domingo, 16 de enero de 2011

Think Left

Además del idioma, un par de consecuencias de que Argentina haya sido colonizada por los españoles y no por los británicos es que nuestras ciudades están organizadas en cuadrículas y que manejemos por la derecha. Esto ya lo saben y les aseguro que aunque se preparen mentalmente antes de hacer un viaje a las islas británicas o a cualquiera de sus actuales o ex colonias se necesitan varios días para acostumbrarse o mejor dicho aceptarlo y un extremo cuidado durante las primeras horas como peatón en cualquier ciudad importante, como puede ser Londres.

Pero, ¿de dónde viene esta norma? ¿Quién estableció de que lado se circula y porqué en algunos países es distinto? Siéntense porque acá viene la respuesta. Todo empezó varios siglos atrás, cuando todavía no existían los autos y los caballeros se desplazaban a caballo. En esa época aparentemente era usual encontrarte a mitad de camino con alguien que te debía dinero o que te había difamado en público y se producían duelos ahí mismo, en la calle, en el mismísimo instante en que se cruzaban. “O me devuelves mis 2 peniques o te las verás con el acero de mi espada”.

Como la mayoría de la gente es y siempre fue diestra y el objetivo era asestar el golpe lo más rápido posible, cuando el caballero divisaba a otro a la distancia tomaba su espada para tenerla lista por las dudas. Es natural suponer que por esta razón circulaban por la izquierda, para que su posible adversario se vea obligado a pasar por su derecha y esté a la merced de sus armas. Por supuesto que la otra persona está pensando exactamente lo mismo y por eso también mantiene su izquierda. Esto se fue haciendo costumbre y aunque los tiempos dejaron de ser tan violentos (al menos eso dicen) y las formas de transporte fueron evolucionando, en el gran Imperio Británico se mantuvo esta norma.

Pero la historia no termina ahí. Resulta que el eterno enemigo de los ingleses, Napoleón Bonaparte, era zurdo y prefería moverse por la derecha de los caminos para defenderse, siguiendo el mismo principio anterior. Obviamente que sus tropas hacían exactamente lo mismo y este hecho fue el que desencadenó que en Francia y luego más tarde en el resto de Europa, el sentido de circulación fuera por la derecha. En América se respetaron los sentidos de circulación según la nación colonizadora, pero EEUU al declarar su independencia decidió adoptar la derecha para distanciarse y diferenciarse aún más de Inglaterra. Hay más casos específicos en el resto del mundo pero no tienen nada que ver con este blog.


Londres está organizada en councils bastante amplios, pero la gente no dice “Vamos a Lambeth”, sinó que son más específicos y a la hora de juntarse definen un área más limitada generalmente designada por la estación de underground más cercana. Yo les explico esto porque hasta el 7 de octubre estaba acostumbrado a que cuando me quería encontrar con alguien le daba una dirección o una intersección de calles. En Londres no. Decís “Nos vemos a la 1 en Westminster”. Y si preguntas “Ok…pero dónde más específicamente??” te miran raro. Y si, hay tantas estaciones de underground que dando esa indicación es más que suficiente.




Los nombres de las calles son realmente muy confusos por lo que la utilización de landmarks es imperativa. Por ejemplo, cerca del barrio donde vivía hay una estación llamada Vauxhall. Acá convergen buses, trenes y underground. Es un punto importante en el sudeste de Londres. Alrededor de la estación se encuentran las siguientes calles: “Vauxhall Street”, “Vauxhall Bridge Road”, “Vauxhall Grove” y seguramente alguna otra. Como se darán cuenta, es bastante fácil perderse. No es el único ejemplo, alrededor de las estaciones importantes las calles se llaman de la misma forma pero agregando el “street”, “place”, “lane” o whatever. Mi recomendación, mapa y paciencia o GPS.


Como ya les dije, las ciudades no están organizadas en cuadrículas sino que todas las calles son más o menos diagonales y las plazas tienden a ser triángulos. O sea que tenés una camino principal y uno que sale en forma oblicua (acá se forma la plaza triangular) hacia algún otro lado de la ciudad, generalmente otra plaza triangular con una estación de underground. Por eso es que es tan fácil moverse en Londres. Imagínense que es una ciudad llena de grandes triángulos, unidos por caminos que van a los triángulos más cercanos con triángulos más chicos en el medio. Además el nombre de las calles que unen esos triángulos generalmente lleva el nombre de uno de esos dos triángulos.

Pero ojo, Londres también puede ser una trampa mortal para los turistas desprevenidos. Para cruzar la calle supuestamente tenés que apretar un botón que hace que en algún momento el semáforo se ponga en rojo para los vehículos y te da el paso por unos escasos segundos. Esto es algo que todavía no terminé de entender, porque si no apretás el botón, el semáforo de todas formas se cierra para los autos y vos podés cruzar. Por curiosidad (y falta de algo importante para hacer) me detuve a observar si apretando el botón disminuía el tiempo de espera para los peatones, pero no. Es exactamente lo mismo. Alguna diferencia tiene que haber, tema pendiente.

El problema es que casi todas las calles son de doble mano, diagonales, los ingleses manejan como locos y para peor antes de dar el primer paso miramos instintivamente hacia el lado equivocado. Mezclen estos cuatro ingredientes y van a obtener algo difícil de digerir. Para nuestro alivio, los ingleses se dieron cuenta que los turistas muertos no gastan dinero así que decidieron escribir en la calle “Look Left” o “Look Right” para darnos una mano o “Look both ways” cuando el tránsito es un reverendo quilombo y los autos te pueden venir hasta desde arriba. Mi recomendación: siempre mirar para los dos lados y cruzar lo más rápido posible porque les aseguro que los autos aparecen de cualquier lado. Además que esperar a que el semáforo nos de la luz verde para cruzar es un embole y cruzar en rojo va en contra de la ley. Si algún azul nos ve puede llegar a multarnos, pero si cruzamos corriendo ya tenemos un impulso de ventaja y podríamos llegar a zafar más fácilmente de nuestra falta.

El transporte en Londres es “completo”. Decidí usar esa palabra porque considero que es la que mejor lo describe. La página de Internet (http://www.tfl.gov.uk/) tiene unificada toda la información de trenes, subterráneos y buses. Podés saber exactamente la frecuencia de cada bus a la hora que a vos te interesa. Tenés un estado online de las demoras en cada punto de la ciudad y las líneas de underground que no están funcionando. Pero como recordarán en el post sobre mi recurrente mala suerte, el underground fue el culpable de que por poco llegara tarde a mi primer día de trabajo. En teoría debería ser excelente, pero en hora pico es imposible moverse en bus, siempre hay alguna línea de subte que no funciona, en especial durante los fines de semana y para peor hacen paro bastante seguido.

Les comenté ya en algún post que el Tube es carísimo y la mejor opción para turistas ratas es el travel card semanal para los buses. La compran el primer día y después se olvidan y tienen la ilusión de que están viajando gratis, solamente apoyan la billetera en el lector y listo. Si toman una línea que pase por varios lugares turísticos pueden sentarse cómodamente en el piso superior y sacar fotos desde una posición privilegiada. El servicio de buses es bastante eficiente y ubicarse es bastante sencillo, una vez que le agarran la mano. Cada zona tiene varias paradas asociadas. Por ejemplo, si están en Victoria, en cada parada tienen un mapa de esa zona con todas las paradas de buses, la letra que identifica a cada una de ellas y los buses que pasan por ellos. Con un mínimo sentido de la orientación, solamente necesitan saber donde están y a donde van.

Con respecto a las paradas, van a tener un único problema. Más de una vez van a estar esperando el bondi, contando los minutos, puteando y preguntándole a todo el mundo si esa es la parada correcta. Antes de rendirse e ir a buscar una alternativa hagan los siguiente: miren hacia el otro lado, jaja. Una vez estuve esperando como media hora y mi bus no venía. La verdad es que el bus pasó varias veces, pero yo estaba mirando hacia la izquierda, pensando en otra cosa y esperando que apareciera mi número. No es instintivo, ríanse hoy si quieren pero les aseguro que les va a pasar, más que nada si tienen la cabeza en otra.

La última recomendación de este post es: si van a viajar a Reino Unido, cuiden su brazo izquierdo. Como la mayoría sabrá, tuve un pequeño accidente practicando deportes de riesgo antes de viajar y me vi obligado a comenzar mi viaje con un brazo medio quebrado. Una muchacha en mi fiesta de despedida se reía de mí diciendo “¿Cómo vas a parar el colectivo? Tenés que usar el brazo izquierdo”. En su momento me reí, pero tenía razón! Tuve que parar a todos los bondis de costado levantando el brazo derecho….un aparato. Y no solo eso, el lector de Oyster Card está ubicado a la izquierda (de nuevo levantar el brazo), en las escaleras, supermercados, siempre hay que caminar por la izquierda, las puertas están pensadas para abrirlas con la mano izquierda, etc etc. Como ya dije, es imposible acostumbrarse, solamente asúmanlo y diviértanse en el intento!

lunes, 10 de enero de 2011

Liverpool, tercera y última parte

Ya fueron varios los que me preguntaron “¿Y que más hiciste en Liverpool?” “Todo bien con tu mala suerte, pero quedó colgado ese relato”. Después del ataque bloguístico del mes pasado en el que escribí dos días durante diez horas decidí tomarme un descanso y volver a la idea original del blog que es recomendar o no ciudades, atracciones turísticas, formas de transportarse, etc etc. Les ahorro un poco de trabajo al planificar su viaje a Liverpool. Tres o cuatro días son más que suficientes, salvo que vayan en pleno verano y quizás quieran hacer un clásico pic-nic inglés en el parque.

Ya saben que en Inglaterra ver el sol se vende en paquetitos chicos, sobre todo fuera del verano. Los británicos se despiertan el domingo y preparan todo para hacer el pic-nic. Cuando se asoma un rayo de sol salen todos corriendo al parque más cercano (que sobran en Londres y en todas las ciudades que visité). Es como en las películas, no les miento. Van con sombreros, la canasta, el perro, las cartas de bridge, el paraguas (que haya sol ahora no significa que dure mucho), unas sillitas y el diario. Ocasionalmente pasan por el Starbucks o Costa Coffee (el café Nero también, pero yo no se los recomiendo) a comprar un “latte to take away”. Como se podrán imaginar, el café hay que acompañarlo con algo pero no pasan por la panadería a comprar facturas, no. Hacen algo con mucha más onda.

Los fines de semana surgen “farmers markets” en casi todas las plazas y parques de la ciudad. Son granjeros y artesanos que trabajan durante la semana y van a las ciudades a vender sus frutas, verduras, artesanías y panificados. Por ejemplo en el barrio donde yo vivía había una iglesia llamada Kennington Church que contaba con un pequeño patio, mejor dicho un espacio verde con algunas lápidas para que se hagan una idea. En este lugar los sábados y domingos se organizaba este tipo de mercadito. Era discreto, nada que ver con el de Notting Hill por ejemplo, acá no habían mas de quince puestitos.

Más de un fin de semana me levanté temprano para acompañar mi mate con algún “Chelsea bread”, o tal vez un duro e insulso croissant gigante o cualquier otro tipo de los horribles panificados ingleses que se consiguen en este mercado. Y digo horribles porque no tienen comparación contra las medialunas que se pueden comprar en cualquier lado de Buenos Aires (excepto las de Venezuela y Paseo Colón, por supuesto). Comer estos pseudo-alimentos británicos es una tortura autoinfligida. Es difícil encontrar algo empalagante, generalmente son salados y tiene un dulce adentro. Bah, dulce, debería decir “ungüento” rojo agrio. No entiendo porque se esfuerzan en hacerlas así. La manteca, leche, agua, harina etc etc, todo es igual acá, allá y en todos lados. ¿Es tan difícil buscar una receta mejor en Internet?

En definitiva, si quieren hacer su pic-nic a la inglesa en Liverpool porque el día aparenta ser soleado, pueden pasar por el super o por la tienda de Apu a comprar un paquete de galletitas dulces, lleven su mate, el paraguas y diríjanse por ejemplo, al Sefton Park. Si no les interesa y solamente quieren conocer las atracciones clásicas de Liverpool entonces les recomiendo la visita a las casas de John y Paul, la exposición llamada The Beatles Story y algun de tour Beatle guiado.

Hay distintos tipos, para distintos grados de enfermedad Beatle y presupuestos. Yo iba mediando estas dos variables así que elegí el Magical Mistery Tour que consiste en un micro acondicionado como el de la bizarrísima película Beatle con el cual se recorre durante dos horas y media buena parte de Liverpool, pasando por el Albert Dock, el centro, todo el trayecto de Penny Lane y finaliza en The Cavern. Si son totalmente enfermos de los Beatles venden guías a 5 libras con más de 99 puntos y referencias Beatle dentro y fuera de la ciudad (en este caso reservar un par de días más). Si en cambio cuentan con una billetera jugosa hay una compañía que hace un recorrido parecido al del Magical Mistery pero en un taxi en el que entran hasta 5 personas. Supuestamente es más personalizado, hacen más paradas y se detienen más para hacer fotos.

Mi “ticket to ride” (así se llama el ticket del Magical Mistery Tour) era para las 14:30 por lo que durante la mañana aproveché para visitar la exhibición Beatle. Realmente no sabía bien que esperar. Ya había estado en Londres en una exhibición sobre la música británica en general, la British Music Experience, y me había parecido un poco desordenada. Muchísima información muy poco relevante por lo que para encontrar algo que realmente te interesa sobre los grupos que te interesan se debe gastar mucho tiempo jugando con las atracciones interactivas que proponen.




Por otro lado los objetos exhibidos si bien eran originales y con un alto valor histórico musical me parecieron un poco escasos. O sea, uno puede esperar exposiciones medio pelo en Buenos Aires pero estando en Londres, el centro del mundo según muchos, mis pretensiones eran altas y creo que tenían material para hacer las cosas mejor. Pero bueno, todo esto se compensa con una sala de grabación en donde se puede jugar, aprender a tocar varios instrumentos y hasta grabarse para luego escuchar en casa y compartir con amigos todo lo que hicimos. Yo no compartí mis obras maestras porque los temas se bajan desde Internet con un código que te dan y obviamente, a mi no me funcionó.

En fin, la exhibición Beatle de Liverpool propone un recorrido cronológico a través de la vida del grupo musical, comenzando con información sobre “The Quarrymen” el primer grupo de Lennon, como se conoció con McCartney y con Harrison. Las salas generalmente reproducen escenas típicas y lugares donde pasaron los acontecimientos más importantes de la banda.


Está el bar donde se acuño el nombre Beatle, una reproducción de Abbey Road Studios, una reproducción 100% fiel de The Cavern, y hasta un submarino amarillo. Las paredes están plagadas de fotos e información, a veces difícil de seguir. Además, la música dentro de las salas está a todo volumen (soñé con Please Please Me por tres días) y es bastante difícil escuchar la audio guía que te dan en la entrada o concentrarse en lo que lees. Como consejo les digo que si se manejan con el inglés, ni pidan la guía porque dice exactamente lo mismo que está escrito.





Al terminar el recorrido hay cuatro cubículos dedicados a cada uno de los Beatles con sus virtudes y logros post separación. Para un fan promedio como soy yo creo que son 12 pounds bien invertidos. Quizás para un hiper fanático no tenga tanto valor porque no va a salir sabiendo nada nuevo, y la mayoría de los expuestos son copias y reproducciones, pero bueno, ESTAS EN LIVERPOOL! Tenés que ir. Y por supuesto, como en cualquier otra atracción turística, antes de la salida hay que pasar sí o sí por el Beatle Store. En ésa época no tenía trabajo y multiplicar cada precio por 6.5 fue duro, pero te tenés que mentalizar que es ahora o nunca. Después de todo hay recuerdos desde 50 pennies como ser imanes y postales hasta el bajo Hofner de McCartney que estaba unas 500 libras.

Entre otras cosas compré una foto de 30x40 en blanco y negro del grupo, una buena opción para colgar en mi hogar, cuando tenga alguno en algún país del mundo. Salí de la exhibición con mi enorme bolsa y ahí mismo me di cuenta que mi viaje recién empezaba y que iba a tener que arrastrar esa foto por toda Irlanda…mmm…tampoco tenía muchas más opciones. Afuera me encuentro con el muchacho argento que había conocido el día anterior esperando que arrancara el Magical Mistery Tour.

El tour no es la gran cosa, lo más interesante es como está pintado el bus. Apenas comienza, el guía se presenta y nos dice que nos va a dar todas las explicaciones parado porque llegó una chica a último momento y si bien no había más lugar, la muchacha era de la otra punta del mundo e hicieron una excepción. Interesante, apenas subí al bus escuché a la flaquita de la primera fila chamuyando con el viejo de al lado en inglés pero con un acento super argento. No fui el único que lo notó, mi amigo me dice “Me parece que la minita de delante de todo es argenta….”. Veremos…

El guía era un super Beatle geek. Sabía absolutamente todos los detalles de todo. Además de ser mega fanático nos contó que él hizo de amigo de McCartney en una película documental sobre los Beatles y se jactaba de ser amigo personal de Paul McCartney. Más precisamente nos dijo que en el recital que se organizó para conmemorar a George Harrison, Paul McCartney se presentó en forma imprevista y lo llamó directamente a él para que hiciera los arreglos. Después del concierto se encontraron backstage y mientras hablaban Paul le dice “…nos vimos tantas veces y me sorprende que nunca me hayas pedido un autógrafo, por eso quiero pedirte el tuyo”. Humilde el pibe, jeje. Pero no se conformó con eso, Paul también le pidió una foto y obviamente el guía tenía una copia lista en su iPhone para mostrarnos a todos.

El bus solamente hizo tres paradas, una en Penny Lane, donde hay unos carteles para sacar fotos, y luego en las casas de Paul y George (foto). Cuando ya iba cayendo la noche el tour finalizó en la puerta de The Cavern el lugar donde los Beatles tocaron 300 veces; punto obligado para ir a tomar unas cervezas, escribir algo en la pared y escuchar algo de música en vivo para terminar de vivir la emoción Beatle que se respira en Liverpool.

Ojo que el The Cavern actual NO es el mismo en donde tocaron los Beatles. En realidad es difícil de decir si es el mismo o no. El original en un principio fue un depósito de frutas y fue usado como refugio en la Segunda Guerra Mundial. En 1957 comenzó a trabajar como un club de jazz dado que el lugar proveía una buena acústica, pero imagínense que el nombre lo lleva porque parece una caverna real. Es diminuto y claustrofóbico, cuesta pensar que comprimieron a 300 personas ahí para un concierto de McCartney en el año ‘99.

Las historias dicen que durante los recitales el calor subía por las paredes, todo olía a frutas y transpiración, afuera podía estar haciendo temperaturas bajo cero pero ahí dentro superaban los 30 grados. Estos mitos abundan en Beatle Story y vale la pena leerlos todos. En fin, en algún momento de la historia decidieron remodelar el club, mejor dicho demolerlo para construir otro tipo de edificio. Hoy en la calle se puede ver indicado donde estaba la entrada original del lugar (foto de la izquierda) a tan solo 20 metros del actual. Al poco tiempo se dieron cuenta del terrible error histórico que cometieron (o al menos eso dicen) y decidieron reconstruirla. Como ya les dije, hoy se encuentra a escasos pasos de su posición original y para hacerla se utilizaron una gran cantidad de los ladrillos originales. O sea…es casi lo mismo déjense de joder.

Recorrimos la caverna con mi amigo, sacándonos fotos en cada lugar que podíamos y en eso aparece la chica de la cual sospechamos su argentinidad gritando “Uhhh argentinos!! Quiero fotos con uds…”. Simpática, hiper activa y con un terrible sentido de la ubicación. Parece mentira como el viento nos junta, no? Tomamos unas cervecitas mientras buscábamos algún lugar en la pared para escribir nuestros nombres. Les aseguro que no es tarea fácil, salvo que midan tres metros y puedan escribir en el techo. Las paredes están totalmente saturadas de firmas. Pero bueno, pueden escribir en el baño o en los cuadros si se animan.

Una vez escrachadas las paredes nos relajamos para escuchar la música en vivo. Siempre hay alguien tocando y obviamente todo el tiempo repitiendo temas de los Beatles. Más tarde esa misma noche tocó una auténtica banda Beatle y pudimos vivir, en cierto grado, lo que se vivía a principios de los sesenta cuando la gente se agolpaba en la puerta para ver a estos cuatro muchachos. Bueno, no es exactamente el mismo The Cavern y como pueden ver en las fotos, la banda no era un reflejo fiel, pero si cierran los ojos y tratan de usar sus otros cuatro sentidos, es posible que su mente los transporte. Si no pueden, cuando les pregunten mientan y listo.

Y acá le pongo el punto final a mi review de la ciudad de Liverpool. Creo que vale la pena la visita, más si están recorriendo varias ciudades de UK o si son super fanáticos de la música. Mi viaje no terminó ahí, cargué mis dos mochilas y mi bolsa del Beatle store conteniendo mi incomodísima foto y tomé un bus con destino a la ciudad de Dublín. Pero eso lo dejo para más adelante.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Todo sobre mi mala suerte – Parte 2

Pues falló. Por poco pierdo el vuelo y tuve a los tripulantes de cabina cagándome a pedos hasta último momento. Con decir que cerraron la puerta del avión detrás de mí les digo todo. Pero les detallo, porque quiero que esto quede escrito en algún lado para contarles a mis nietos (si algún día vuelvo de Hungría….). Con el web check-in hecho, la aerolínea me informó que 45 minutos antes del vuelo debía despachar el equipaje y que las puertas cerraban 20 minutos antes de la partida. Yo volaba 17:20, o sea que debía llegar a la terminal 5 de Heathrow (desde donde sale British Airways) a las 16:35 como máximo y que debía estar arriba de la nave a las 17:00. Nuevamente, para evitar cualquier trastorno salí de mi casa a las 14:00. Mis matemáticas indicaban que a las 15:20 estaría en Heathrow y hasta iba a poder almorzar algo ahí.

Al llegar a la estación Oval de Northern Line, pregunto como llegar a Heathrow. Yo en realidad ya sabía, pero los fines de semana (era domingo) siempre hay planes de mantenimiento, cortes programados, etc etc, por lo que si era “imposible” llegar al aeropuerto por underground el señor amablemente me lo indicaría y yo, teniendo suficiente tiempo en ese momento buscaría otra forma de viajar. El tipo tenía pocas ganas de hablar y me dijo “Anden 1 hasta Leicester Square, ahí agarrás la Piccadilly y llegas a Heathrow, 1:15 mas o menos”. Bueno….ya tenía la confirmación, pero recuerden esas palabras. Cuando terminen de leer el post, vuelvan acá y comprendan con que información yo contaba….¿¿tanto le costaba al tipo decirme la verdad??

Mientras iba bajando las escaleras hacia el andén escuché un anuncio por los altoparlantes totalmente indescifrable. Tienen submarinos nucleares, búnkeres invisibles desde el cielo, gente en el espacio, aviones espía no tripulados y muchos otros adelantos tecnológicos pero la calidad del sonido de los altoparlantes en las estaciones de tube (no así en los trenes y estaciones de bus) es paupérrima. Es necesario haber nacido en la época del fonógrafo para tener el oído entrenado. Lo único que llegué a escuchar fueron cinco palabras “Piccadilly” “District” “line” “major delays”. En fin, ya estaba en el baile, a bailar.

Me siento en el andén como Penélope a esperar el tren, dejo a un costado mi valija, mis dos mochilas y mi notebook y estudio el mapa del underground. La Northern Line se divide en 2. Una rama va más para el oeste y otra hacía el este. Leicester Square está hacia el oese, pero según los carteles indicadores, ninguno de los próximos 4 trenes iría para ese lado. Dejo pasar el primero y por los altoparlantes vuelven a repetir el mismo mensaje encriptado en algún código que aún desconozco e inmediatamente después dicen que los que quieren tomar un tren hacía Charing Cross (rama del oeste) debía tomar cualquier tren, bajar el la siguiente y cambiar de andén. Ya había dejado pasar 1 tren y los minutos contaban. Me subo al siguiente con mis 60 kg de equipaje, bajo en la siguiente, cambio de andén, a los 2 minutos llega el tren que necesitaba y al cabo de 10 minutos ya estaba en Leicester Square.

Bueno, no fue tan trágico, solamente perdí un tren, un par de minutos. Por los altoparlantes…el mismo mensaje. Esta vez usaron otra encriptación, una que pude entender algo mejor, no agarré todo el mensaje, pero básicamente decía “District line parada, Piccadilly line problema de señales, SEVERAS DEMORAS”. Nuevamente la sangre subiendo a mi cabeza, aunque esta vez tenía menos opciones. ¿Tomo un bus? La semana pasada una amiga fue a Heathrow en bus porque le dijeron que el underground no es confiable y se clavo 4 horas en la autopista por un choque. Perdió el vuelo, tuvo que volar 2 días después. ¿Tomo un tren? ¿Voy a Victoria? Mmm…¿los trenes a Heathrow salen de Victoria? Realmente no se…y ya estoy acá. Bueno, tomo la Piccadilly”.

Llego al andén y tuve un déjà vu. Estaba de nuevo en Buenos Aires, más precisamente en la estación 9 de Julio de la Línea D un viernes a las 18:10. ¡¡Qué lindo!! Los carteles indicadores….bien gracias. Ninguna información, nada. Hora 14:30, sin opciones…a esperar. Al cabo de 15 larguísimos minutos llega un tren hacia las terminales 1, 2, 3 y 5. Recuerden que yo iba a la 5. De alguna forma me tenía que meter en ese tren con todo mi equipaje. Al acercarse el tren me di cuenta que iba a ser imposible. Los subtes en Londres son más bien redondos (por eso “tube”) por lo que el tren parecía una serie de latas de humanos en su salsa (sudor), prensados y listos para consumir.

El tren se va y solo 2 minutos después llega otro, pero hacia las terminales 4 y 1, 2, 3. Estaba casi vacío e iba casi para el mismo lado. Eran casi las 3 de la tarde ya, tenía tiempo suficiente por ahora, así que me subí. Como la District y la Piccadilly van casi paralelas durante un buen rato, toda la gente se volcó en la Piccadilly porque la otra estaba interrumpida y eso sumado a las “severas” (la palabra queda corta) demoras hicieron que el viaje se hiciera imposible. 15:40. A tres estaciones antes de llegar a Heathrow una voz grabada dentro del tren dice “Si su destino es la terminal 5, baje en la siguiente estación y espere al tren correspondiente”. Ok señorita, eso voy a hacer.

Más mensajes inentendibles por los altoparlantes, frío, nervios. La agujas del reloj se mueven pero los trenes no. 15:55, llega el siguiente tren hacia terminales 4, 1, 2 y 3. Lo dejo pasar. Siguiente tren a las 16:10, terminales, 4, 1, 2 y 3. ¿WTF? Mi paciencia se colmó, empecé a sentir un poco de adrenalina en el cuerpo y me acerqué a un punto de información. Literalmente dije (perdón a mi ahijado) “Where the fuck are the trains to terminal 5??” La voz del otro lado era de un indio o paquistaní al que le entendí muy poco y no tenía ganas de repetir, pero más o menos me dijo que los trenes no llegaban a la terminal 5 y que tenía que ir a la 4 y ahí tomar un bus o un tren o algo así. Genial, ¡gracias por avisar! Tomé el siguiente tren y llegué a las 16:30 a la terminal 4. En 5 minutos debería estar despachando mi equipaje en la terminal 5 que queda en la otra punta del mundo, 1 km desde la terminal 4, imposible de ir a pie.

La adrenalina ya fluía libremente por mi sangre y aprovechando este extra agarré todo mi equipaje con una sola mano y con la otra iba volteando turistas desprevenidos. A los gritos les preguntaba a los muchachos de seguridad dónde estaba el bus o tren hacía la terminal 5. Finalmente llegué a la terminal de Heathrow Express. Le consulto a una flaca de ahí cuanto se tarda en llegar y me dice “Normalmente 20 minutos…”. O sea que estaría llegando a la terminal 5 a las 16:50. Bueno, me quedarían 10 minutos para abordar y las valijas, bueno, ¿¿para que necesito ropa??

El viaje duró los prometidos 20 minutos. Repitiendo la misma receta: correr, empujar y gritar, llegué al ascensor que llevaba hasta el sector de partidas de la terminal 5. Busqué a la primera persona disfrazada con el uniforme de British Airways y le comenté amablemente mi problema. Tengo que destacar que la gente de esta aerolínea se portó de 10 en todo momento. No es un chivo ni nada por el estilo, pero seguro que si esto pasaba con Ryanair me decían “volvé mañana”. Esta señora hizo unos llamaditos por teléfono, me tranquilizó un poco y me dijo “Bueno, vos podés abordar, pero no te garantizo que tu equipaje llegue”. Jaja, “estoy acostumbrado a eso, señora” le dije. Obvio que no entendió porque se lo dije. Mi equipaje corría riesgo aunque hubiera llegado a las 12 del mediodía, así que le dí para adelante.

Cargó las maletas en la cinta, la vieja me imprime el boarding pass y me dice “bueno…ahora tenés que CORRER a la puerta 9, si hay mucha gente en los controles de seguridad decí que estas a punto de perder el vuelo”. Y eso hice, pasé corriendo todos los controles pero al llegar a donde escanean el equipaje de mano, volvieron los problemas. La notebook la quieren afuera del bolso. El abrigo en la cinta, el celular también, obvio que la billetera y el cinturón. Ahh…ahora también los zapatos! Yo tenía 5 minutos para abordar!!! Tiré todo arriba de la bandeja, y al volver a retirar todo escuché un ruido…miré abajo y no había nada…ok. Dudé si perder tiempo en atarme los cordones, pero caerme por correr con los cordones desatados era el colmo.

Llego a la puerta de embarque y veo que todavía había cola para ingresar al avión. Como la gente de British es súper estricta con el peso de las valijas y yo ya tenía calculado hasta el último gramo, todos los kilos de ropa que no entraban los llevaba encima. Estaba vestido como un esquimal. Se podrán imaginar que después de todo el trote que tuve que hacer estaba completamente transpirado y lo único que quería era ubicar mi equipaje de mano e ir directo al fondo del avión a tomar una cervecita.

Entro, saludo a las azafatas mientras me seco la transpiración y ubico rápidamente mi asiento. Meto mi mochilita azul en el compartimiento superior y atrás de ella toda la ropa que me sobraba. Busco mi celular para apagarlo y meterlo en la mochila….pero no lo tengo. ¿Dónde está?. Abajo del asiento, bolsillos de la campera, pantalón, bolso de la notebook…nada…mmm. Ahí me di cuenta que el ruido que escuché en el sector de seguridad era el de mi HTC Desire cayendo adentro de la máquina.

Cuando sea un millonario y viaje en primera no me va a importar perder un celular después del día que tuve…pero sigo siendo pobre y no iba a dejar que, además del nuestro petróleo, los británicos se queden con mi celular. Impulsado con los asientos empecé a saltar la gente que iba a entrando por el avión hasta llegar a la puerta. La adrenalina se me salía por las orejas ya (recuerden que mis suprarrenales la empezaron a largar a las 16:10). Le grito al comisario de abordo “Forgot my phone!!” y salí corriendo por la manga. El tipo no llegó a decir una sola palabra.

Nunca pensé que iba a llegar a correr de ésta manera por un aeropuerto, mucho menos que pasara todo lo que pasó en este mismo día. En el sector de seguridad explico mi problema y cual argentos, lo primero que me dicen fue: ”Acá no se te pudo caer nada, si algo cae dentro de la máquina se detiene automáticamente” y después “¿Estás seguro que fue en ésta cinta?”. Llegó un momento que me hicieron dudar pero me acordaba de la cara de la vieja que me hizo poner en la bandeja una por una las monedas que tenía en el bolsillo.

17:25. El avión ya debería haber salido hace 5 minutos. Lo podía ver por la ventana, seguía ahí por lo menos. Cuando me dicen que van a buscar a “Objetos perdidos” me dieron ganas de matarlo. Justo cuando estaba por renunciar porque era el celular o el vuelo uno de los tipos dice que lo encontró pero que necesitaba un palo para sacarlo. Ahí me tranquilicé a medias….hasta no estar en el asiento el calvario no se acaba. Me dan el celu y lo primero que se me ocurrió decir fue “Revisen la máquina, parece que no se detiene cada vez que se cae algo adentro….gracias”

Ya adentro del avión con todas mis pertenencias voy al fondo del avión después del despegue para tomar mi merecida cervecita. Ahí me encuentro al comisario de abordo que me pregunta si pude encontrar al celu. Me dio un poco de charla, el tipo estaba aburrido y yo la verdad que necesitaba alguien para contarle mi día. Lo que le conté mucho no le interesaba pero como era medio afrancesado creo que estaba interesado en otras cosas. En fin, entre charla y charla me tomé un par de cervecitas que me ayudaron para relajarme apenas un poco antes de aterrizar. Recuerden las palabras de la flaca que me despachó las valijas: “…no te garantizo que el equipaje llegue”.

Esas palabras no me dejaron dormir en todo el vuelo, ya venía imaginándome mi semana con la misma ropa, llenando el formulario de la pérdida de equipaje, tratando de hacerme entender con los húngaros. Trataba de aislarme de eso, de descansar las dos horas y media del viaje, total iba a tener bastante tiempo para putear al llegar.

Ya en Budapest voy hacia el sector de retiro de equipajes y me siento en un costado. Para bien o para mal tenía que esperar a que pasen todas las valijas del resto de los pasajeros más unos minutos para considerar “perdidas” mis valijas y hacer la denuncia. Me moría de hambre, gasté una fortuna en el pasaje y lo único que me dijeron fue un sándwich de pavo. Saco mis crucigramas y me dispongo a esperar. Cuando levanto la vista ahí esta mi mochila naranja.

No se si lloré, no creo. Igual llorar y gritar en los aeropuertos es normal. Se ve todo tipo de gente y de manifestaciones de alegría y frustración. Desde el familiar que se va y que nunca sabés cuando va a volver hasta el otro flaco que estuvo dos años afuera y lo reciben todos sus amigos a los gritos. También suele haber bastante ruido y luces cuando llega alguna estrella y van todos los gruppies a recibirla o cuando algún estúpido llega tarde para su vuelo y se pone a correr por toda la terminal. En fin, se ve de todo. No digo que sea un gran trotamundos pero cuando viajé de Buenos Aires a Londres tuve una escala de 10 horas en San Pablo durante los cuales no me dejaron salir del sector de conexión y les aseguro que vi muchas cosas.

Tomé mi mochila con la misma alegría que voy a tomar mi próxima porción de pasta frola y me dispuse a esperar, ahora sí con más esperanzas, a mi otra valija. Al cabo de 20 segundos entró por la cinta y dí por finalizado el día con peor suerte del año hasta el momento. Ya no me importaba si el taxista que me debía pasar a buscar no estaba o si el hotel al que me mandaron era un desastre. Ya no importaba nada. Lo que no te mata te hace más fuerte. El taxista estaba, el hotel es más que decente (foto). La moraleja de todo esto es “Nunca confíen en el London Underground”. Nunca digan “Esto no me puede fallar”. “Nunca subestimen mi mala suerte”. Y ustedes que opinan, ¿me hago ver por un profesional?

FIN


Nota: Las fotos no son de mi propiedad

martes, 14 de diciembre de 2010

Todo sobre mi mala suerte – Parte 1

Primero que nada les pido mil disculpas por el desorden en el blog, pero entiendan que la velocidad de nuestras vidas es mucho más rápida y constante que la velocidad de mis dedos al escribir estas líneas, condición exacerbada por los limitados minutos que tengo al día para bloguear y por estar viajando casi todo el tiempo. Cuando quiero escribir sobre algo particular, me veo enfrentado a otra situación que me gustaría comentarles casi inmediatamente para que estén al tanto de mis movimientos y al final las primeras experiencias terminan quedando colgadas, como fue el caso del viaje a Escocia y por ahora la continuación de mi viaje a Irlanda.

Reitero mis disculpas pero no puedo dejar pasar más tiempo sin recolectar todas las manifestaciones de esta mala suerte que me viene atormentando desde hace ya bastante tiempo. El otro día un amigo que hice en Londres me comentó que cuando vas a esos charlatanes que te leen el futuro de una manera u otra o cuando visitás a los chamanes, en realidad ellos están haciendo como un mini contrato con el diablo y uno de los efectos colaterales puede ser una racha de mala suerte. Por supuesto que yo no consulté los servicios de ninguna bruja, pero se que el año pasado alguien lo hizo por mi sin mi consentimiento. Sigo sin saber por qué y cual fue el resultado de esa consulta, pero más o menos a partir de ese momento es que se hizo notable mi incapacidad de tener dos logros constantes sin algo que salga mal. Habiéndole comentado esto a mi amigo me recomendó visitar un representante del otro bando, para purificarme un poco. Pero no se…después de leer este post quiero saber sus opiniones…¿consulto un profesional?

El 6 de octubre cuando salí de Argentina estaba esperando todo el tiempo la manifestación de mi mala suerte. Con los clásicos pormenores de un viaje (sin ser suficientemente importantes como para llamarlos “mala suerte”) llegué a Heathrow en Londres, tomé el underground sin problemas y al cabo de 1 una estaba en el centro de la ciudad. Pasé a buscar a una amiga y me recomendó tomar un bus hasta el departamento, porque como ya les comenté, el travel card semanal de buses cuesta £9 menos; el underground anda como quiere y la mejor forma de conocer Londres es arriba de un bus.

Trepé con mi valija de 32 kg, mi mochila gigante que pesaba unos 20kg y mi eterna compañera, la mochilita Samsonite azul, al bus y emprendimos el viaje. El tránsito estaba insoportable y al llegar al Vauxhall Bridge estaba totalmente detenido. Esto es normal para Londres en una hora pico, pero pasaba el tiempo y el bus no se movía. Ahí fue cuando el conductor dijo “gente, esta cerrada la calle, sorry pero no puedo avanzar”. Me bajé con todos mis trastes y como supuestamente estábamos a solo 400 metros del departamento empezamos a caminar. La razón por la cual la calle estaba cerrada era un accidente, pero como había sangre involucrada todo el perímetro estaba cerrado por la policía, o sea….ni siquiera podía ir caminando!! La única solución era ir rodeando todo Kennington Park (una caminata de un kilómetro más o menos) o meterse por el medio del parque. Uds. dirán…nada grave, pero después de un viaje de más de un día y acarreando tu mismo peso en equipaje una caminata por el parque es lo último que querés hacer.

En fin, sobreviví. Tomé esto como una señal de mi mala suerte, algo así como “Llegaste, descansá, divertite, buscá trabajo, pero recordá que yo sigo acá…buenas noches”.

La siguiente manifestación fue hace unas pocas semanas, al final de mi viaje por Irlanda. Todavía no les comenté en detalle el viaje y espero hacerlo pronto, pero para hacer una pequeña introducción a mi experiencia malasuertista les comentó que para terminar mi viaje “relajado” decidí volver en avión desde Dublin hasta Londres. De ésta forma en un intervalo de solo 5 o 6 horas podría llegar a mi departamento, cocinar una buena cena caliente, darme una ducha y descansar en mi propia cama. A la hora de planificar mi vuelo había encontrado una tentadora oferta de Ryanair (una de las aerolíneas low cost) en la que el precio final final (ojo con los costos escondidos cuando usan low cost) era de solo €32. Increíble, mi mala suerte había cedido!!.....mmmm….NO!

Para ese día ya estaba totalmente cansado de Dublín, me pareció una ciudad cara, sobrevaluada (no solo en lo monetario sino en la cantidad, calidad y relación costo/beneficio) de sus atractivos turísticos. Además mi visita fue congelada por una ola de frío polar que cubrió las islas de Irlanda y Gran Brteaña. Nieve sobre nieve, nevadas y lluvias constantes. La vereda se llenaba de pozos de nieve derretida dentro de la misma nieve. Ahí dentro se formaba un caldo helado de agua, tierra y basura. Un tremendo asco si te toca pisar ahí adentro porque venís distraído por los copos de nieve con forma de pelotitas de telgopor que te pegan en la cara impulsados violentamente por el viento lateral.

En fin, ya estaba relajado en mi hostel con mis mochilas armadas y mientras almorzaba me llega un mail de Ryanair avisándome que mi vuelo había sido cancelado ya que el aeropuerto de Gatwick (en Londres) estaba cerrado por mal tiempo. Empecé a sentir como la sangre subía a mi cabeza, oxigenando un poco mi cerebro y preparándolo para idear un plan de contingencia inmediata. El próximo vuelo salía al día siguiente, pero….¿quién me garantiza que abrirían el aeropuerto? ¿Quién me garantiza que siendo una aerolínea low cost y con viajeros demorados no nos hagan volar parados como si estuviéramos en un bondi? Y lo más importante ¿tengo que quedarme otra noche en Dublin? Noooo. Cancelé el vuelo, reclamé un reembolso del 100% y salí corriendo con mis mochilas (como verán siempre en mis relatos tengo que correr y con mucho equipaje encima) hacia la estación de bus.

La nieve había aflojado apenas un poco, no así el frío pero el trote hizo que no me importara mucho. Quedaban 5 lugares en el bus que se agotaron en solo 5 minutos después de abrir la boletería. Mi ilusión de una cena, baño y cama calientes se esfumaron en un instante. El sufrimiento duró 15 horas y ésta serie de eventos fue la que hizo prometerme a mi mismo no viajar a ningún otro lado por lo menos por un mes y medio. Es patético admitir que no pude mantener mi promesa, a los 3 días estaba viajando a Cambridge y una semana más tarde sucedería algo solamente comparable con el extravío de mi equipaje en India el año pasado.

Como la mayoría de ustedes sabe, el objetivo de mi viaje a Europa es y siempre ha sido conseguir trabajo. La idea era hacer base en Londres y buscar algún trabajito por ahí ya que la libra esterlina está fuerte. Mientras durara la búsqueda de trabajo pasaría los días recorriendo la maravillosa ciudad de Londres que tantas cosas tiene para ofrecer (y de la que tan poco he blogueado), alternando con pequeños viajes de no más de una semana hacia otras ciudades. Dado que estuve siendo un poco exquisito con respecto al proyecto al cual unirme tuve bastante tiempo para viajar, pero una vez que me di cuenta que la cuenta del banco estaba cediendo, empecé a bajar mis expectativas.

Y así fue como la semana pasada, más precisamente el miércoles (08/08/2010, tanto Beatle, tanta conexión, hasta se podría decir que el espíritu de Lennon me ayudó) conseguí trabajo en Hungría. Nada especial, no hablo el idioma, pero bueno, me daría de comer y es un nuevo desafío. Lo mejor de todo es que me necsitaban en su oficina en un galpón en el medio del campo húngaro el lunes siguiente a las 9 am. Ahí mismo comencé a buscar vuelos y para evitar cualquier tipo de inconveniente con las poco confiables aerolíneas low cost, compré un pasaje de British Airways. Además las low cost salen de aeropuertos medio pelo diseminados a 2 horas de bus de Londres (o media hora de tren, todo depende del presupuesto), en cambio British sale de Heathrow, una hora en tube, £2.40, tengo la estación a 2 cuadras del departamento, esto no me puede fallar!

CONTINUARA!!!

Nota: ninguna de las fotos es mía!

lunes, 6 de diciembre de 2010

Someone is Knocking at Paul’s Door

Dentro de la casa de Lennon está prohibido sacar fotos así que hay que recorrer todo por cuenta propia guardando en la memoria todo lo que vemos, sino esperar a encontrar alguna foto en Internet o comprar las postales que te venden convenientemente al final de tour con una selección de las mejores fotos de las dos casas. Recorrimos las dos plantas de la casa ambientada para verse como se veía en los sesenta cuando Lennon vivía ahí. Originalmente era la casa de la tía, ya que fue ella quien se encargó de John cuando era chico. Se notaba que era una familia “bien”, tenían todas las comodidades esperables en una casa de clase media en esa época así que el muchacho mal no la pasaba.

La madre lo visitaba regularmente y le enseño a tocar el banjo. Más tarde cuando McCartney vió a John tocando en una feria le llamó la atención que la guitarra de John tenía la última cuerda suelta (0para usar solo cinco) y que los acordes que usaba eran de banjo. McCartney se presentó, agarró la guitarra, le dio vuelta las cuerdas (recordemos que es zurdo), la afinó y tocó una canción de época a la perfección y ahí fue cuando nació la magia. Lennon se percató que este flaco no solo sabía tocar y cantar, sino que podía afinar una guitarra lo cual les ahorraría unos cuantas monedas. (Foto tomada en Beatles Story, se ve a Lennon con su primer grupo)

Como ya les dije en esa misma casa se juntaban los muchachos a tocar en los inicios y ahí nacieron varias de sus canciones. Te hacen entrar por la puerta de atrás como lo hacían los chicos cuando llegaban para que te sientas uno más de la pandilla. Te cuentan que con Paul estaba todo bien, porque era un chico muy amable y prolijo, pero cuando llegó Harrison a la tía de John no le gustó mucho la pinta del flaco y como que al principio había pica.

Das unas vueltas por tu cuenta, siempre recordando de no tomar fotos ni tocar nada, firmás el libro de visitas y antes de que te des cuenta ya estás afuera. La verdad es que parece que la visita es bien fugaz. Afuera me concentré en pedirle a la gente que estaba en el tour que me sacaran fotos, probando con distintas personas de distintas edades, sexo y nacionalidades para ver cual me podía tomar una foto decente, sin cortarme a mi, ni a la casa, ni quemar la foto, ni llenando todo el cuadro con un árbol que a nadie le interesa. La mejor me la sacó un muchacho con cara de sudamericano terrible. Le pregunté de donde era y oh casualidad, argento!

Y acá llega la reflexión. No existe nada que sea 100% malo o 100% bueno. Mmmmm ok las Frutigran rojas son un caño, me atrevería a decir que son 100% geniales. Volviendo la idea original, la vida esta llena de grises, está en uno verlos claros o oscuros. En el top ten de preguntas que me hace todo el mundo es “¿Cómo hacés para viajar solo?” “¿No te aburrís?” “¿No te sentís completamente perdido a veces?”. Viajar solo tiene sus cosas positivas y negativas. Ahora que ya recorrí bastantes kilómetros solo puedo decir que desde mi punto de vista si ponemos lo negativo y positivo en una balanza, están casi casi equilibradas aunque lo negativo pesa un poco más.

Viajando solo tenés el volante de tu viaje y no te lo saca nadie (el problema se da si no sabés manejar…en fin). Hacés lo que querés cuando querés, como vos querés y las veces que vos quieras. Si tenés hambre comés, si tenés habre y no tenés plata te las arreglás con un yogur y una barrita de cereales, si pensás que algo no vale la pena no te gastás en ir, etc etc. Perdés menos tiempo esperando a la gente que “te acompaña”. ¿Cuántas veces queremos ir a algún lado y tenemos que esperar que nuestra novia se termine de arreglar o que llegué ese que siempre llega tarde?. Nosotros nos apuramos para volver a casa o al hostel temprano porque habíamos arreglado con todos hacer algo a cierta hora. Quizás sacrificamos ir a algún lado o nos apuramos llegar. Y al final terminamos esperando una hora o más….El tiempo es valioso, más que nada cuanto estamos de viaje y el transporte hasta ese lugar nos salió unas cuantas libras o hay pocas horas de luz para disfrutar. Nunca sabemos si vamos a volver a esa ciudad en la que estamos. Cuando se trata de algo tan importante como nuestro tiempo, es bueno no tener que depender de nadie para manejarlo, no?

Pero ojo, entre lo negativo esta el afrontar el miedo a lo desconocido sin tener alguien al lado que este en la misma que vos en ese mismo momento. Cuando llegamos a una ciudad suele suceder que no sabemos a donde ir ni como ir. Más que nada en las ciudades Europeas que se fueron haciendo alrededor del castillo o adentro de una muralla donde las calles dan vueltas, se cortan, hay pasos subterráneos y escaleras es fácil desorientarse. Estar con otra persona que te ayude a ubicarte puede ser de gran utilidad. Además si te perdés con alguien, no estás del todo perdido, verdad? Económicamente viajar solo suele ser más caro.

Viajando en grupo se tienen mejores precios en el alojamiento, comida, alquileres de auto, etc. No solo mejores precios, sino mejor calidad. En nada se compara ir a parar solo a un hostel que compartir un departamento con otros 3 o 4 amigos. Por último, es más fácil extrañar y aburrirse estando solo. Cuándo estás con otra persona se puede matar el tiempo tomando unas cervezas o un café, sacando fotos en cualquier lado o simplemente riéndose de la gente que pasa aprovechando que casi ninguno entiende tu idioma.

Viajar solo no significa estar solo. Salimos solos de nuestras casas y en el recorrido sin dudas conoceremos mucha gente de diversas culturas, edades, estratos sociales y formaciones mentales. Uno no se cierra con su pareja o con su grupo y está ahí, expuesto al mundo a esa nueva ciudad, a su vida nocturna y a sus cientos de rincones esperando que recaigan en uno las buenas y malas influencias. Al estar solos nuestra mente se abre, se desarrolla la empatía y la paciencia; y por lo menos en mi caso aprendí a darme cuenta rápidamente de lo que quiero y lo que no quiero y de encargarme de exteriorizarlo lo más rápido posible. Para resumir todo esto, estamos tan solos como NOSOTROS queremos.

Y ahí fue cuando decidí que no estaría mal compartir el resto del viaje con este argento, después de todo parecía simpático y sabía sacar buenas fotos. Conversando un poco más con este muchacho me di cuenta que teníamos el viaje planificado más o menos de la misma forma. Al día siguiente teníamos la misma reserva en el Magical Mistery Tour y luego a disfrutar de una banda Beatle en The Cavern original. Pero el recorrido de ese día no había finalizado. La próxima parada fue en la antigua casa de Paul McCartney. Al llegar a la casa me tomé el atrevimiento de golpear la puerta para ver si Paul me abría, después de todo sigue siendo el dueño!

La morada se encuentra a unas pocas cuadras de la de Lennon, por lo que cuando todavía eran unos muchachos de los suburbios de Liverpool iban caminando de un lado a otro. Desde afuera se puede notar que la casa es más bien humilde. Sin ser de madera y chapa vemos que los ambientes son chicos, el jardín no se compara en nada con el de Lennon y la cocina está mucho menos preparada que la de la tía del líder de los fab4. Esto tiene una explicación, la casa fue hecha por el gobierno de Liverpool luego de la segunda guerra mundial. Cabe mencionar que Liverpool fue la segunda ciudad más bombardeada del Reino Unido después del Londres. Al finalizar la guerra la ciudad estaba hecha polvo y se necesitaba algún lugar para albergar a toda la población. Como remover los escombros y reconstruir iba a llevar su tiempo, decidieron construir casas baratas en los suburbios que todavía no estaban muy edificados.

Y ahí se mudó la familia de Paul. El padre tenía su propia agrupación musical así que siempre estimuló a Paul a hacer música y para eso le regaló una trompeta. Al rato Paul se dio cuenta que no podía tocar la trompeta y cantar a la vez así que incursionó en el piano y la guitarra. Bueno, no les voy a contar toda la historia ya que la pueden leer en Wikipedia, hay miles de libros, películas y si hacen el tour se las van a contar con lujo de detalles (pero en inglés). Tampoco se pueden tomar fotos allí dentro, igualmente recordemos que es todo una “reconstrucción”. La guitarra que esta en la sala no es la de McCartney (la original ya debió haber pasado por e-bay), los sillones y demás mobiliario tampoco. Lo que resulta muy interesante son las fotos tomadas por el hermano de Paul en el que vemos distintas situaciones de la vida cotidiana en el 20 de la calle Forthlin Road.

Siendo McCartney mi Beatle favorito y uno de los músicos y bajistas que más admiro tomé mi tiempo para recorrer la casa imaginándome a la banda componiendo allí sus primeras canciones. Pero el tiempo vuela cuando uno la está pasando bien y antes de lo previsto el guía me dijo que el tour había finalizado, me mostró las postales que vendían y me invitó a retirarme.


Así fue como finalizó el primer y mejor día de la visita Beatle a Liverpool. El sol ya comenzaba a bajar, el frío se hacía sentir así que luego de una visita fugaz al museo marítimo de Liverpool y otra caminata por el Albert Dock, con mi nuevo amigo argento fuimos a comer algo, a tomar unas cervezas y a cargar las pilas para la jornada siguiente.