sábado, 25 de febrero de 2012

Puertas en automático. Cross check. Reportar.


London Heathrow Airport 24 de febrero de 2012 / 8 am (hora local)

Con menos motivación, expectativas, dinero y planificación que en 2010, aquí comienza la primera escala de mi viaje, en uno de los aeropuertos más importantes, bulliciosos y con los controles más hincha pelotas del mundo: London Heathrow. Como ya saben, no soy muy amigo de los aviones comerciales ni de toda la infraestructura (llámese aeropuertos) organizada en torno a ellos. No es que le tenga miedo a volar, nunca lo tuve, bueno, admito que tengo un poco de miedo a las consecuencias de volar ya sea perder una valija, perder un vuelo (algo que por suerte todavía no me pasó pero debe ser bastante frustrante) o de dejar en nuestra ciudad de partida a alguien especial.


En primer lugar los aviones unen el mundo, permiten que almuerce en Buenos Aires y cene en Londres, ayudan a hacer realidad la mundialización y si uno puede pagarlo nos permiten recorrer gran parte de nuestro planeta en una sola vida humana, algo que supongo que debería haber sido imposible anteriormente. Como todo en la naturaleza tiene su balance, los aviones también nos separan. Al desplazarnos distancias tan importantes y siendo a veces tan excesivamente caros, una vez que tomamos un avión pueden llegar a pasar meses hasta volver a ver a los que dejamos atrás y posiblemente ellos nunca puedan venir a visitarnos en donde nos encontramos nosotros por la misma razón.

Pudieron separar a este Argento de su querido país, sus amigos, familia y raíces por diez meses durante los cuales viví muchísimas experiencias (muchas más de las que llegué a describir en este blog) que me ayudaron a entender un poco más quienes fuimos y quienes somos, que me ayudaron a madurar, a crecer y que me deberían haber dado una mano para aclarar que quiero de mi futuro y donde lo quiero (desgraciadamente eso no ha pasado aún). Al regresar en agosto del año pasado percibí un fuerte contraste cultural, todo a lo que estaba acostumbrado cambió. Tomé la decisión de quedarme allí unos meses y regresar a Europa ahora en febrero para asentar mi vida acá. Ahora no estoy tan seguro, es por eso que a este viaje le falta un poco de propósito y motivación pero espero encontrar a ésta última durante los próximos días.


Volviendo al tema, nunca fui muy fanático de los aviones o aeropuertos. Los que me conocen más saben que siempre busco otras opciones que pueden terminar siendo más económicas o incluso más rápidas. El tiempo que tardamos en llegar de un lugar a otro no es el tiempo de vuelo, sino el tiempo que tardamos en llegar desde nuestra casa al aeropuerto; lo que tardamos en hacer check-in; el control de pasaportes; la espera en la puerta antes de abordar (que si tenemos suerte puede llegar a tener algún tipo de sustento blando para nuestras nalgas, pero en su mayoría son sillas de lata); las posibles demoras en el vuelo (que si viajan conmigo les aseguro que serán frecuentes); ahora sí, el tiempo de vuelo; las demoras en aterrizar; otro control de pasaportes; la espera de los equipajes; las probables denuncias por robo o pérdida de los equipajes (si no recuerdan...hacer click aquí); y el trayecto desde el aeropuerto hasta nuestro destino final.


Los aeropuertos suelen estar ubicados bastante lejos de las ciudades por cuestiones de seguridad y ambientales por lo que llegar hasta ellos puede consumir unos cuántos capítulos del libro que estamos leyendo (“Un mundo feliz” de Aldous Huxley actualmente, recomendado por mi mentora en cultura). Las ciudades más grandes, justamente por ser grandes tienen los aeropuertos más lejos aún y si bien suelen tener trenes hasta ellos son excesivamente caros por los que los viajeros de bajo presupuesto como yo debemos optar por los buses, que son un poco más baratos (a veces no tanto) pero si mucho más incómodos y lentos. Las ciudades más grandes tienen más de un aeropuerto cerca (Londres tiene 4 o 5 dentro de un radio de 2 horas de bus) y las aerolíneas low cost suelen utilizar los aeropuertos más alejados y con peor infraestructura, y si el vuelo es realmente muy muy barato, nos envían a la última puerta de embarque donde a veces no hay suficientes sillas para esperar o un baño a menos de 10 minutos de caminata).

Como ya he dicho, toda mi mala suerte se ha visto compensada por el hecho de que aún no he sufrido el calvario de caer en un aeropuerto “Low cost/infrastructure”, la única vez que estuve a punto de usar uno, la nieve canceló mi vuelo y tuve que ir desde Dublín a Londres en bus….no se que hubiera sido peor. Para hacer un poco más entretenida la cosa, los vuelos low cost generalmente despegan a eso de las 6 de la mañana. Ya sabemos que hay que llegar al aeropuerto 2 horas antes, o sea que hay que llegar a un aeropuerto situado en el medio de la nada a las 4 am. ¿Y como llegamos ahí? ¿En tren? El primero sale a las 5 am. ¿En Bus? El primero sale a las 6 am…..¿entonces?. Bueno, podés viajar el día anterior y echarte una siesta en las comodísimas sillas de lata del aeropuerto.



Lo mismo pasa por la noche, las low cost suelen tener los horarios de llegada luego de las 22 o 23 horas. Dependiendo del aeropuerto esto puede suponer un problema o no, pero si el vuelo se atrasa, van a tener problemas para llegar a sus casas, al menos que usen un taxi. Por supuesto que las low cost también vuelan en horarios normales de la mañana y la tarde, pero ya su precio deja de ser tan “low”. Consideren esto antes de dejarse llevar por la promoción de €19 desde Paris a Moscú. Además que, por ejemplo, si uno viaje por Easy Jet y no paga su pasaje con la tarjeta de crédio “Easy jet” ya te empiezan a cobrar 10 euros más. Si querés algo para comer, se compra arriba, si tenés ojos marrones son 5 euros más, si llueve te cobran el uso del limpiaparabrisas del avión. Te sacan plata de donde pueden.



Mi única experiencia con estas aerolíneas no fue trágica, pero si digna de contar: Fué un vuelo desde París hasta Manchester con la empresa de bajísimo costo FlyBe. Por suerte el avión salía y llegaba a los aeropuertos principales de ambas ciudades por lo que el transporte a y desde los aeropuertos fue sencillo (pero no barato, el tren desde el centro de París hasta el aeropuerto Charles de Gaulle cuesta 9,90 euros y para ir a Manchester desde el aeropuerto cobraban unas 4 libras). Llegué al aeropuerto Charles de Gaulle totalmente zombie. No había dormido nada la noche anterior (lo peor es que fue al pedo). Por razones ajenas a mi persona arribé al aeropuerto 4 horas antes de mi viaje. Dormí 2 horas en el piso, con mi mejor compañera oficiando de almohada y realicé el check-in. Mi vuelo salía de la última puerta (por ser low cost).



Bajo las escaleras y comienzo a caminar con las últimas fuerzas que tenía mi cuerpo, aunque recién eran las 9 de la mañana. Caminé y caminé durante unos 15 minutos, (si seguía caminando volvía a París a pata). El aeropuerto es gigante y me mandaron al rincón más alejado. Bueno, una vez ahí veo que solo hay 10 sillas para todo el mundo, pero como llegué muy temprano, había un lugarcito para mí. Compré el agua mineral más cara de la historia (3,5 euros) y me eché una siesta. Al cabo de unos minutos me despierta una china (o japonesa, o coreana, para mi son todos chinos) preguntándome algo en Chinglish. Me costaba mucho entender a esta mujer, en parte por mi sueño, por sus sonidos ininteligibles y porque hablaba como dando gritos cortos, como si me estuviera cagándome a pedos por algo. Miro su boarding pass y le indico que tiene que caminar para el otro lado. La vieja no me entendía. Le hago la misma seña. Seguía sin entender. Bueno chau, continué con mi siesta.

Me despierto nuevamente sobresaltado por una mano que me empujaba el hombro. Era para preguntarme si iba a abordar el avión a Manchester porque el embarque estaba por cerrar. Subo al bus que nos llevaría al avión y trato de ponerme cómodo. El bus empieza a andar. Generalmente el trayecto dura 3 minutos o menos. Bueno, en este caso anduvimos más de 15 minutos. La gente ya miraba un poco asombrada, una inglesa tira un “¿Nos va a llevar en bus a Manchester?”. Y ahí lo vimos, pegado al alambrado del aeropuerto, bien al fondo, un avión que podría haber servido en la Segunda Guerra Mundial reacondicionado con pintura blanca y los dibujos de unas abejitas. Mmmmm….



Bueno, obviamente no hay asiento designado, uno se sienta donde puede y deja el equipaje donde puede. El vuelo no iba completo así que esto no fue ningún problema. El problema es que quería dormir y mi asiento era más duro que los de lata del aeropuerto y encima, no se reclinaba. Si no iba a dormir, por lo menos iba a comer algo. Como ya les dije, estos vuelos no incluyen nada, hay que comprarlo ahí arriba. No importa. Me dieron la carta (un cartoncito con fotos que debían distar ampliamente de la realidad, cual mostrador de Mc Donald’s). Al dármelo me dice “¿Le puedo ofrecer un muffin de chocolate o algún café latte?”. Respondo “No gracias, voy a ver la carta y te digo”. La examino 2 minutos (no habían muchas opciones) y pido un tostado con un jugo de naranja. No había ninguna de esas cosas. Pido 2 medialinas con una leche chocolatada. No había. “Ok…que tenés?” le pregunto. Y me contesta “Tengo Muffins y café”. Una linda experiencia gente, por suerte el vuelo duro solo 2 horas y estaba tan demolido por el sueño que pude dormir casi todo.

Ahhh….odio los aeropuertos. No odio las aeronaves, les tengo respeto, pero sí odio a los aeropuertos, y mucho. Como ya recordarán (y si no lo hacen lean la parte uno y la parte dos) cuando viajé a Budapest desde Londres en diciembre de 2010, el subterráneo tan afamado de la capital Inglesa funcionaba con demoras e interrupciones (como de costumbre) y llegué al aeropuerto 15 minutos antes de la salida del vuelo. Por alguna de esas razones de la vida no perdí el vuelo y mis maletas llegaron a Budapest, pero tuve una de las peores y más adrenalínicas experiencias de viaje. Lo más alucinante fue sentarme en el avión y descubrir que me faltaba el celular, por lo que salí corriendo al sector de las cintas de rayos X y en 2 minutos ya había armado un alboroto importante por lo que tenía varios monos de seguridad alrededor mío.

Recuerdo perfectamente que fue la cinta de rayos X número 6 de la Terminal 5 de Heathrow. Hace pocos minutos llegué al mismo sector y solamente para tentar un poquito a la suerte, pasé por la misma cinta. Solamente que un poco más calmado y ésta vez me aseguré de no haber dejado nada. Me hice el divo al pasar por el arco que busca metales como si alguien me estuviera filmando, para después ponerlo en este blog. Recordé que viajaba solo y que no creo que los empleados de seguridad me presten la grabación solamente para que me vean haciendo payasadas solo. Lo que sí, me tomé la libertad de hacer el siguiente video para que tengan una mejor imagen mental:



Y por supuesto, como estamos en un aeropuerto constantemente amenazado por los terroristas, se me acerca una mujer árabe con el burka y todo y me dice “No está permitido filmar el área de seguridad”. Solo 30 minutos en Londres y ya me cagaron a pedos. Bueno, borré la filmación y la volví a hacer cuando se fue. Es realmente irónico el hecho de que el 100% de los empleados en el sector de seguridad son árabes. No es por discriminar, pero en ésta guerra contra el terrorismo seguramente debe haber algún infiltrado que ingresó de pequeño a la escuela de “Agarrar una bandeja y dársea al pasajero” o de “Apretar un botón para que pase la valija y yo pueda ver si hay una bomba adentro” o el que te dice “Adelante” y te toquetea un poco si hiciste algún sonido. Deberían mezclar las etnias, darles algo de trabajo a los británicos, a los latinos o el resto de los europeos. No entiendo porque todos árabes. Bueno, es mi blog así que les dejo mi opinión.



Otra cosa que me tiene bastante harto es que cada vez te permitan pasar menos cosas en el equipaje acompañado. Ni siquiera una botella de agua (que la podes comprar luego de la seguridad pero sale muchísimo mas caro, por supuesto). A ver si nos entendemos, los yanquis mandaron una zonda a Júpiter y nos pueden decir la composición de su atmósfera perfectamente. Los vagos trabajan en el espacio arreglando el telescopio Hubble sin que ningún astronauta se pierda en el vacío. Tenemos cafeteras eléctricas que se conectan a Internet pero en el aeropuerto no pueden distinguir entre una botella con AGUA (H2O) y una bomba? ¿Que onda?

Amigos, mi breve estadía en Londres está por terminar, ya me están llamando para abordar el avión a Madrid donde realmente empieza mi viaje. Los dejo por ahora y espero escribirles pronto.

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