles
de detalles, vale la pena ir y quedarse un buen tiempo apreciándolo).
Otra de las razones de la tardanza es que este tipo
era tan revolucionario que no existían métodos prácticos para ejecutar lo que
él dibujaba. Hubo que esperar avances tecnológicos y mejoras de diversas
técnicas para poder alcanzar lo que estaba especificado en los planos. Es por esto
que cuando vemos el avanze de la obra a lo largo de los años, se puede ver que
al principio venía a pasitos de tortuga pero que se fue acelerando en las
últimas décadas. Por último, está la leyenda de que Gaudí pretendía que cada
generación le agregara algo a la Sagrada Familia y de esa forma nunca estará
del todo finalizada, sino que estaría en constantes reformas. En fin, vayan,
mírenla, paguen la entrada porque vale la pena, ojo con los bolsillos porque
para llegar al monumento hay que eludir un cordón de pungas, y una vez adentro
lean la historia y asómbrense.
Hablando de pungas, ya les comenté en un post
anterior como viene la onda de los gitanos en esta ciudad y de lo paquis (como
los llaman acá cariñosamente) que venden cerveza. En realidad quizás no se dan
cuenta de que les quieren vender. Dicen rápidamente “¿cervesabir?”, lo que
trata de ser un “Cerveza/beer” asegurándose de alcanzar tanto al mercado
hispanohablante como al resto del mundo. Continué un poco más la investigación
y con mi amigo agarramos a uno con las manos en la masa y aquí está el video
mostrándoles como deja la cerveza cuando aparece la policía, el muchacho se
hace el boludo y cuando pasa el peligro, vuelve a buscar la mercadería:
Una semana fue más o menos suficiente para llevarme
una buena impresión de la ciudad, por supuesto que si uno se queda un mes
encontrará cosas nuevas todos los días, pero para un viaje de 60 días, gastar
más de una semana sería demasiado. Ahora sí empezaría el viaje solitario, hasta
ese momento había estado con una amiga en Madrid y con mi amigo Argento en
Barcelona y Lituania, pero armé mi mochila, la cargué con los 15 kg que me
permite llevar Ryanair, dejé el resto del equipaje en su casa y me fui a la
estación de buses para tomar un bondi a Valencia, la próxima parada de mi
viaje.
Amigos! Han pasado dos semanas desde mi último post
y, contestando la pregunta de varios de ustedes: No, no me han deportado sino
que estas dos semanas fueron las más intensas del viaje, demasiado para hacer
en poco tiempo, muchos festejos por mi cumpleaños (siempre mi cumple, pero
festejado varias veces en distintas ciudades), turisteando y bueno, también hay
que dormir. Recién ahora tengo unos pocos minutos para seguir relatando mi
viaje.
Luego de Lituania tuve que regresar una semana a Hungría para cerrar
unos temas pendientes (léase recuperar un mate, bombilla, termo y paquete de
yerba que dejé allí). Tomé un vuelo de LOT, la aerolínea Polaca y volé hacia
Budapest, realizando una escala en Varsovia, donde aproveché a escribir las
primeras líneas del post “Un poco de meditación y más gastronomía madrileña”.
Un vuelo sin problemas ni demora que si bien no era “low cost” (más bien todo
lo contrario) no me dieron ni un sándwich por lo que al llegar a Budapest solo
podía pensar en comer alguno de esos platos que tanto me habían enamorado 8
meses atrás.
No les voy a contar en detalle toda mi semana allí porque básicamente lo
que hice fue encontrarme con amigos, dar vueltas por la ciudad, el castillo,
comer comidas típicas (como los alucinantes kürtőskalács hagan click acá para ver en un video como lo hacen) y visitar algún que
otro lugar que me había quedado pendiente del año pasado. Bueno, y como dije,
también recuperar mi equipo de mate, por supuesto. Esto me llevó a visitar por
unas horas la ciudad de Jászberény, donde estuve viviendo casi 6 meses el año
pasado. Muchos de ustedes me preguntaron como era la ciudad, que se siente
vivir allí y todas estas preguntas estaban respondidas en un borrador del año
pasado de este blog que nunca salió a la luz por una razón o por otra. Así que
voy a desempolvar esas líneas, completar un poco la información y agregarle las
sensaciones de ésta última visita. El post original (escrito más o menos en
marzo de 2011) decía algo así:
Con mi valija y mis dos mochilas llegué a Londres sin tener bien claro
que iba a hacer mientras buscaba trabajo, ni donde iba a vivir ni con quién.
Las cosas se fueron acomodando lentamente, como habrán estado leyendo, y al
cabo de una serie de entrevistas me fui dando cuenta de lo que NO quería y al
mismo tiempo fui conociendo gente nueva, con diferentes ideas y puntos de vista
que me enriquecieron de formas que jamás hubiera logrado quedándome en mi casa
mirando la vida pasar por la ventana.
Un día recibí un llamado que me proponía un proyecto corto en Hungría,
en Budapest. A esa altura ya estaba un poco cansado de viajar (nota de abril
2012: ya estaba cansado en ese momento, imaginen ahora…), necesitaba la
estabilidad de un trabajo, una pequeña rutina como de la que escapé en Buenos
Aires, pero que al mismo tiempo alimentara un poco el bolsillo para seguir
viajando cuando volvieran las ganas. Para serles sinceros, nunca supe mucho de
Hungría, pero lo poco que sabía me interesaba así que en ese mismo momento
acepté el trabajo, compré el pasaje aéreo y el fin de semana siguiente estaba sufriendo
los eventos relatados acá y acá.
Al llegar a Hungría, el taxista en lugar de conducir hacia la ciudad, tomó
la autopista en dirección oeste. Por suerte el conductor hablaba algo de inglés
y cuando le pregunté hacia a donde íbamos, me mostró una dirección escrita en
la ciudad de Jászberény. Así de sorprendido me quedé. Desde ese mismo momento, y
por lo menos por tres meses dejaría de lado las grandes urbes como Buenos Aires
o Londres para empezar a vivir en una pequeña aldea en el medio del campo húngaro.
Pero en fin….si recuerdan todo lo que me tocó vivir ese fatídico domingo, el
cansancio me ganaba la pulseada y me quedé dormido en el taxi.
Ahora a casi tres meses haber llegado a esta ciudad, creo que es el
momento oportuno de hacer una pequeña reseña, por si en algún momento de sus
vidas vienen a parar acá; evento altamente improbable ya que la ciudad tiene
muy poco que ofrecer para los turistas.
Jászberény (la pronunciación sería algo como “iaasbereeñ”) es una
diminuta ciudad del condado Jász-Nagykun-Szolnok en el
centro de Hungría. Está a unos 100 km de Budapest y las ciudades importantes
que están cerca son Hatvan y Szolnok. Cuando empecé a aprender los números en
húngaro me di cuenta que hatvan significa 60 y esto no es casualidad, la
estación de tren de Hatvan está exactamente a 60 km de la estación central de
Budapest (Keleti). Un nombre muy original como podrán apreciar.
La ciudad
fue fundada alrededor del sigo 13 por una tribu que provenía de Irán llamados
los “Jász”. El húngaro es el quinto idioma más difícil de aprender en el mundo
por los tiempos verbales que tiene, las formas de armar las oraciones, los mil
quinientos sinónimos que existen y porque no se parece en nada al resto de los
idiomas en el planeta. Los asentamientos en Hungría provinieron del centro de
Asia por lo que hoy en día solamente se pueden encontrar palabras similares en
un idioma hablado por los Kazahs, una tribu turca que vive por la zona de los
países asiáticos que terminan en “…tán”. De yapa, un video mío hablando en húngaro
(nota abril 2012: el vídeo es de febrero de 2011, mi húngaro ha mejorado
considerablemente…o eso quiero creer):
El
pueblito en cuestión tiene solamente 28.000 habitantes que desaparecen
alrededor de las 19 horas, como pueden ver en el siguiente video:
Durante
el gobierno de los Habsburgos la gente local tenía que pagar altísimos
impuestos a Austria, por lo que decidieron unirse para lograr su independencia
por medio del “Acto de redención”. Durante los años comunistas se construyó una
cárcel en el centro de la ciudad que ahora ha sido remodelada y alberga varios
negocios y un centro de fitness (al que voy yo) llamado börtönudvar (Börtön =
cárcel, nudvar = patio). Así es, entreno donde antes entrenaban los reclusos
anticomunistas.
En el centro
de la ciudad, en frente a la ex-prisión se encuentra la iglesia principal, “la grande” como la llaman los locales o “la
ruidosa” como la apodamos cariñosamente los del laburo. Tiene un molesto
carillón que toca siempre la misma canción al dar la hora y la media hora. Lo
peor de todo esto es que dura unos 5 minutos y la iglesia está a sólo 40 metros
lineales de mi hotel. Por suerte este instrumento diabólico, irónicamente
situado en la casa de Dios, deja de tocar alrededor de las 22 horas lo que nos
permite dormir, pero arranca nuevamente a las 6:30 am! Y yo no necesito
despertarme hasta las 7:15!! La mayoría simplemente se resignó y se levantan a
las 6:30, salen a dar una vuelta, leer las noticias, desayunar con más tiempo,
etc etc. Imagínense como será del ruido que se escucha desde la oficina a 4 km,
si el viento sopla para ese lado.
Frente a
la iglesia está la escuela secundaria llamada Lehel. En realidad, todo se llama
Lehel en esta ciudad. Las calles, puentes, negocios, escuelas, fábricas, etc.
Lehel fue el líder de una tribu que vivió por allí hace unos mil años. Hay una
leyenda relacionada con él. Resulta que en algún momento de la historia los
alemanes se enfrentaron con los húngaros y luego de capturar a Lehel, lo
condenaron a muerte. Antes de la ejecución, le concedieron al hombre un último
deseo. Lehel pidió su cuerno para hacerlo sonar por última vez. Le alcanzaron
el instrumento y cuando estaba preparándose para tocarlo, se lo arrojó a su
captor en la cabeza y lo mató de un cuernazo. Los guardias procedieron a
ejecutar a Lehel en el acto. Esto lo hizo porque entre ellos estaba la creencia
de que si matan a alguien, esa otra persona será su sirviente en la próxima
vida. El cuerno original de ésta leyenda (sí, dicen que es el original) está
expuesto en el museo de la ciudad al que algún día voy a visitar (Nota de abril
2012: nunca fui, jaja).
Si bien
es pequeña, la ciudad es importante para los húngaros, y casi toda la gente de
otras ciudades con la que charlo la conoce. No se exactamente porqué, quizás es
por el festival que se realiza en verano, por la fábrica en la que yo trabajo o
porque según cuenta la leyenda, los restos de Attila el Huno están en algún
lugar de esta ciudad.
La ciudad
vive casi en su totalidad de la fábrica en la que yo trabajo, y los que no
trabajan directamente allí lo hacen indirectamente brindando servicios a los
miles de trabajadores de la planta. Muy poca gente tiene actividades no
relacionadas con esto y en su mayoría se concentran en actividades rurales, ya
que la ciudad, como pueden ver en las fotos está rodeada de campos. Además de
campos hay unas lagunas así que apenas empezó a asomarse la primavera, pedí
prestada una bicicleta en el hotel, empaqué el mate en mi mejor compañera y me
fui a tomar unos matecitos al costado del agua.
(De aquí
en adelante, escrito en abril 2012)
La vida
acá tiene otro ritmo. La gente se levanta bien temprano, van caminando o en
bicicleta a sus trabajos (aunque todos tienen auto para huir de la aldea cuando
se aburren), los colectivos urbanos casi no existen. Apenas vuelven de trabajar
en la fábrica (a eso de las 7 pm) comen una cena y a las 10 pm ya están en la
cama. Como creo que ya les conté, esto implica que después de las 8 pm
aproximadamente los restaurantes cierran las cocinas y solamente sirven
bebidas, por lo que los primeros días que fui al gimnasio sin ser conciente de
esto tuve que cenar un yogurt y un paquete de galletitas comprados en el
negocio de 24 hs.
Casi no
hay vida nocturna. La gente se concentra en los “söröző”. Sör significa cerveza
así que la traducción sería “lugar donde venden cerveza”. La onda de estos lugares
es mínima, la gente va más que nada para emborracharse, la birra es bastante
barata. Yo fui sólo a dos. Uno que tenía cierto ambiente setentoso, como tomado
de alguna película yanqui en el que el pobre protagonista se pierde en algún
pueblo de Omaha. Sin embargo parece que no era muy popular entre los locales ya
que cerró al poco tiempo. Luego fui a otro ubicado en un sótano de una casa,
que le daba una onda clandestina, donde el dueño de casa iba a buscar las
bebidas a su propia heladera. Había un metegol y una rock-ola pero no me
motivaron lo suficiente como para regresar.
Lo más
divertido que hice en las noches de invierno (cuando todo solía estar cubierto de
nieve) era ir al supermercado de 24 horas ubicado en las afueras de la ciudad,
dar un pequeño paseo por adentro para acumular calor entre la campera y la
piel, comprar una cerveza y tomarla afuera, al aire libre, enterrándola de vez
en cuando en la nieve para que conservara el frío como si fuera necesario,
mirando a las estrellas y pensando que estaría pasando en ese mismo momento en
Buenos Aires.
Si bien
al principio fue difícil adaptarme a éste nuevo de vida, eventualmente lo hice
y a aprendí a disfrutarlo. Llegué a no extrañar tanto la gran ciudad que había
dejado atrás, sobre todo cuando llegaron la primavera y el verano en los que
esa fría y desértica aldea que ven en el video se convirtió en un pueblo lleno
de vida, con gente colmando los cafés, heladerías y formando colas de autos en
los semáforos, como si todos sus habitantes hubieran terminado de hibernar.
Al
regresar este año todavía la primavera no se hacía sentir del todo y recordé
las sensaciones de los primeros días, que por el sólo hecho de haber pasado
hace bastante tiempo (más de una año ya), movieron un poco el corazoncito de
éste Argento que les escribe. Preparé un video con el momento exacto en el que
llegué a la ciudad, para que la vean con sus propios ojos como la veía yo todos
los días al volver del trabajo. Espero que les guste:
(Noviembre de 2011) “Pablo, además del viajecito al
Valle de Nuria, tengo unos pasajes para irme a Lituania en marzo, ¿te prendés?
Hay un castillito para hacer fotos, te va a gustar”. Así continuó la
conversación con la que arrancó el post anterior. Esta vez ya no estaba tan
seguro y me tomé unos días para tomar la decisión. Finalmente compré el pasaje
por Ryanair (la aerolínea low cost por excelencia) y como en el caso anterior, le
dije a mi amigo que se encargara de los detalles.
Después de nuestra paupérrima planificación para
Valle de Nuria, nos esforzamos un poco más a la hora de elegir la ropa y ésta
vez llevamos yerba y bombilla (al Valle habíamos llevado el mate pero en algún
lado habíamos dejado olvidado el resto del equipo…). Mi amigo ya es todo un
experto en éste país Báltico, conoce todos sus secretos, las frases básicas
(Hola: 'labas' como el título del post, Chau, Gracias, Cerveza, etc) y me aseguró que esta vez sí sabía a donde
estábamos yendo, solamente que nunca había ido en invierno así que no sabía que
tan duro era lo que nos esperaba.
Como todos sabemos las aerolíneas son super
estrictas con las restricciones de tamaño y peso de los equipajes, sobre todo
las low cost. Ellas apuestan a que uno haga todo por Internet, la compra, el
check-in, la impresión de la tarjeta de embarque y la compra de equipaje
adicional. En caso de tener que hacer cualquiera de estas cosas en el
aeropuerto, el costo de gestión puede superar al del pasaje, por ejemplo,
imprimir la tarjeta de embarque en el aeropuerto sale €60 (sí, leyeron bien). O
quizás el equipaje de mano supera las medidas y el peso permitido, por lo que
te obligan a despacharla, cobrando la gestión correspondiente. Siempre hay que
leer la letra chica porque estos viajes low cost te pueden dar una sorpresita.
Para nuestro viaje, Ryanair permitía llevar 15 kg y
con ayuda de mi balanza de equipajes, de la que todos se rieron antes de irme,
logramos hacer que en el aeropuerto la valija pesara exactamente 15 kg. Todo
iba sobre ruedas. Subimos al avión y después de algunas discusiones con las
azafatas nos acomodamos en nuestros asientos y nos preparamos para las 3 horas
de vuelo que teníamos por delante. Como ya saben, no te dan nada para comer ni
tomar, todo lo cobran como si estuvieras en el Sheraton, así que llevamos
nuestras provisiones. Durante el vuelo no solamente pasan a ofrecerte comida,
sino que a intervalos de 25 minutos aproximadamente, pasan a vender perfumes,
billetes de lotería, tarjetas telefónicas, puchos que no largan humo, algo para
donar a la caridad, revistas, etc etc.
Lituania tiene una hora más que el resto de Europa,
por lo que adelantamos los relojes al despegar. Pero esto nos jugó una mala
pasada y no nos dimos cuenta que el avión estaba tardando más de lo esperado.
Según nos indicó el piloto, el viento nos había jugado una mala pasada y
llegaríamos una hora más tarde….después me preguntan porqué no me gustan los
aviones…. Finalmente, una hora más tarde de lo prometido, llegamos a Lituania.
Cambiamos algo de dinero y partimos hacia el hostel.
Antes del viaje me imaginaba Vilna, la capital de
Lituania, como una ciudad parecida a Zagreb; muy fría en ésta época del año,
tanto que iba a ser imposible salir a la noche; precios bien bajos; comida
buena y barata; lleno de modelos altas, rubias con ojos azul profundo, todas acompañadas
por algún tipo con cara de mafioso; y un idioma complicado pero no tan incomprensible
como el húngaro. Bueno, mi intuición estaba en lo correcto, era todo tal cual
me lo imaginaba.
Debido a la demora del vuelo, llegamos cuando el
sol ya había bajado y el frío de la noche se empezaba a sentir. El hostel
estaba a unos 20 minutos caminando (30 si se está arrastrando una valija de 15
kilos). La calle estaba desierta. Cada tanto se veía a alguien paseando a su
perro (habría que preguntarle al perro si quería salir a pasear con 10 grados
bajo cero). Llegamos al hostel, tiramos nuestras cosas por ahí y salimos en
busca de comida. No tengo palabras para explicar el frío que hacía. Pocas veces
en mi vida sufrí tanto, como pueden ver en el video. Nos metimos a comer una
pizza en el primer lugar que se cruzó.
Al día siguiente, ya con temperaturas sobre cero
(aunque no muy distantes a él) salimos a dar una vuelta por la ciudad. Una de
las mayores atracciones es el museo de la KGB, que está ubicado en el edificio
en donde estaban instaladas las oficinas de la KGB en la época comunista. Se
pueden ver las distintas dependencias y hasta las cárceles ubicadas en el
subsuelo. Recomendable. Después cruzamos el río y, nuevamente, nos metimos en
un restaurante para escaparnos del frío. Aprovechamos para pedir un poco de la
comida típica Lituana. Lo que más se destaca son los “Kibinine” que son unas
empanadas (así de fácil). Se pueden pedir con distintos rellenos, como ser
cebolla, verduras, pero el país es bastante carnívoro por lo que las opciones
más comunes son carne de vaca, de cerdo, de venado y cordero. Son un poco más
grandes que las argentas y mucho más masudas.
Lo segundo que tienen que probar son los “zeppelines”.
Son pequeñas granadas de la segunda guerra mundial con salsa. No se exactamente
la receta, es una masa de papa bastante aceitosa con forma ovalada rellenos de
carne. Si son bien machos traten de comerse dos seguidos. Me habían dicho que
eran terriblemente pesados y cuando los ví no pensé que iban a ser gran cosa,
pero les aseguro que el primer bocado los hace sentir satisfechos. Pidan algo
de cerveza local para ayudar a bajar este manjar.
Me olvidaba, antes de probar estos platos no
olviden empezar la comida pidiéndole al mozo una Šaltibarščia (se pronuncia más
o menos como “shatibarshchia”). No sólo el nombre es un desafío, a simple vista
es un poco chocante para el paladar argento, ya que es una sopa de color rosa,
muy famosa en los países bálticos pero extremadamente rara para nosotros. Está
hecha de verduras, yogurt y alguna raíz que desconozco que le da ese color. Yo
no me animé a probarla, mi amigo si y dijo que tenía buen sabor (además que
sobrevivió a la experiencia). Para bajar el almuerzo hicimos un pequeño paseo
por el río congelado, como se ve en el video.
Nuestro
segundo día en Lituania nos llevó a Trakai, una pequeña ciudad a unos pocos
kilómetros de Vilna donde está el castillo que mi amigo me había prometido unos
meses antes. Lo interesante es que este castillo está en el medio de una isla y
solo se puede acceder por puentes. En realidad casi todo el pueblo está rodeado
de varios lagos, lo que significa que en épocas medievales debía ser un lugar
bastante seguro para vivir, protegido por éstas masas de agua. Excepto en
invierno, cuando los lagos se congelan y pueden ser fácilmente cruzados a pie.
Nosotros llegamos casi al final del invierno y tuvimos la suerte de que los
lagos estaban casi completamente congelados. Como vimos gente caminando sobre
el hielo, nos animamos y cruzamos desde el castillo hasta la otra punta del
pueblo (ver el video).
El segundo atractivo de Trakai son los Kibinine.
Sí, ya los habíamos comido en Vilna, pero son originarios de Trakai. En este
pueblo van a degustar los mejores Kibinine de Lituania a precios londinenses.
Pero bueno, ya que estábamos ahí teníamos que probar. Nos metimos en un
restaurant que decía tener unos 200 años de antigüedad (foto) y pedimos kibinine de
distintos tipos de carne y un par de zeppelines. Se imaginan que después de
esta aventura, no podía hacer otra cosa que dormirme una alta siestadurante los
45 minutos de bus de vuelta a Vilna.
Nuestro viaje en éste país fue de modo “Express”.
Estuvimos muy pocos días, pero lo suficiente para conocer las ciudades. Si
alguna vez van a Vilna suban a la fortaleza para tener una buena vista de la
ciudad, sáquense fotos en el puente comunista, caminen por las callecitas de
tipo medieval que los van a transportar 500 años en el pasado y no se olviden
de ir a Užupis. Užupis significa “del otro lado del río” y justamente es un
barrio que queda cruzando un pequeño río (no el que estaba congelado en el
video anterior).
Este barrio tiene una onda Palermosa, solía ser un
criadero de ratas pero de a poco los tipos más bohemios se fueron instalando
ahí y ahora está lleno de restaurants y bares de última moda; y todos los
wannabe se quieren mudar ahí. Cuando crucen el río van a ver un cartel que dice
“Bienvenidos a la República de Užupis”. En 1997 a modo de joda se autodeclararon
como estado independiente con una armada de 12 personas. Si caminan unos metros
van a ver la Consitución escrita en la pared en varios idiomas. Cada loco con
su tema.
(Noviembre de 2011) “Pablo, se me ocurrió una idea
genial!!! Los españoles tienen una promo para ir desde Barcelona hasta el Valle
de Nuria ida y vuelta por solo 31 euros. Nos sacamos un hostelcito por allá y
nos vamos a pasear por el pueblito”. Esas fueron las palabras de Seba, mi amigo
Argento que vive en Barcelona desde hace más de 10 años. Eso me lo dijo hace
unos 4 meses, cuando por mi cabeza pasaban 800 cosas menos lo que iba a hacer
en Barcelona, pero como confío en su espíritu aventurero le dije “Vos dale para
adelante, reservá todo, y allá vemos los detalles”.
Finalmente el día llego. Era una fría mañana de
comienzos de marzo. No llegaban a ser las 7 de la mañana, por lo que el sol
todavía ni se asomaba y teníamos que acelerar el paso cada vez más para generar
calor. Llegamos a la estación de tren, compramos el famoso billete de promoción
en unas máquinas expendedoras y bajamos al andén. El viaje en tren sería de una
hora y media hasta una estación en el medio de la nada, y desde allí tomaríamos
otro tren “cremallera” que nos dejaría en nuestro destino final, el Valle de
Nuria, a 1900 metros de altura.
El primer tren no era nada del otro mundo. Por
supuesto que no era como viajar en el Sarmiento pero cuando uno habla de los
“trenes de Europa” nos imaginamos (o por lo menos yo imagino) trenes super
futuristas, que van a 700 km por hora, con Wi-Fi de ultra mega alta velocidad, donde
podés cargar tu computadora personal, también, ¿porque no? un mozo vestido de
frac que nos ofrece bebidas calientes complementarias y masitas secas. Bueno, esos
trenes, por lo menos en España son los menos. Hay uno que une Madrid y
Barcelona (sin mozo), quizás hayan más, pero este era más bien medio pelo.
Más o menos transcurrida la hora de viaje, mi amigo
y yo estábamos ya bien despiertos hablando de boludeces (¿que otra cosa vamos a
estar hablando?) con nuestro acento Argento-Rioplatense que, como veníamos
hablando a los gritos, se escuchaban desde el otro vagón. En eso, dos flaquitos
se nos ponen al lado y nos miran. Nosotros seguimos con lo nuestro cuando de
repente el más petiso de los dos se nos acerca en forma acelerada, pela una
chapa a lo CHiPs y dice “Policía, documentos”. Epa…
Jamás saco el pasaporte de mi hostel, mucho menos
para viajar en tren dentro del mismo país. Solamente lo uso cuando voy a volar
y no tengo ningún otro documento europeo que demuestre que no soy un ilegal que
entró en un cargamento de bananas. Por suerte ese día tenía el pasaporte
encima. Mi amigo le da su ID y yo el pasaporte. El rati lo mira, recorre todas
las páginas, vuelve a mirar la foto, me mira, recorre las páginas nuevamente,
se fija cada uno de los sellos que tengo y me pregunta “¿Esto es lo único que tienes?”
a lo que le contesto “¿Debería necesitar algo más?”. Como aprendimos en el programa
del Chavo, no se debe responder a una pregunta con otra pregunta, pero el poli
insistió “¿Hace cuánto que están en España?”.
Le respondimos y le pasa mi pasaporte al otro
muchacho que estaba atrás observando la situación. De nuevo recorre todas las
páginas del pasaporte y se comunica con alguien por radio y empieza a pasar mis
datos: “Charlie, Oscar, Lima, Alpha…..”. “Mmmmm esto no tiene buena pinta”
pensaba yo. Ya me imaginaba la humillación de salir esposado del tren,
solamente por haber hablado con mi acento Argento, me imaginaba a mi pobre
mochila azul, sola, tirada en algún rincón de una comisaría catalana
extrañándome. Imaginaba como se reirían todos ustedes al escuchar la historia.
En fin, nada pasó, nos devolvieron los documentos y los muchachos siguieron su
camino.
Llegamos a nuestra estación. Si por la mañana
habíamos sentido frío, esto era freezer. A los 5 minutos ya extrañaba el clima
mediterráneo. Tuvimos que esperar una media hora hasta la partida de nuestro
tren de cremallera. Más de ustedes se preguntarán ¿Qué carajos es un tren de
cremallera? Bueno, la respuesta ya la deben saber, pero quizás no con ese
nombre específico. Es un tipo de tren que además de tener las 2 vías, tiene una
cremallera con un engranaje en el medio que le permite “trepar” la montaña y no
resbalarse en el intento. Este tren trepaba unos 1000 metros, desde los 900
sobre el nivel del mar hasta los 1900. (más info en http://es.wikipedia.org/wiki/Ferrocarril_de_cremallera).
Al llegar a nuestro destino nos dimos cuenta que
deberíamos haber hecho un poco más de investigación al decidir ir a este lugar.
Por lo menos para elegir mejor nuestra ropa y llevar algo más adecuado. No
había ningún pueblito en las montañas, ni bosques para caminar ni ríos ni
animales silvestres. Nos encontramos en el medio de un centro de esquí (el
centro, Valle de Nuria, por supuesto) donde lo único que se podía hacer en ésta
época del año, era esquiar. Nuestro amigo Google nos habría hecho las cosas mucho
más fáciles, pero decidimos lanzarnos a la aventura y ésta vez no nos salió del
todo bien.
Para llegar al albergue que habíamos reservado era
necesario subir con una telecabina que hacía su último ascenso a las 17:30 por
lo que a partir de esa hora éramos presos en ésta pequeña cabaña en el medio de
las montañas. El primer día hicimos poco y nada. Dimos un par de vueltas,
dormimos unas siestas para cargar las pilas y salimos a ver si había más gente
por ahí. Nuestros compañeros de aventuras eran unos pendejos de entre 8 y 10
años. Debía haber más o menos 70 pero hacían ruido como si fueran 150. Cuando
la noche cayó se me venían flashes de la película “El Resplandor” e imaginaba a
un loco con un hacha persiguiéndolos. Comimos una cena más o menos decente y
como buenos chicos que somos, a las 11 pm ya estábamos en la cama.
Como ya detallé, la única actividad que se podía
hacer era esquiar, por lo que al día siguiente alquilé equipos, compré el
forfait y me lancé a las pistas. Cabe destacar que yo no tenía idea de que
estaba yendo a un centro de esquí, ni siquiera sabía que iba a caminar todo el
día en la nieve y en el hielo por lo que no tenía ni la mitad de la ropa que
hubiera necesitado. Mi campera de esquí estaba en Hungría. Mis pantalones de
esquí en Argentina. Pero un Argento por Europa se la rebusca, si no hay medias
térmicas te pones 2 pares de las normales. Si vas a esquiar en jean, procurá no
caerte y listo (para no mojarte y congelarte). Si no tenés cuellito….bueno,
preparate para estar refriado al día siguiente, pero hay que dejar de
mariconear y animarse a más.
Comencé a calentar las piernas en la pista de
principiantes, como pueden ver en el video y si bien al empezar el día pensé en
no hacer pistas rojas para evitar lesiones, a la media hora ya estaba aburrido
del poma y de bajar en 10 segundos, así que me acerqué a la aerosilla que
llevaba hasta la cima. La telesilla estaba parada. Miro a la cabina y sale el
viejo que la operaba. Se saca las lagañas, me saluda y le pregunto “¿Está
andando?”. “Si no hay nadie, no la prendo….”, me contesta. “¿Por mi la
enciende?”. Me miró de arriba abajo y sin parecer muy convencido me dice: “Mira
que está fresco arriba, te vas a cagar de frío. Además está todo lleno de hielo
y hay 2 máquinas pisa nieve rotas. Si quieres sube, pero avísame cuando bajas
así se que no te tenemos que ir a buscar…”.
Le sonreí y me subí a la silla. No se si me tiró
todo ese sermón porque no quería encender la silla o si realmente estaba tan
complicado. Arranca la máquina y me grita “¡¡¡Ten cuidado arriba tío!!!”.
Pffff. Ayer me querían deportar y hoy me quieren mandar de vuelta a Argentina
en un cajón. Tenía razón con lo del frío y el hielo, pero no era nada del otro
mundo, simplemente seguía su instinto de evitar trabajar (cuando lo único que
tiene que hacer es mover una palanca para accionar la silla). Una vez arriba,
después de pasar la parte más complicada llena de hielo y árboles, llegué a
donde se dividían los caminos para ir a las distintas pistas. El flaquito me
dijo que tomara la pista 6, porque en las otras estaban las máquinas varadas.
Saque el mapa de mi bolsillo y cuando lo desplegué, el viento no me dio ni un
segundo para ver cual era la pista 6. El mapa fue arrancado de mis manos y solo
me quedó un pedacito de la esquina superior izquierda, justamente desde donde
sostenía el papel. Ups….
La experiencia estuvo bastante buena pero mi falta
de equipo se hizo sentir y no podía hacer más de dos subidas y bajadas sin
parar un rato dentro de un refugio para no congelarme. Hasta que el frío y el
hecho de que mi amigo no esquiaba y se estaba embolando me llevaron a devolver
los equipos y regresar a Barcelona por la tarde, deshaciendo el mismo camino
que hicimos. Valió la pena haber esquiado en los Pirineos por primera vez, más
que nada sin tener ninguna expectativa de ello al salir el día anterior. Nunca
está de más hacer un poco de ejercicio y sumar un par de kilómetros de pistas
esquiadas. Pero por más bueno que está tirarse a la pileta así de una, primero
hay que cerciorarse de que tenga agua.
Tengo tanto para contar que no se por donde empezar. Todo el tiempo
estoy pensando “esto tiene que ir a parar al blog”, a veces escribo una nota en
el celu o en un papel pero el tiempo es tirano, especialmente cuando uno está
lejos de casa y si ni siquiera tengo unas horas para dormir, mucho menos voy a
tener para escribirles. Estoy tentado de saltear varias experiencias e ir
directamente a lo sucedido hace pocos días, pero voy a tratar de seguir el
orden cronológico de los hechos y de ponerme al día durante la próxima semana.
Me encuentro en el aeropuerto de la ciudad de Varsovia (Polonia). Un
pibito indio acaba de chocar un carro porta equipajes con el que estaba jugando
contra los asientos de chapa de la sala de espera. Se colgó mirándome (o mejor
dicho escuchándome) mientras hacía sonar mi pañuelo, resultado de las
temperaturas bajo cero a las que estuve expuesto durante estos últimos días en
Vilna. Seguramente el cuerpo humano está preparado de una forma u otra para
resistir el cambio de 38 grados a -10, pero sin lugar a dudas estos casi 50
grados de diferencia fueron demasiado para mi sistema inmunológico Argento y
algún virus lituano se filtro en mi torrente sanguíneo.
Hoy me desperté pensando en el tiempo. Tranquilos, no es un divague, ayer
solo consumí dos cervezas pero este concepto está fijo hoy en mi cabeza y todo
a mi alrededor se relaciona con él. Al hostel llegó un flaco hace dos días que
estaba desde que se levantaba hasta que se acostaba con la computadora. Yo
pensaba: “que pérdida de tiempo”. Viendo el mapa de Lituania y todos los
lugares que me recomendaban visitar, siempre contestaba “no tengo tiempo”.
Analizando el mapa de Europa, tratando de armar un itinerario que optimice el
“tiempo” en cada lugar, la ruta, el “tiempo” de viaje, el costo y el clima (en
ésta época del año hay que prestarle atención a eso) me di cuenta que
desgraciadamente no alcanza una vida para recorrer el continente, y mucho menos
todo el mundo. Hay gente que se acerca bastante dedicando años de su vida a
viajar sin cesar, con una sola mochila, el presupuesto super limitado, cosechando
arroz para ganar unos pesos y bañándose solo cuando llueve. ¿Yo quiero hacer eso?
No.
El tiempo, en caso de existir, es relativo para cada uno de nosotros. El
tiempo siempre está allí, el tema es como lo organizamos. Decir “no tengo
tiempo” es no sentarse lo suficiente a pensar y priorizar nuestra acciones y
decisiones. Me doy cuenta que para mi el tiempo pasa demasiado rápido. Más allá
del parecido físico, no soy como el Richard de Lost a quien el paso del tiempo
no lo afecta, todo lo contrario, cuando miro hacia atrás siento que todo pasó
mucho antes de lo que realmente sucedió. Todavía no tengo ni tres semanas en
Europa pero para mis sentidos estuve acá hace un año. Siento que a todos
ustedes que leen los ví por última vez hace años y esta sensación desaparece en
el momento exacto que los veo de nuevo, siendo reemplazado por un sentimiento
de “nunca me fui”.
Se que este divague no les interesa a todos los lectores. A ellos los
invito a avanzar rápidamente un par de párrafos para continuar con las
experiencias que viví en Madrid. Para el resto que quiere continuar leyendo les
comento que todo eso que relataba en el primer post del año 2012, hace 2
semanas, se mantiene exactamente igual. Desgraciadamente no encontré la
motivación para seguir adelante. En pocos días llegué a revivir unas cuantas
experiencias negativas que me desmotivaban desde un principio a las cuales se
agregaron unas nuevas. Además, este paso acelerado del tiempo me hace sentir
que estoy siendo aquejado por meses enteros y no días. Estoy convencido de que esto es una señal para poner en la balanza todo
lo vivido hasta el momento y reconsiderar dónde quiero estar, que quiero hacer
y con quién compartir mi “tiempo”. Aunque la decisión afecte solo al corto
plazo. Creo que lo más importante es hacer lo que uno quiere y estar donde uno
se siente más cómodo y querido. Eso no significa que volveré a Buenos Aires la
semana que viene, pero definitivamente no será en diciembre. En fin, el argento
ahora está en Europa y de momento está disfrutando al máximo. Ahora sí, lo que
me quedó colgado sobre la capital española.
Empecé mi recorrida en la Plaza España en la que se erige un monumento a
Cervantes y hay una fuente bastante decente para hacer unas buenas fotos. Fue
mi primer contacto con la parte turística de Madrid y me llamó la atención la
cantidad de turistas, más que nada para ser febrero. Había una pequeña feria
con productos españoles a precios absolutamente turísticos y también muchas
baratijas chinas, también a precios bastante inflados. El aroma de la plaza era
sugerente. Olor a asado argento. Mi olfato me dirigió a la mega parrilla que
pueden ver en la foto, pero no caí en la tentación y decidí guardar mi apetito
para probar las típicas comidas españolas de varios pasos.
Caminé hacia el sur, pasé frente al Palacio Real y doblé a la izquierda
en la calle mayor, en dirección a la Plaza Mayor. Pero antes de llegar el
hambre pudo más, así que me metí en uno de los miles de callejones y caí en un
barcito para nada turístico que ofrecía un menú de dos platos por €8.50. Me
senté en la mesa del fondo y el mozo se acerca con un anotador. Me empieza a
relatar a toda velocidad el menú del que sólo entendí y retuve en la mente las
últimas opciones. Primer plato “patatas con costilla” y segundo plato
“albóndigas con salsa”. Mientras movía mi cuerpo intentando hacer algo de
espacio para lo que vendría, el mozo me revolea un cacho de pan (primera foto).
Al cabo de pocos minutos llega el primer plato (segunda foto). Como
pueden ver ni siquiera pellizqué el pan, más que nada porque sonó como una
piedra al caer sobre la mesa. El plato no presentó mucha dificultad, pero al
finalizar admito que me sentía satisfecho. Cuando liquidé la última patata el
mozo se apresuró en retirar el plato y presentarme, ahora sí, con el desafío de
la tarde (tercera foto).
No voy a relatar en detalle la batalla, sino el post
se haría eterno, me voy a remitir a comentar que cuando me ofrecieron el postre
miré al gallego asustado y le dije “no no, solo un café por favor…y chico"
El almuerzo me dio fuerzas suficientes para recorrer el resto de Madrid
de un tirón. Llegué a la Plaza Mayor, uno de los lugares más importantes de
Madrid. En éste lugar pasó de todo: hubieron mercados, corridas de toros,
ejecuciones públicas, la gente se reunía porque sí, en fin…hoy en día se venden
todo tipo de artículos relacionados con la cultura española, hay muchísimos
bares y restaurantes (carísimos, por supuesto), artistas callejeros y pungas.
Es un muy buen lugar para hacer fotos y videos:
Antes de llegar, les recomiendo darse una vuelta por el mercado San
Miguel. Es chiquito y está armado más que nada para turistas, pero tiene una
onda muy palermosa, lleno de comidas y bebidas típicas españolas y está muy
bueno para dar una vuelta por lo menos (como hice yo) o si van con más gente y
encuentran un lugar par sentarse, pueden comer algo (pero de nuevo, los precios
son bastante exagerados).
La recorrida sigue por calle mayor hasta llegar a
la Puerta del Sol. Se llama así porque en una época estuvo ahí una de las
puertas de la muralla que rodeaba la antigua ciudad de Madrid. En este lugar se
encuentra el reloj con el que los españoles se guían en la cuenta regresiva de
año nuevo, está la conocida estatua del oso con el árbol de Madroño (también
presente en el escudo de España), es el kilómetro 0 de las rutas españolas y está
lleno de estaciones de metro y trenes. Es hoy en día un lugar de encuentro, ya
que está ahí no más de una zona de bares bastante interesante.
Si siguen caminando en la misma dirección van a
llegar al parque del buen retiro. Fue
creado como un parque real y hoy en día es un parque público, creo que el más
grande de Madrid. Tiene varias esculturas, entre ellas la del ángel caído y la
casa de cristal, donde se muestran distintos tipos de exhibiciones. No soy un
entendido de arquitectura pero en algún lado decía que esta casa de cristal era
sumamente interesante porque fue la primera en ser construida con éste estilo.
Si uds entienden…me avisan. Lo más lindo del parquecito es su lago, donde
pueden alquilar botecitos y pasear toda la tarde remando un poco. Eso si, ojo
con las fuentes porque tiran agua bastante lejos y vi a más de uno al que se le
inundó la canoa cuando se acercó demasiado a las fuentes. Además, no se porqué,
pero aparentemente en éste país, la tradición es que remen las mujeres,
mientras los hombres se rascan el higo, como podrán ver en el siguiente video:
Madrid es enorme y tiene miles de secretos en cada
rincón. Desgraciadamente yo no conocí nada. No les voy a mentir diciéndoles que
soy el gran conocedor, tuve una idea muy general pero me faltó caminar
muchísimo. Ya volveré en algún momento, quizás con algún otro argento para
hacer más ameno el viaje, porque viajar es genial, pero compartirlo con alguien
más le da un gusto totalmente diferente.