miércoles, 18 de mayo de 2011

Eslovenia - Segunda parte

La verdad es que la lluvia no había aflojado, solamente subieron la música en el hostel y perdí la relación “ruido/cantidad de agua que cae”. Me vestí, llegué hasta la puerta y al comprobar que la temperatura había bajado más de 10 grados comprendí que no valía la pena mojarse y congelarse solo por un mediocre kebab que nunca sabés bien que es lo que trae. Pedí una pizza en el hostel y continúo escribiendo éstas líneas.

Después de la visita al castillo de Bled mi cuerpo empezó a sentir la falta de energía. No había desayunado nada para llegar a tomar el segundo bus de la mañana y asegurarme la mejor iluminación para mis fotos. Recorrí la calle que rodea el lago buscando algo que no fuera comida rápida, ni turists traps, ni excesivamente caro (hay que tener cuidado por que Eslovenia es algo caro). Metiéndome un poco por la calle principal del pueblo encontré un restaurant que ofrecía “open grill” y platos de la cocina Bosnia y Serbia.

Al principio entré un poco asustado por los mozos uniformados, las mesas vestidas como si de un casamiento se tratara, dos copas por persona, dos pares de cubiertos, pan de cortesía y un maître que trataba de hablar español tirando las palabras en italiano que conocía cambiándoles un poco el acento. Pero estaba equivocado, buena comida con unas porciones impresionantes, un tipo de cocción muy diferente a la que estoy acostumbrada en Hungría (allá simplemente fríen todo en grasa y chau) y a un precio más que razonable. Listo, era lo que faltaba para que me enamorara de este pueblito. Se los recomiendo seriamente.

A mi regreso pasé por la estación de buses y trenes para decidir que haría al día siguiente y a donde viajaría después de Eslovenia. Después de meditarlo un rato con mi mochila decidí que mi próximo destino sería Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina partiendo el domingo a las 8 de la noche. En su momento pensé que sería genial porque podría disfrutar de todo el domingo en Ljubljana, comprando souvenirs, sacando las últimas fotos, pero el clima tenía otros planes y me estoy pasando toda la tarde encerrado.

Para el sábado decidí visitar unas cavernas en la ciudad de Postojna. Cuando fui al hostel a consultar como llegar me dijeron que al día siguiente había una excursión que visitaba otras cavernas, aún más impresionantes, con un río y cañón subterráneo, luego iría a la ciudad de Piran y por último a un castillo construido en la entrada a una caverna. ¡Y lo mejor de todo es que había un 50% de descuento! No lo dudé y reservé en el momento.

La excusión arrancó al día siguiente a las 8:30 am. En total éramos 8 personas, su bloguero amigo, 2 chicos de Singapur (que al principio pensé que eran 2 chicas), una pareja mayor de Australia y otros 3 australianos mucho más mayores. Al verlos me di cuenta que la excursión no tendría demasiada aventura en sí, teniendo en cuenta que había riesgo de ataque cardíaco entre los pasajeros. Al cabo de una siesta de hora aproximadamente llegamos a las cavernas de Skocjan.

El recorrido bajo tierra es de 2 kilómetros y medio, con algunas trepadas y bajadas importantes, cientos de escalones y un puente que cruza el río sobre el cañón a 44 metros de altura y a su vez 150 metros bajo tierra. ¡Muy buena onda! Al escuchar esto dos de los australianos más vividos decidieron quedarse afuera tomando una limonada. El resto nos metimos en el mundo subterráneo.

La caverna está declarada patrimonio de la humanidad por Unesco entre otras cosas por tener el cañón subterráneo más largo de Europa (6 km). Realmente es impresionante. Estuve en otras cavernas pero ninguna con un río y el cañón es inmenso. Desgraciadamente no te dejan sacar fotos adentro, aunque para tomar una buena imagen se necesita un trípode y tiempo que ninguno está dispuesto a perder. Más teniendo en cuenta que los grupos son bastante numerosos (100 o más personas). El único momento en donde permiten tomar fotografías es a la salida de la caverna, que es justamente lo que ven acá a la izquierda (tomada con mi celu, cuando me dijeron que no se permitían fotografías adentro ni me molesté en llevar la cámara).

La próxima parada fue Piran, uno de los dos pueblos más característicos de la costa Adriática eslovena. Eslovenia tiene solo 42 km de playa. Toda esa zona fue conquistada por romanos, después eslavos, nuevamente italianos, pasó varias veces de manos a lo largo de la historia y a medida que fueron pasando las guerras. Históricamente toda el área perteneciente a Trieste fue de Eslovenia, pero en algún momento cuando delimitaron la actual frontera quedó del lado italiano.

Dentro de las ciudades que quedaron en el mapa esloveno están Portorož (puerto de rosas), llena de casinos, restaurantes, vida nocturna, la Miami de Eslovenia como dijo nuestra guía y Piran todo lo contrario a la anterior, una ciudad con marcada influencia italiana. Nunca estuve en las ciudades italianas sobre el Adriático, pero por lo que ví en las películas, ésta puede pasar tranquilamente como una de ellas. En las calles se escucha hablar italiano, abundan las trattorias, restaurantes que ofrecen frutti di mare y gelato a la hora del dolce.

Llegamos a eso de las 2 pm. En la ciudad está prohibido el tránsito vehicular. Imagínense que por esas calles diminutas apenas entra un auto y es el destino de playa número 2 del país, si cada uno va a ir con su auto, simplemente colapsa. Los eslovenos solucionaron el problema construyendo unas playas de estacionamiento gigantes en las afueras de la ciudad y proveyendo un bus gratuito hasta el centro. Nuestra guía contaba con un permiso para ingresar a la ciudad, pero solo por media hora. Nos contó un poco la historia del lugar a las apuradas para que no le remolquen la camioneta y nos dijo que nos pasaba a buscar a las 5 por la plaza principal

Empezamos la recorrida en la parte alta de la ciudad (siempre es más fácil ir en bajada…). Las vistas panorámicas invitaban a jugar con la cámara y me desafiaban a meter toda esa escena perfecta en una sola toma. Tarea imposible con mi equipo y nivel actual. Desde lo alto de la antigua muralla se podía ver un mar más azul que el mismo cielo con decenas de veleros moviéndose lentamente demostrando que sus dueños no tienen nada de que preocuparse.


El calor era insoportable así que bajé hasta la playa para refrescarme. En esta parte del mundo las playas son de piedras lo que las hace un poco más incómodas para tomar sol. Este hecho no desanimó a dos viejas que estaban tomando sol como Dios las trajo al mundo hace más de 60 años. El exceso de arrugas y carnes colgantes me asustó y volví rápidamente a la ciudad. Casi de casualidad me encontré con los dos muchachos de Singapur y nos fuimos a comer unas rabas del otro lado de la península, dónde cambiamos a las abuelas en topless por una sirena (foto).

Cuando nos acordamos el reloj ya había pasado las 5 por varios minutos. Fuimos corriendo al lugar de reunión, desentonando un poco con la tranquilidad del lugar y nos encontramos a nuestra querida guía puteándonos en algún dialecto esloveno del noreste porque se le estaban por acabar los minutos de estacionamiento en la ciudad. Para terminar nuestra excursión nos llevaron a un castillo emplazado en la entrada de una cueva, otra de las postales de Eslovenia. El castillo tiene su historia pero me costó entender el inglés de la guía y no la terminé de entender. Lo interesante es que al estar en un acantilado tiene una protección natural desde atrás y uno de los costados, por lo que solo podía ser amenazado por 2 flancos. Pero ahora que lo pienso….lo podían atacar desde arriba, a nadie se le habrá ocurrido? La trampa para los turistas es que te hacen pagar la entrada pero adentro el castillo está totalmente vacío, así que ya saben, saquen la foto y váyanse.

Conclusión: el país tiene realmente mucho para ofrecer, aunque quizás la infraestructura podría ser un poco mejor. No pasen más de dos días en Ljubljana porque sinó se van a aburrir. La gente en general es muy amable y casi todos hablan inglés. El que no hace su mejor esfuerzo y es fácil hacerse entender (tarea que puede llegar a hacerse imposible en Hungría por ejemplo). El idioma esloveno tiene muchas similitudes con el Croata, Bosnio y Serbio. La gente de un país se hace entender perfectamente en el resto. Pero algunas de las palabras más básicas son diferentes, tengan cuidado.

En Croacia el saludo es “Bok”. Mi primer día en Eslovenia me quise hacer el entendido, entro a un negocio y grito “Bok!!!”. La vieja me miraba como te miran los monos cuando vas al zoológico. Nunca aprendí como saludar, pero gracias (hvala) y cerveza (pivo) se dice igual en todos los idiomas. Para los muchachos solteros: las chicas son más que simpáticas y buena onda, en general un 8.5 diría yo. Al igual que en Hungría vienen un poco rellenitas a causa de la dieta local, pero si se llevan alguna a casa, el modo de vida y comida Argenta las va a convertir en la envidia del barrio.

Espero que les haya gustado, en la próxima edición Bosnia y Herzegovina.

domingo, 15 de mayo de 2011

Primera parada: Eslovenia

Domingo 15 de mayo de 2011. 11:16 EST. Mi cuarto día en Ljubljana amaneció lluvioso. La tormenta se venía acercando desde hace dos días y al parecer es bastante fuerte, así que durante al menos 3 o 4 días voy a tener que soportarla. ¿Y que mejor manera de pasar un domingo lluvioso que durmiendo? Desgraciadamente hoy me tocó dejar el hostel por lo que la única opción que me queda es sentarme en el living, tomar un café, ver la lluvia caer y escribir el blog hasta que se hagan las 8 de la noche.


No tenía mucha información de Ljubljana previa a mi viaje, solo comentarios como “es increíble” o “te va a encantar”, así que de movida reservé cuatro noches en el hostel, para disfrutarla a pleno. Como el viaje surgió medio a las apuradas reservé el primer hostel que parecía más o menos decente y que estuviera a pocos pasos de la estación de tren. Para mi sorpresa, resultó ser uno de los mejores de Ljubljana y hasta creo uno de los mejores en los que me tocó estar. Se llama Hostel Celica. Si vienen definitivamente se los recomiendo. Es una antigua cárcel reformada, uno duerme en las mismas celdas donde hacinaban a los reos. Ahora hacinan turistas que enciman pagan por ello.

La única habitación que encontré disponible era una compartida de 12 personas. No es tan brutal como la habitación de 20 en la que me quedé en Edimburgo, pero la cantidad de personas entrando y saliendo, hablando, gritando, llegando y yéndose se hace sentir. No está en el pleno centro, sino que son 10 minutos caminando pero en Ljubljana todo está a 10 minutos. Yo esperaba encontrar algo parecido a Viena pero más bien podría decirse que esta ciudad es un 60% Zagreb y un 40% Praga.

El jueves fue mi primer día en la ciudad y recorrí tranquilo todo el centro. Atracciones turísticas hay pocas. La plaza principal es sencillamente aburrida, llena de negocios que cierran a horas estúpidas y sin muchas multitudes. Lo que más me gustó fue el castillo, que lo mejor que tiene para ofrecer es la vista sobreelevada de la ciudad (si…todos los castillos la tienen, así que no van a ver nada nuevo). Dentro del castillo hay bares y restaurantes, y por solo €3 pueden subir hasta lo alto de la torre, sacar unas buenas fotos, después presenciar una película en 3D (de la que nunca llegué a percibir la tercera dimensión) de 20 minutos sobre la historia de la ciudad y acceder a un mini museo que no tiene absolutamente ningún artículo original. Son todas réplicas y te avisan que los originales están en el Museo Nacional de Ljubljana, por lo menos sirve para darte cuenta lo que podrías encontrar allá y decidir si vale la pena o no antes de gastar plata.

Después del castillo les recomiendo bajar a la parte vieja de la ciudad y caminar siguiendo el río. Esta lleno de restaurantes que durante las noches de verano se convierten en el lugar de reunión para locales y turistas. Justo donde el río gira está el “famoso” puente triple (nunca había hablado de él pero todos afirman que es uno de los símbolos de la ciudad). Son 3 puentes, uno al lado del otro. Buen punto para fotografías pero pasar más de 20 minutos es excesivo. Siguiendo el mismo camino aparecen unos mercados a cielo abierto donde la gente local ser aprovisiona de frutas y verduras. Si uno va temprano (antes de las 2 pm) la vista es impresionante: docenas de puestos ofreciendo algo que a la distancia solo se distingue como mezclas de colores, gente yendo y viniendo y las abuelas charlando en las esquinas.

Y más o menos eso es todo lo que la ciudad tiene para ofrecer, hay que caminar todas las callecitas para llevarse una impresión de cómo se vive el día a día, salir de noche a tomar un “pivo” (recomiendo la Union, una cerveza local bastante buena) o un “Češnjevec” que es un aguardiente de blueberries o cerezas. Por un segundo pensé en dejar el bloggeo unos minutos para ir a buscar algo para comer, pero en el mismo momento que me levanté para mirar por la ventana la lluvia se intensificó y decidí pedir una segunda ronda de café.

En el último siglo la ciudad sufrió una remodelación importante, y entre ellas la construcción de un rascacielos llamado Nebotičnik que durante años fue el más alto de Europa del Este y todavía sigue siendo otro de los íconos de la ciudad. El edificio no es para nada llamativo, pero tiene un bar en la terraza que si bien es un poco caro, es ideal para tener vistas nocturnas de la ciudad.

Al finalizar el primer día me di cuenta de que los 4 días planificados para Ljubljana serían más que excesivos y comencé a buscar alternativas. Por suerte el país tiene mucho más que ofrecer que solo la capital.

Bled

Uno de los destinos que me recomendaron es Bled, una aldea ubicada al noroeste de Ljubljana donde comienzan los Alpes, a unos pocos kilómetros de la frontera con Austria. La ciudad es diminuta y muy simpática, llena de hoteles y restaurantes es un destino turístico desde hace más de 2oo años. Les juro que no podía creer lo que veían mis ojos. Un lago increíble de un color verde esmeralda intenso, lleno de peces, patos y cisnes. Una pequeñita isla en el medio del lago con una iglesia, todo rodeado por montañas y en una de esas montañas un castillo que el mes que viene cumple 1000 años.

Llegué bien temprano al pueblo porque me recomendaron que para la fotografía la luz es mejor por la mañana. Fue una buena idea, no por la luz, sino porque la trepada al castillo es bastante importante y hacerla con el sol y el calor del mediodía no es nada cómodo. Desde el castillo la vista es imponente (mucho más que en el de Ljubljana, por supuesto) y como en el caso de todos los castillos me pregunté como carajo subieron las piedras hasta ahí para construirlo. Si a mi me cuesta subir con mi mochila, cada una de esas piedras de 40 o 50 kilos debió haber quebrado la espalda de más de un esclavo.

Toda esa magia que subía desde el lago mientras los botes avanzaban lentamente me hizo sentir el rey de toda esa área. Ahí estábamos solo yo y mi mochila, sentados en la muralla, tratando de hacer lo imposible por capturar lo que sentía con mi cámara de fotos, escuchando solo una especie de música medieval que venía desde la cafetería y los pájaros que se me acercaban para ver si les tiraba algo para comer. Un paraíso en vida.

Pero no me duró mucho. Al cabo de 10 minutos llegaron 5 ómnibus juntos y de cada uno bajaron 50 japoneses que parecían clonados. 250 asiátivos con sus anteojos de sol, visera, camisa a cuadritos de manga corta, un chalequito, pantalones cortos llenos de bolsillos por arriba de la rodilla, zapatillas de trekking recién compradas y una Nikon D90 con un lente que vale más que mi laptop. En menos de 5 minutos el megáfono de su guía convirtió mi paraíso esloveno en un infierno japonés. Por lo menos ya tenía alguien que me tomara las fotos. Busqué rápidamente a algún nipón de entre 20 y 40 años, que tuviera una Cannon y que no estuviera sacando fotos con flash. Mucho quipo pero poco seso, me saco 4 fotos seguidas, todas iguales y yo en el medio tapando la isla y el lago y llenando medio cuadro con el piso del castillo.

Habiendo renunciado a mi intento de quedarme con un recuerdo decente del lugar me dirigí al museo (incluido con el precio de la entrada) para aprender un poco de la historia del lugar. Al cabo de media hora de recorrida me encontré un grupo de australianos con una guía en inglés así que haciéndome el Argento dolobu, me puse a sacar fotos al lado para ver si agarraba algún dato interesante. Y lo hice. Esos botecitos que ven en el lago es un tremendo oligopolio. Hace mucho mucho tiempo Eslovenia era parte del Impero Austro-Húngaro y la María Teresa por alguna razón que no llegué a entender le otorgó el permiso de navegar esos botecitos y llevar a turistas desde y hacia la isla a unas familias determinadas. Y desde ese entonces la tradición y el permiso se pasa de padres a hijos. Nadie más puede navegar el lago con ese fin.

Otro dato interesante y que me hace sorprender cada vez más del fanatismo religioso es sobre la isla y su iglesia. Desde tiempos ancestrales las tribus eslavas tenían una especie de “altar religioso” en la isla. Con el tiempo eso se convirtió en un tempo, luego en la iglesia que está ahora y los religiosos hacían lo siguiente. En la tardecita se tomaban un bote hacia la isla. Cenaban en la iglesia, pasaban la noche cantando canciones sagradas, luego iban a la misa de las 4 a.m. y al terminar regresaban de la isla. ¿Divertido, no? La lluvia aflojó un poco, me voy a buscar un kebab y vuelvo!!

miércoles, 11 de mayo de 2011

Un viaje sin destino

Miércoles 11 de mayo de 2011. 17:12 EST. Frontera entre Hungría y Eslovenia.

Mi siesta forzada por el aburrimiento había llegado a su fin. Al entreabrir los ojos noté que el sol ya había empezado a bajar y dejaba de colarse sin pedir permiso a través de la ventana del vagón. Esto es una buena señal porque significa que el calor dentro de este pequeño horno a escala especialmente diseñado para humanos empezaría a descender. Recién ahora me doy cuenta que las últimas palabras que escribí en este blog fueron en enero, cuando el denominador común de todos mis posts era el frío que se penetraba hasta los huesos, la nieve que cuando empieza a caer es hermosa, pero cuando cae por una semana seguida sin parar y sin dejarte ver el sol te dan ganas de drogarte con el primer alucinógeno improvisado que tengas a mano para llegar en un instante a otra latitudes de sol, arena y mar.

Esos deprimentes días son partes del pasado. El que es paciente tiene su recompensa tarde o temprano. Desde hace ya dos meses que la nieve desapareció y el verde empezó a reemplazar lentamente al blanco en el paisaje. Mi trabajo también es parte del pasado. Mi plan de trabajar en el invierno para viajar en verano fue un éxito. Sería algo así como sufrir el doble (trabajo+frío) para disfrutar más tarde en igual medida (vacaciones+verano). La oportunidad del trabajo corto que conseguí en Hungría me permitió recarga un poco la billetera que sufría de anorexia desde septiembre y al mismo tiempo realizar viajes cortos por los alrededores, tratando de cortar un poco con la depresión.

Nunca les llegué a escribir sobre Jászberény, la ciudad en la que estuve viviendo desde diciembre, ya estoy tratando de conocerla a fondo (no es tan grande), de aprender la historia y de buscar las mejores fotos para hacer un post completito. Esta ciudad está a unos 100 km de la capital, Budapest. Tiene algunos edificios “altos” (de 4 pisos) pero en su mayoría son casas bajas, conectadas por caminos de tierra y rodeada por unos cuantos ríos. Al irse la nieve me gustó tanto la ciudad que aunque mi trabajo terminó, decidí quedarme unas semanas más antes de volver a Londres.

Mi primera tarea al terminar de trabajar fue buscar un departamento, ya que no podría quedarme en el hotel, por cuestiones económicas y de comodidad. Al no dominar (más que dominar…entender) el idioma se hace bastante difícil leer los clasificados así que tuve que limitarme a preguntarle a conocidos. Al principio pensé que en una ciudad tan chica sería fácil encontrar algo, más que nada habiendo escuchado por ahí que había otra gente del proyecto que se había podrido antes que yo del hotel y estaban viviendo en un departamento.

Consulté a mis conocidos y todos me dijeron que conocían a alguien que alquilaba departamentos, pero luego de hacer las averiguaciones correspondientes ninguno estaba disponible. Como ya saben un argento se la rebusca y el mismo viernes que se terminaba mi reserva en el hotel pensé en alquilar una carpa en un local de camping y acampar unos días al estilo gitano hasta conseguir asilo. Pero ese mismo día apareció el departamento ideal. Céntrico (aunque mucho no importa porque el centro está a 15 minutos caminando de cualquier lado de la ciudad), completamente amueblado y equipado y disponible para mudanza inmediata.

Me tocó justamente en uno de esos pocos edificios con cuatro pisos y el departamento está, como pueden adivinar, en el cuarto piso. Ascensor no hay así que la mudanza la realicé a la vieja usanza. Al terminar cociné mi primera comida casera, después de 4 meses de comida de microondas y sandwichs improvisados, abrí un vino blanco local y me senté en el balcón a admirar la vista panorámica de la ciudad. Durante la segunda copa de vino me pregunté a mi mismo “¿Y ahora? Ya está el departamento...¿qué sigue?”. Definitivamente no me voy a quedar seis semanas tomando vino en el balcón. Los días son soleados, el calor me invita a armar de nuevo las valijas y mi mochila me pide a gritos que la saque a pasear.

En el departamento no tengo Internet, así que me fui al kávéház (casa de café) más cercano con mi laptop para planificar mi próximo movimiento. Ojeando Google Maps veo los países cercanos a Hungría y tirando la moneda decido hacer un viaje de tiempo indeterminado por la ex-Yugoslavia y tal vez Bulgaria. Igual de indeterminados son los destinos específicos. En ese mismo momento reservé cuatro noches en un hostel en Liubliana, capital de Eslovenia, y memoricé los horarios de los trenes desde Budapest. De vuelta en mi hogar armé las mochilas, empaqué solo lo imprescindible y tomé el bus hacia Budapest.



El tren a Liubliana parte al mediodía desde la estación de trenes Déli. El pasaje es parte de esos programas de tickets de tren baratos. En general, desde Budapest se puede ir ida y vuelta a las principales ciudades cercanas por unos 40 o 50 euros. Ese es el precio con descuento. No se que tipo de descuento, porque se lo cobran a todos, sin importar tu edad, si sos estudiante, parte de una minoría, si pesas 150 kg o lo que sea. Ahora, cuando hay mucha demanda de pasajes esos se acaban y te empiezan a cobrar 200 euros o más. Así que ya saben, si van a viajar en temporada alta o en feriados onda Pascuas, Navidad, Fin de Año o lo que sea, compren con anticipación. Esta vez, el pasaje solo de ida (bien a lo aventurero) me salió 29 euros. Muchísimo más barato que un avión, sin el costo oculto del transporte desde y hasta el aeropuerto (que muchas veces sale lo mismo que el vuelo en sí), sin tener que llegar con 2 horas de anticipación para abordar, sin escalas y muchísimo más cómodo.

Personalmente odio los aeropuertos, por razones que ya expliqué en el blog. Y cuando tengo viajes en tren como el de hoy, la diferencia entre los dos tipos de transporte se hace abismal. Son nueve horas de viaje pero el tren va casi vacío. El vagón está compuesto por cubículos para 6 personas, cada uno con una ventana hacia el exterior y una puerta para aislarlo del pasillo. Estoy escribiendo estas líneas mirando como el tren pasa por unos campos interminables de girasoles, ya en Eslovenia, más relajado que en mi propio departamento. El calor ya cedió, si bien el sol sigue lejos del horizonte creo que en menos de una hora voy a tener que cerrar la ventana.

Como empecé diciendo, mi siesta fue interrumpida hace una hora por un golpe en la puerta. Era uno de los policías del control de frontera. Pensé que con todo el cuento de la Unión Europea esas cosas ya no existían. Me pide el pasaporte y le doy mi pasaporte italiano. Lo estudia y me pregunta “¿Yendo a casa?”. “No…todavía no” le contesté. La verdad es que me faltan exactamente tres meses para volver a mi verdadera casa. Me devuelve el pasaporte mientras murmura “hvala” sin mirarme y sin cerrar la puerta. Ya que el muchacho me despertó, aproveché para comer el segundo sándwich de mis provisiones (para los viajes largos en tren recuerden llevar provisiones porque el tren no para y si lo hace no podés bajar a comprar nada, no te da tiempo). Y con esta larga introducción comienza la crónica de un viaje que todavía no ha empezado y no tengo ninguna seguridad de cómo ni cuándo va a terminar.

martes, 8 de marzo de 2011

Welcome to Buda-sex

Algunos de ustedes me dijeron “¡Estás loco! ¿Te vas a Hungría?” como si fuera a caer detrás de cortina de hierro del comunismo y quedar encerrado allí para siempre. Es cierto que al encontrarse en Europa del este es muy diferente en todo sentido a los países del oeste, como puede ser Francia, España u Holanda. Pero créanlo o no, dentro de los países del este, éste es el más occidental. Están a punto de adoptar el Euro, hace unos días no más el gobierno de Europa se mudó a Gödölő, la primera ciudad en la que viví, en la capital todos los precios están en Euros (e inflados), o sea son parte de la comunidad.

Hablando con gente local, insisten en decirme que Hungría fue y seguirá siendo un gran imperio. La primera guerra mundial se desató porque asesinaron a un príncipe austrohúngaro en Serbia. El imperio le declaró la guerra a Serbia y la URSS comenzó a apoyar a éste último. Más tarde se fueron agregando más naciones al conflicto y todos sabemos como terminó. Después de ésta guerra, por medio del tratado de Trianon, Hungría perdió 6/7 de su territorio que fue repartido entre los países vecinos, Eslovaquia, Romania, Croacia, Austria, Serbia y alguno más que no recuerdo. Es desde ese entonces que odian a los serbios y franceses y la gente sigue insistiendo en que ése es su territorio, los pobladores allí hablan húngaro y conservan las costumbres locales, aunque perdieron su nacionalidad. En algunos lugares es posible encontrar mapas del Imperio Austro-húngaro como solía ser, a veces se lo ve impreso en los vidrios de los autos, colectivos, en las patentes, cuadros en los negocios, es como un símbolo y una utopía nacional seguir reclamándolo.

Unos años después, Adolft Hitler en medio de sus invasiones a los países vecinos convenció a Hungría de que si se unían al Eje, al salir victoriosos recuperarían todo su territorio. Al poco tiempo de firmarse el tratado, creo que ya habían anexado parte de Checoslovaquia. Todo iba según lo planeado hasta que en algún momento de la historia, no recuerdo cuando y no tengo ganas de Wikipediarlo, Hungría decidió que era tiempo de dar vuelta la tortilla y comenzar a dar ayuda a los Aliados y países neutrales. A Hitler no le gustó nada su actitud y los nazis invadieron Budapest quedándose ahí por la fuerza. A pesar de esto, hablando con la gente común no sienten el mismo odio por los alemanes que por franceses y rusos, aunque tampoco los quieren demasiado.

El odio a los rusos siempre estuvo latente, pero todo empeoró luego de que URSS liberara a Budapest de los nazis. El comunismo se estableció en el país y duró hasta hace unas pocas décadas. En la Plaza de los Héroes hay varias estatuas de los próceres más importantes del país y durante el control soviético fueron cubiertas con banderas comunistas. Hay un museo en Budapest llamado “Museo del Terror” en donde se puede apreciar por medio de fotos, videos y textos los efectos devastadores de la dictadura soviética en el territorio. Todavía quedan muchas evidencias de esos años, edificios de malísima calidad que contrastan con los palacios en la capital; innecesaria burocracia al realizar cualquier tipo de trámite e impuestos que ahogan la economía personal de los residentes.

Al ser turista uno se da cuenta que es un país “distinto”, ves cosas a las que no estás acostumbrado, hasta la mentalidad de la gente es diferente. Pero el verdadero cambio se debe sentir al vivir como uno de ellos. La mayoría de los húngaros, en especial los mayores tienen un odio acérrimo hacía los rusos. Tuve suerte de conocer dos rusas viviendo en Budapest y les consulté sobre esto. Me dijeron “Estos húngaros son unos desagradecidos, nos odian después de que los rusos los liberamos de los nazis, además en el comunismo no se vivía tan mal…” Supongo que cada uno tiene su opinión personal, además debía depender de que tan acomodado estuvieras con el régimen. Algunos húngaros un poco más jóvenes pero no tanto como para no recordar nada de la dictadura dicen que al final todo se fue suavizando y habían ciertas libertades, como poder ver la MTv o radios de EEUU e Inglaterra.

Pero suficiente con la historia del país porque eso no es lo que venía a contar. Budapest es considerada la “París del este”. Doy fe que es una ciudad que vale la pena visitar en al menos 4 días. Aquí básicamente van a encontrar paisajes increíbles con el río Danubio como protagonista, aguas termales, colinas, castillos, arquitectura, alcohol en exceso (el veneno local se llama pálinka), comida y mujeres. Si, mujeres, me animo a decir que es una de sus industrias más importantes de Hungría es el sexo y las películas condicionadas.

No se como empezó todo, pero la conjunción de la belleza de las mujeres y el visto bueno a la producción y comercialización de este tipo de películas hizo que se transformara en un ícono más de la vida cotidiana húngara. Ustedes van a una estación de servicio, por dar un ejemplo, y en frente de la heladera en la que venden pálinka, cervezas y todo tipo de bebidas alcohólicas está la clásica sección de CD y DVD. Pero acá no tienen copias truchas de Gilda y Malakate, no…en su mayoría son películas XXX, debe ser para liberar tensiones al llegar a casa después del largo viaje.

En el video club, las películas porno no están al fondo de todo, tapadas de alguna forma para evitar contaminar la mente inocente de los niños. Están la vidriera. Es más, no se como cuernos se dice “video club” en Húngaro, pero es fácil ubicarlos porque son los negocios que tienen carteles con minas en bolas. Pero esto no termina acá, ¿para que vender algo intangible, una simple imagen si podemos vender a una mujer real, de carne y hueso? Como en todas las ciudades del mundo, en Budapest abundan los puticlub, pero lo que más me impresionó es que llegué al hotel Mercure Korona (cuatro estrellas, no uno medio pelo) y me regalaron un mapa. Atrás del mapa, todas, el 100% de las publicidades eran de show de strippers y servicios relacionados.

Una vez, durmiendo en el hotel escucho un ruido tipo 3 de la mañana en el pasillo. Puertas que se abren y se cierran. No podía mirar por la mirilla porque no había, la curiosidad me mataba, así que directamente abrí la puerta y espié. Ahí estaba, la señorita prostituta caminando por el pasillo, haciendo ruido a propósito para que todos sepamos que está allí. El modus operandi es que después de que la contrata un cliente y termina el servicio, se queda dando vueltas por ahí con poca ropa (muy poca ropa) viendo si pesca alguno más sin salir del hotel. Después de todo afuera hace frío para estar en bolas. Me mira y me dice “Like what you see?” en un inglés con un acento ruso importante. Yo estaba dormido, me acomodé las lagañas para ver mejor y le digo simplemente “Ahh???”. Se da vuelta para mostrar el resto de su figura y pregunta: “Sex?”.

Por lo menos son simpáticas. Cuando volvía tarde al hotel, en la puerta siempre había un par. Paso casi corriendo a causa de los 8 grados bajo cero y escucho “Halo…”. Le contesto “Halo…”. Y sin dar vueltas…”Sex??”. Jajaja. Como regla general, cualquier mujer que está sola en la calle y te saluda después de las 9 de la noche está ofreciendo sus servicios sexuales. Y por el solo hecho de no hablar húngaro el precio se duplica. Aunque hay una excepción que ahora voy a explicar.

Si bien Hungría es un país “occidentalizado”, al venir a Budapest tienen que tener ciertos recaudos:

Ojo con los taxis, como en todos lados te pasean, se hacen los que no entienden y te termina saliendo todo el triple. Esto es válido en todas las ciudades del mundo, ya recordarán lo que me pasó India, pero bueno, lo tenía que mencionar. Otro Scam muy famoso es que le pedís ir a un restaurant o club determinado pero te lleva al que él quiere. Obviamente que hay una comisión de por medio arreglada entre el restaurant y el taxista y la terminamos pagando nosotros.





El transporte público es excelente, pero los tickets o pasajes no se compran arriba del colectivo o tranvía, los tienen que comprar antes. Y la verdad es que hay pocos controles. Yo me subí en colectivos y tranvías y nunca me pidieron el ticket, tampoco lo tenés que mostrar al chofer ni nada. Pero en el metro sí te controlan y si no tenés pasaje o si no está validado te hacen pagar una multa importante. Además que si te ven pinta de turista te paran. Tenés el 100% de probabilidades de que te agarren en el metro y pasás un momento feo. Los inspectores miden 1,80 m por 1,80 m, dénse una idea. Compren el ticket que no es tan caro como en Londres.

Tercero, cuidado con los puticlub de Vaci utca. La Váci viene a ser la calle Florida de Budapest. Es el tontódromo por donde caminan los turistas, vienen y van todo el tiempo. Están todos los negocios caros y restaurants con mozos bilingües y precios occidentales. Se puede comprar de todo acá, aproximadamente un 100% más caro de o que sale en cualquier otro lado. Estás pagando el precio de turista. Pero el problema es con los shows de strippers. Entrás ahí y puede ser que no salgas al menos que desembolses unos 400 euros. Yo personalmente no frecuento esos lugares así que no me preocupé, pero les doy el consejo.

Y por último, algo muy relacionado con lo anterior. Hay un clásico “scam” o “estafa” que les hacen a los turistas del que me advirtieron apenas llegué. Ya conozco a mi suerte y sabía que tarde o temprano me iba a pasar, y pasó. Les detallo. Uno de los flacos con los que trabajo, me comentó durante mi primera semana de proyecto, que un día estaba en Budapest en un club y se le acercan dos mujeres con apariencia 100% normal. Empiezan a hablar y a los 15 minutos una de las chicas le dice “Esto está un poco aburrido, vamos a otro lado”. El flaco accedió.

Salen y el chabón les dice que conoce otro lugar para tomar algo. Las chicas le dicen que conocen un lugar mejor que como él es turista seguro que ni sabe que existe y terminan yendo. Como las muchachas jamás dijeron la palabra “Sex” que caracteriza a las prostitutas, el tipo descartó esta opción y estaba totalmente convencido de que se estaba levantando a un par de chicas que buscaban una noche loca en Budapest. Entran al lugar, un restaurant super lujoso en el último piso de un edificio bastante destacado de la ciudad desde donde se veía el río, los puentes y el castillo. Una vista espléndida, un pianista en vivo y mozos con la servilleta en el antebrazo.

Mi compañero empezó a entrar en pánico, ya se imaginaba que cuando se sentara empezaba a contar el taxímetro y que la cuenta iba a tener unos cuantos ceros. Como ya había cenado se pidió solo una cerveza pero las chicas pidieron comida (de la buena) y más bebidas. El jamás vio la carta ni los precios. Charla va, charla viene, no recuerdo bien como me lo contó pero la conclusión es que le llegó una cuenta de 400 euros. El tipo la mira, saca 10 euros y los pone sobre la mesa. Las chicas lo miran con cara sorprendida a lo que él responde: “Yo solo me tomé una cerveza, ustedes se comieron todo, nunca les dije que les invitaba, acá tienen 10 euros que ya es demasiado”. Ahí cambió el color de todo y la estafa se hizo evidente. Las flacas van en grupo por la calle o en bares, agarran a algún turista desprevenido, los llevan a un lugar caro donde además ya las conocen y les llevan una cuenta totalmente inflada (gente, no se entiende NADA en las cuentas y tickets, ni una sola palabra se rescata) y el turista una vez que ya está adentro, por falta de opciones se siente entre la espada y la pared y paga.

La persona que me contó esto, terminó la historia de la siguiente forma: cuando vio que las cosas no iban ni para atrás ni para adelante, abrió la billetera y se dio cuenta de que tenía solo 50 euros más. Y dijo “Miren chicas, la verdad que fui un idiota, yo estoy pensando en la plata y me olvido que estoy casi de vacaciones en esta ciudad impresionante y sentado con dos chicas hermosas, la mejor compañía que me podría haber tocado. Y seguro que después de pagar esto me invitarán a su casa a hacer algo más, no??…..el problema es que solo tengo 50 euros conmigo, pero tengo más en el hotel. Podemos hacer lo siguiente, yo dejo esto, una de ustedes viene conmigo al hotel y vuelvo con el dinero”.

Las chicas accedieron. Cuando van bajando por el ascensor el tipo sigue chamuyando a su captor, ya en evidenciado de que eran prostitutas y de las que no avisan. La termina convenciendo de que si va a comprar la “mercadería”, quería ver antes lo que se ofrecía. La muchacha sin muchas vueltas (en realidad solo una) le da la espalda y se baja los pantalones. En ese mismo momento la puerta del ascensor se abre y el chabón empieza a correr. Claro, la minita se tuvo que levantar los pantalones (imposible correr con los pantalones bajos) y a esa altura el tipo le sacó 2 cuadras. Dijo que veía volar los zapatos, jaja. Una historia genial. Yo se las cuento tal cual me fue contada, dudo de su exacta veracidad, pero tiene sentido, no?

La conclusión es simplemente, cuidado con las mujeres que se acercan muy animosamente en clubs y en la calle. Hoy hablando con una compañera de trabajo húngara me dijo que debería agregar “….en especial, mucho más cuidado si son rusas” jaja. Ya les dije que no les caen bien los rusos. Esto NO es Pol0nia donde los chicos se sientan en el bar y las mujeres salen a cazar hombres. Acá si una mujer se te acerca y está sola o muy bien acompañada significa casi en un 90% que es prostituta.

Hoy vine a Budapest simplemente a una fiesta, mañana vuelvo a mi divertidísima ciudad. Empiezo a caminar por la calle con mi mochila que dice “Soy turista” y con el bolso de la notebook. Presa fácil, muy fácil. Mientras estoy mirando hacia arriba, al hotel Kempinski escucho una voz femenina. Miro y eran dos chicas, me hablaron en húngaro. Yo seguí caminando y le dije en español “No te entiendo”. Las chicas no eran muy lindas, tampoco feas. Medio pelo para arriba, lindas, normales. Estaban vestidas de forma normal, parecían turistas. Me dice “Do you speak English?” Su acento me pareció italiano así que descarté la estafa que acabo de describir. Y empezamos a hablar en inglés.

Me pregunta si tenía un mapa, le digo que no, que no necesito mapas, todo está en mi cabeza. “Ok”, me contesta, “necesitamos ir a la calle…..”. “Disculpá, no la conozco…”. Cuando estoy a punto de dar el primer paso para seguir mi camino, me pregunta “¿De dónde sos?”. Mmmm. Le contesto mi verdadero origen. Como pensé que era italiana estaba esperando el clásico “Maradona…”. Pero no, me dice “Ah…nosotros somos de , vinimos por dos días a Budapest”. Y me sonríe. Se me quedaban ahí mirando, esperara que yo dijera algo. Acá empecé a sospechar de estas estafas, pero no estaba seguro, seguí el juego. Les pregunté si les gustaba Budapest, cuando habían llegado y les digo que les conviene entrar al hotel y preguntar ahí la calle a lo que me contestan “Estás de vacaciones o trabajando??”. Ya está, no les interesa más la calle que buscaban, están viendo si tengo euros en el bolsillo. Les contesté con la verdad y me preguntan “¿Qué hacés?”. Les dije cualquier cosa, lo primero que se me ocurrió. Ahí empecé a pensar distintos chamuyos para seguir el juego de una manera coherente. Estaba concentrado en seguir el juego y no recuerdo exactamente la charla. Me hablaban de Budapest, si había ido a tal y tal lugar….cuantos días me quedaba…no fue mucho tiempo. Habrán sido solo 10 minutos.

Yo tenía dos horas para tirar a la basura, me habría podido quedar ahí chamuyando pero esta gente es hábil y te pueden meter en esos antros sin que vos te des cuenta. Entonces les digo “Bueno chicas, un gusto me tengo que ir”. Y la otra muchacha, la que estuvo callada toda la charla me mira y me pregunta “mmm…pero que haces hoy a la noche??”. Jajaja. Estaba esperando que me lo preguntara, cuando vieron que ya me estaba escapando jugaron la última carta. Les repito si eso mismo pasa en Polonia, según tengo entendido (nunca fui) es un street pick up que es usual en las polacas. Pero en esta ciudad, desconfíen y aléjense de la mejor manera posible.

“Hoy a la noche tengo una cena con mis colegas y después saldremos a tomar unas cervezas”. Ellas pueden manejar a un solo individuo a un turista que está solo y que cuando se ve acorralado entre pagar una cuenta monstruosa o tener que vérselas con los muchachos rudos que están la puerta del restaurante, decide pagar e irse corriendo lo más rápido que puede. Pero como les dije que éramos un grupo, ellas solo son dos, es más difícil llevarnos al lugar donde está preparada la trampa y suponiendo que lo hiciéramos, al momento de pagar o enfrentarnos con los de la puerta, creo que elegiríamos la segunda.

Fue entretenido, y espero que si en algún momento están en ésta misma situación, se acuerden de éstos párrafos y sepan que hacer pero mucho más importante, que NO hacer.

miércoles, 26 de enero de 2011

Costumbres Argentinas


Cuando planificamos un viaje por nuestra cuenta creo que una de las preguntas que más nos hacemos es “¿Cuántos días debería ir?” o “¿Con cuantos días alcanza?”. La respuesta nunca es fácil y se responde con otra pregunta “¿que queremos alcanzar?”. ¿Visitar dos horas un pueblo nos da el derecho de decir “yo conozco ese lugar”?. Algunos dirán “Y…depende del tamaño del pueblo y de lo que tenga para ofrecer”.
Durante mis días por Europa conocí varios viajeros, cada uno con distintas expectativas de su viaje y de la vida en general y a todos les hice la misma pregunta: “¿Cuándo considerás que conocés un lugar?”. Lo más gracioso de todo esto es que me decían “Ahh…pero que pregunta pelotuda….bueno….conoces un lugar bien cuando….” Y ahí se quedaban. La mayoría se conforma con visitar los principales lugares turísticos que la ciudad tiene para ofrecer. Unos cuantos me dijeron que tratan de ver y sentir como viven los locales, tratan de mezclarse con ellos. Otros que sienten que conocen un lugar cuando se terminan aburriendo y les dan ganas de irse a otro lado

La respuesta sin lugar a dudas no es sencilla y en este blog no van a encontrar una fórmula mágica para planificar sus próximas vacaciones. La respuesta está en cada uno de nosotros. Conozco gente que viene a Europa por un mes y visita 20 ciudades, estando entre nada y 2 días en cada una. Seguramente así no conocés nada en profundidad, tenés un vago recuerdo de lo que viste y quizás algún souvenir si tuviste tiempo de comprar algo. Esa gente es feliz así porque piensa que maximiza su viaje y me parece genial. Después tenés el otro extremo, conocí una persona viviendo desde hace 15 años vive en Londres que me dice “No la termino de conocer, siempre hay algo nuevo”. Y si…el que busca encuentra, si estás convencido de que cada día vas a encontrar algo distinto, sin dudas lo vas a hacer. En Londres, en Buenos Aires o en dónde sea.

La respuesta más interesante me la dieron hace un mes aproximadamente. Compartiendo un café en Budapest con alguien que había conocido el día anterior disparé la misma pregunta. Lo bueno de moverse y conocer gente nueva cada día es que les podés hacer las mismas preguntas sin parecer un estúpido que siempre habla de lo mismo. Y uno va ganando más y más experiencia con cada conversación, como en la película Goundhog Day. Empecé preguntando que tenía que visitar y/o hacer en Budapest para considerar que la conozco, y la conversación derivó en el ya mencionado “¿Cuándo considerás que conocés a fondo un lugar?”. Esta persona pensó 10 segundos y me contestó algo así como “No pienses demasiado en eso, creo que no hay una mejor forma de conocer un lugar, nunca se va a conocer a fondo. Trato de disfrutar al máximo el tiempo que estoy ahí y listo”.

Palabras muy sabias. Terminó de cerrar lo que más o menos venía pensando. Creo que lo que fui aprendiendo podría resumirse como: Al visitar un lugar nuevo en un tiempo limitado, conviene ir a los lugares más ‘atractivos turísticamente’. Si la cosa se pone aburrida, tratar de ir a los lugares no tan turísticos donde va la gente común para intentar entender como viven ellos el día. Aprender las frases básicas del idioma. Salir por la noche a los clubs más concurridos (practicando un poco las frases aprendidas) a envenenarse con la bebida alcohólica típica (o más pedida por los locales). Y por supuesto, lo más importante de todo y que se hace a lo largo de toda la visita, entender la cultura del pueblo, quienes son, de donde viene y que quieren. Que aman y que odian. En que creen. Cuáles son sus costumbres.
Según Wikipedia, una costumbre es una “práctica social arraigada”, es algo que la mayoría de la gente hace y que podemos esperar presenciar cuando visitamos un lugar en particular. Dénse cuenta que ver estas prácticas es uno de los aspectos más ricos de un viaje, es lo que de alguna forma le da sentido. ¿Vale la pena viajar miles de kilómetros para hacer, ver, sentir, comer, oler y oír lo mismo que en casa? Sin lugar a dudas, no.

El shock cultural más grande lo sufrí en septiembre de 2009 durante el viaje a la India. Los lectores de ese blog saben de lo que hablo. Los que no, es hora de entrar: http://mi-viaje-a-la-india.blogspot.com/. Presenciar el festival del Durga Puja, ver las decoraciones y los bailes típicos, hablar con la gente local y el haber podido entrar a los templos durante ésta época festiva, para mi fue uno de los factores más positivos del viaje que le restó importancia a mis reiterados sucesos de mala suerte y a la imposibilidad de digerir la comida local.

Mientras escribo éstas palabras, un húngaro sentado al lado mío estornudó. El polaco que tengo en frente le dice algo como “Na zdrowie”, el alemán de la otra punta grita “Gesundheit!” y para no quedarme atrás le digo “Salud” (palabra que también la decimos para brindar, no?). En húngaro se dice “egészségedre” (pronunciación), la misma palabra usada para brindar. Es increíble como dos pueblos tan distintos (Húngaros y españoles) usan la misma palabra con el mismo doble significado. Y no somos los únicos. Sin embargo, en otros lugares del mundo como ser en Inglaterra, para brindar se dice “Cheers” también utilizable para despedirse de una persona. Cuando alguien estornuda se le suele desear que “Dios lo bendiga” (God bless you), es una costumbre que se fue fijando porque pensaban que el Diablo vive en el interior de las personas y el estornudo es un signo de que está un poco encabronado y con ganas de salir.

Otra costumbre interesante es que antes de lanzarnos frente a un plato de comida, solemos decir “Buen provecho”, traducible sencillamente a la mayoría de los lenguajes latinos: Buon appetito, Bom apetite, Bon appétit, etc etc. Sin embargo, no existe una traducción literal al inglés. Esto demuestra claramente quienes saben disfrutar de una comida y quienes no, hecho mundiamente conocido. Ya les dije en varias oportunidades que la comida en Inglaterra es realmente mala, en atractivo, calidad y sabor. En Inglaterra si querés ser cordial podés llegar a tirar un “Enjoy your meal” pero no es lo mismo, no es requisito y no marca ninguna diferencia.

Costumbres hay de todo tipo y para la gente ajena a ellas pueden parecer raras, locas, desubicadas y totalmente aberrantes. Ya les comenté un poco sobre el hábito que tiene la gente de Edimburgo de visitar los cementerios y hacer ahí de todo (si, de TODO). Cuando vayan a esta ciudad investiguen sobre la historia del Bobby. El dueño de este perrito murió cuando tenía dos años y el can se pasó toda su vida sobre su tumba. La gente lo alimentaba y le daba abrigo durante los meses de invierno. Eventualmente murió a 14 años después. La intención fue enterrarlo junto con el dueño, pero no se pueden enterrar animales en un cementerio humano, así que lo enterraron justo después de la entrada al cementerio, considerando de alguna forma que esa no era un “área sagrada”. El Bobby se convirtió en un ícono nacional, tiene su propio bar, estatuas, postales, remeras y es costumbre ir a visitarlo a su tumba regularmente.

Hablando de Edimburgo y de costumbres raras, no se olviden de que ahí los hombres usan polleras. Conocí un escocés en The Cavern (Liverpool) que me decía que se sentía súper orgulloso de vestir su pollera y de no llevar absolutamente nada abajo aunque no debía ser del todo cierto porque no la tenía puesta en ese momento y podría ser la excusa ideal para encarar chicas. O sea, todo bien con la pollera, me parece súper masculina, pero no llevar nada abajo con el frío que hace en Edimburgo…me parece poco práctico.
Con respecto a Inglaterra creo que lo más distintivo que me tocó vivir fue la fiesta de Guy Fawkes.
Cuando me enteré que tendría que venir a Hungría, entre las mil cosas que tuve que hacer decidí aprender un poco del idioma. Entré a un par de páginas para iniciarme en el idioma y sentirme más seguro al llegar. En ese momento me di cuenta que sería una misión imposible y que no importaba cuantas veces leyera o escuchara como decir algo, la información se autodestruía de mi cerebro a los 5 segundos. Este idioma merece un post separado, no voy a profundizar en esto ahora. Navegando en Internet, buscando más información, llegué a una página sobre las “buenas costumbres” en Hungría.

Me causó mucha gracia porque decía “los húngaros se saludan con 2 besos, uno en cada mejilla siempre y cuando uno de las dos personas sea una mujer. Sino, es costumbre saludar a cada una de las personas presentes con un apretón de manos no muy fuerte y siempre mirando a los ojos de la otra persona. Negarse a dar la mano es algo muy ofensivo. Se puede llegar a zafar diciendo que nos acabamos de lavar las manos o algo similar”. Al margen de lo antisocial que me resultó este último comentario, fue bastante cómico el relato detallado de cómo dar la mano.
Lo subestimé. Créanlo o no, es una costumbre que acá se respeta. Llegan a la mañana a la oficina y todos van uno por uno dándose la mano. Como mi trabajo es pseudo-esclavo yo soy el primero en llegar y el último en irse no hay nadie cuando lleno ni me voy así que no necesito acatar el protocolo de apretones. Pero en el gimnasio, se te acercan y si estás en el medio de un ejercicio tenés que parar, sacarte el guante derecho, secarte la mano y darle la mano. Recordando siempre no apretar, no realizar ningún movimiento y mantener el contacto visual.


Pero el título del post es “Costumbres Argentinas”. Cuando viajamos por el mundo nosotros no sólo recibimos sino que damos. En el mismo momento que aprendemos de lo que vivimos y de lo que hablamos con los locales, ellos aprenden de nosotros, en especial en éstas “aldeas” como en la que me toca vivir, donde no es común ver o hablar con un extranjero. Todos me preguntan del país, que idioma hablamos, que hacemos, de que vivimos, que comemos, como vivimos, que tomamos, que pensamos y que carajo hago tan lejos de casa. Se ponen locos cuando prueban un mate o cuando les cuento sobre el ritual de un asado.

Esto no termina ahí, también aprenden de nosotros por lo que ven, lo que me lleva a contar una anécdota genial. Como les acabo de contar, estoy encerrado en la oficina 11 horas. Tenemos un transporte que nos pasa a buscar a las 8 am por el hotel y luego nos lleva de vuelta a las 7 pm. Cuando llego al hotel, me cambio y voy corriendo al gimnasio. No tengo nada de tiempo para merendar e ir con el estómago vacío al gimnasio equivale a un rendimiento paupérrimo. Por lo que necesito comer un yogur o algo alrededor de las 5 de la tarde, ya que comer lácteos e inmediatamente después hacer ejercicio supuestamente es malo. En fin...dos horas antes de entrenar tengo entendido que ésta bien.

En la planta hay un kiosco donde puedo comprar el yogur, pero cierra a las 3:30 pm (si…los horarios de atención en este país son ridículos). Necesito alguna forma de conservar el yogur en óptimas condiciones nutricionales desde las 3:30 pm hasta las 5 pm. No tengo heladera en mi piso….ideas?? Algunos dirán “Comételo a las 3:30, no hinches las pelotas y liquidá el post”. Si lo como a esa hora, a las 7 de la tarde me muero de hambre de nuevo. Evalué todas las opciones y se me ocurrió que como hace más frío al aire libre que en una heladera misma, podía comprar el yogur 3:30, ir a mi oficina del octavo piso, abrir la ventana, poner el yogur en la pared exterior y esperar hasta las 5 pm.


Todo funcionó según lo planeado. Mis compañeros de laburo húngaros se reían un poco pero cuando les expliqué el porque admitieron que era una buena solución al problema. Hasta que un día puse el yogur afuera y por alguna razón aún no determinada, cuando cerré la ventana presencié que al igual que los pingüinos y las gallinas, los yogures no vuelan. Se suicidó tirándose desde el octavo piso y encontrando su frío final contra el hielo. Yo solo llegué a decir “Ups…” Justo ese día la oficina estaba llena. Imagínense como se cagaron todos de risa. En fin…todos nos mandamos una cagada de vez en cuando. Pero lo mejor fue cuando vino uno de los pibes y me comentó que uno de mis compañeros, que no había estado presente cuando expliqué porque dejaba el yogur afuera le había dicho “Que costumbres raras que tienen estos Argentos, teniendo un tacho de basura al lado tira el yogur por la ventana”.

Nota: Las últimas cinco fotos no son de mi autoría