miércoles, 18 de mayo de 2011

Eslovenia - Segunda parte

La verdad es que la lluvia no había aflojado, solamente subieron la música en el hostel y perdí la relación “ruido/cantidad de agua que cae”. Me vestí, llegué hasta la puerta y al comprobar que la temperatura había bajado más de 10 grados comprendí que no valía la pena mojarse y congelarse solo por un mediocre kebab que nunca sabés bien que es lo que trae. Pedí una pizza en el hostel y continúo escribiendo éstas líneas.

Después de la visita al castillo de Bled mi cuerpo empezó a sentir la falta de energía. No había desayunado nada para llegar a tomar el segundo bus de la mañana y asegurarme la mejor iluminación para mis fotos. Recorrí la calle que rodea el lago buscando algo que no fuera comida rápida, ni turists traps, ni excesivamente caro (hay que tener cuidado por que Eslovenia es algo caro). Metiéndome un poco por la calle principal del pueblo encontré un restaurant que ofrecía “open grill” y platos de la cocina Bosnia y Serbia.

Al principio entré un poco asustado por los mozos uniformados, las mesas vestidas como si de un casamiento se tratara, dos copas por persona, dos pares de cubiertos, pan de cortesía y un maître que trataba de hablar español tirando las palabras en italiano que conocía cambiándoles un poco el acento. Pero estaba equivocado, buena comida con unas porciones impresionantes, un tipo de cocción muy diferente a la que estoy acostumbrada en Hungría (allá simplemente fríen todo en grasa y chau) y a un precio más que razonable. Listo, era lo que faltaba para que me enamorara de este pueblito. Se los recomiendo seriamente.

A mi regreso pasé por la estación de buses y trenes para decidir que haría al día siguiente y a donde viajaría después de Eslovenia. Después de meditarlo un rato con mi mochila decidí que mi próximo destino sería Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina partiendo el domingo a las 8 de la noche. En su momento pensé que sería genial porque podría disfrutar de todo el domingo en Ljubljana, comprando souvenirs, sacando las últimas fotos, pero el clima tenía otros planes y me estoy pasando toda la tarde encerrado.

Para el sábado decidí visitar unas cavernas en la ciudad de Postojna. Cuando fui al hostel a consultar como llegar me dijeron que al día siguiente había una excursión que visitaba otras cavernas, aún más impresionantes, con un río y cañón subterráneo, luego iría a la ciudad de Piran y por último a un castillo construido en la entrada a una caverna. ¡Y lo mejor de todo es que había un 50% de descuento! No lo dudé y reservé en el momento.

La excusión arrancó al día siguiente a las 8:30 am. En total éramos 8 personas, su bloguero amigo, 2 chicos de Singapur (que al principio pensé que eran 2 chicas), una pareja mayor de Australia y otros 3 australianos mucho más mayores. Al verlos me di cuenta que la excursión no tendría demasiada aventura en sí, teniendo en cuenta que había riesgo de ataque cardíaco entre los pasajeros. Al cabo de una siesta de hora aproximadamente llegamos a las cavernas de Skocjan.

El recorrido bajo tierra es de 2 kilómetros y medio, con algunas trepadas y bajadas importantes, cientos de escalones y un puente que cruza el río sobre el cañón a 44 metros de altura y a su vez 150 metros bajo tierra. ¡Muy buena onda! Al escuchar esto dos de los australianos más vividos decidieron quedarse afuera tomando una limonada. El resto nos metimos en el mundo subterráneo.

La caverna está declarada patrimonio de la humanidad por Unesco entre otras cosas por tener el cañón subterráneo más largo de Europa (6 km). Realmente es impresionante. Estuve en otras cavernas pero ninguna con un río y el cañón es inmenso. Desgraciadamente no te dejan sacar fotos adentro, aunque para tomar una buena imagen se necesita un trípode y tiempo que ninguno está dispuesto a perder. Más teniendo en cuenta que los grupos son bastante numerosos (100 o más personas). El único momento en donde permiten tomar fotografías es a la salida de la caverna, que es justamente lo que ven acá a la izquierda (tomada con mi celu, cuando me dijeron que no se permitían fotografías adentro ni me molesté en llevar la cámara).

La próxima parada fue Piran, uno de los dos pueblos más característicos de la costa Adriática eslovena. Eslovenia tiene solo 42 km de playa. Toda esa zona fue conquistada por romanos, después eslavos, nuevamente italianos, pasó varias veces de manos a lo largo de la historia y a medida que fueron pasando las guerras. Históricamente toda el área perteneciente a Trieste fue de Eslovenia, pero en algún momento cuando delimitaron la actual frontera quedó del lado italiano.

Dentro de las ciudades que quedaron en el mapa esloveno están Portorož (puerto de rosas), llena de casinos, restaurantes, vida nocturna, la Miami de Eslovenia como dijo nuestra guía y Piran todo lo contrario a la anterior, una ciudad con marcada influencia italiana. Nunca estuve en las ciudades italianas sobre el Adriático, pero por lo que ví en las películas, ésta puede pasar tranquilamente como una de ellas. En las calles se escucha hablar italiano, abundan las trattorias, restaurantes que ofrecen frutti di mare y gelato a la hora del dolce.

Llegamos a eso de las 2 pm. En la ciudad está prohibido el tránsito vehicular. Imagínense que por esas calles diminutas apenas entra un auto y es el destino de playa número 2 del país, si cada uno va a ir con su auto, simplemente colapsa. Los eslovenos solucionaron el problema construyendo unas playas de estacionamiento gigantes en las afueras de la ciudad y proveyendo un bus gratuito hasta el centro. Nuestra guía contaba con un permiso para ingresar a la ciudad, pero solo por media hora. Nos contó un poco la historia del lugar a las apuradas para que no le remolquen la camioneta y nos dijo que nos pasaba a buscar a las 5 por la plaza principal

Empezamos la recorrida en la parte alta de la ciudad (siempre es más fácil ir en bajada…). Las vistas panorámicas invitaban a jugar con la cámara y me desafiaban a meter toda esa escena perfecta en una sola toma. Tarea imposible con mi equipo y nivel actual. Desde lo alto de la antigua muralla se podía ver un mar más azul que el mismo cielo con decenas de veleros moviéndose lentamente demostrando que sus dueños no tienen nada de que preocuparse.


El calor era insoportable así que bajé hasta la playa para refrescarme. En esta parte del mundo las playas son de piedras lo que las hace un poco más incómodas para tomar sol. Este hecho no desanimó a dos viejas que estaban tomando sol como Dios las trajo al mundo hace más de 60 años. El exceso de arrugas y carnes colgantes me asustó y volví rápidamente a la ciudad. Casi de casualidad me encontré con los dos muchachos de Singapur y nos fuimos a comer unas rabas del otro lado de la península, dónde cambiamos a las abuelas en topless por una sirena (foto).

Cuando nos acordamos el reloj ya había pasado las 5 por varios minutos. Fuimos corriendo al lugar de reunión, desentonando un poco con la tranquilidad del lugar y nos encontramos a nuestra querida guía puteándonos en algún dialecto esloveno del noreste porque se le estaban por acabar los minutos de estacionamiento en la ciudad. Para terminar nuestra excursión nos llevaron a un castillo emplazado en la entrada de una cueva, otra de las postales de Eslovenia. El castillo tiene su historia pero me costó entender el inglés de la guía y no la terminé de entender. Lo interesante es que al estar en un acantilado tiene una protección natural desde atrás y uno de los costados, por lo que solo podía ser amenazado por 2 flancos. Pero ahora que lo pienso….lo podían atacar desde arriba, a nadie se le habrá ocurrido? La trampa para los turistas es que te hacen pagar la entrada pero adentro el castillo está totalmente vacío, así que ya saben, saquen la foto y váyanse.

Conclusión: el país tiene realmente mucho para ofrecer, aunque quizás la infraestructura podría ser un poco mejor. No pasen más de dos días en Ljubljana porque sinó se van a aburrir. La gente en general es muy amable y casi todos hablan inglés. El que no hace su mejor esfuerzo y es fácil hacerse entender (tarea que puede llegar a hacerse imposible en Hungría por ejemplo). El idioma esloveno tiene muchas similitudes con el Croata, Bosnio y Serbio. La gente de un país se hace entender perfectamente en el resto. Pero algunas de las palabras más básicas son diferentes, tengan cuidado.

En Croacia el saludo es “Bok”. Mi primer día en Eslovenia me quise hacer el entendido, entro a un negocio y grito “Bok!!!”. La vieja me miraba como te miran los monos cuando vas al zoológico. Nunca aprendí como saludar, pero gracias (hvala) y cerveza (pivo) se dice igual en todos los idiomas. Para los muchachos solteros: las chicas son más que simpáticas y buena onda, en general un 8.5 diría yo. Al igual que en Hungría vienen un poco rellenitas a causa de la dieta local, pero si se llevan alguna a casa, el modo de vida y comida Argenta las va a convertir en la envidia del barrio.

Espero que les haya gustado, en la próxima edición Bosnia y Herzegovina.

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